Discurso en la VIII Cumbre de las Américas

MAURICIO MACRI

Gracias señor Presidente.

Buenos días a todos, señores jefes de Estado, queridos amigos: es un gusto estar en Lima, cuna de la historia de las Américas.

Quiero agradecer al presidente Vizcarra y al Gobierno de Perú por su hospitalidad y felicitarlos por la organización de esta Cumbre. Pero también permítame transmitir al Gobierno y pueblo de Ecuador, a su presidente Lenín Moreno, nuestras condolencias por la trágica muerte de los tres periodistas que en el ejercicio de su profesión fueron asesinados en un acto que condenamos. Ante este repudiable atentado, nos solidarizamos con las familias que han perdido a sus seres queridos, en este hecho que es un ataque sin dudas a la libertad de prensa.

Y también -ante los sucesos del día anterior- Argentina renueva su condena al uso de armas químicas, tal como ha ocurrido en los últimos días en Siria, así como también la existencia de facilidades dedicadas a su fabricación y/o almacenamiento.

En esta delicada coyuntura, Argentina hace un llamamiento a la comunidad internacional para hacer esfuerzos que permitan preservar la paz y seguridad internacional; evitando una escalada de tensión recurriendo a los caminos del diálogo, en el marco de los compromisos internacionales existentes.

Y volviendo al tema del día, y haciéndome eco de las palabras que escuchamos hoy y ayer del presidente Vizcarra y del Secretario de la OEA: los felicito por promover este que es uno de los desafíos más grandes que tenemos en la región, la relación entre corrupción, democracia y desarrollo sostenible. La experiencia nos enseña que allí donde la democracia se debilita, la corrupción se incrementa; y allí donde la desigualdad no da tregua, la corrupción echa raíces. Nuestra gente merece gobernantes honestos y con vocación de servicio, que trabajen para ayudarlos a vivir mejor y no para beneficiarse a sí mismos: un sistema democrático estable, transparente y que brinde respuestas es una herramienta fundamental contra la corrupción. Necesitamos garantizar que los bienes públicos lleguen a los que más los necesitan a través de procesos institucionales y transparentes, no de redes clientelares o intercambio de favores.

Desde la Argentina estamos tomando este asunto con mucha seriedad, y los resultados están a la vista: es la primera vez que nuestro país mejora 21 posiciones en el Índice de Transparencia Internacional, y en tan solo dos años hemos logrado esto. Estamos trabajando en un Estado abierto para el siglo XXI, que esté al servicio de la gente, con más datos abiertos; creando nuevos canales de participación ciudadana; exigiendo cada día un mayor compromiso a nuestros funcionarios, y mostrando cómo se gasta la plata de los contribuyentes. También hemos incrementado los recursos y alcances de nuestra Oficina Anticorrupción, y habilitado nuevos canales que faciliten las denuncias.

Pero estos cambios no son fáciles, son muchos los que quieren evitar las iniciativas que transparenten al Estado por miedo que afecten sus intereses; son muchos los que todavía apuestan por la impunidad. La corrupción cruza fronteras y los esfuerzos para combatirla también deben hacerlo, solo así podremos construir un futuro democrático, pacífico y próspero para las Américas.

La seguridad de nuestro continente es otro de los grandes desafíos. Somos una zona de paz, lo sabemos, pero sabemos también que tenemos una zona de preocupante niveles de inseguridad y violencia. En nuestra historia compartida hemos desarrollado espacios de cooperación para que la guerra y los golpes de Estado queden en el pasado. Ahora necesitamos optimizar nuestra colaboración para erradicar el flagelo de la droga, la trata de personas y el crimen organizado. Para esto necesitamos un mayor nivel de cooperación entre nuestras agencias de seguridad y nuestros sistemas judiciales: compartir información a través de las nuevas oportunidades que nos brinda la tecnología es una tarea ineludible.

Y otro gran desafío es la conectividad, una de las trabas más importantes de la región. Para lograr una inserción inteligente en la economía mundial, ese déficit de conexión física entre nuestros países y hacia afuera es lo que tenemos que resolver: si nos conectamos más no hay dudas que vamos a ser más competitivos. Promover la integración entre nuestros sistemas de producción y entre nuestra gente, en un marco de respeto y celebración de la diversidad, nos permitirá adaptarnos mejor a los desafíos del siglo XXI.

Nos proyectamos al mundo desde una región que tiene el potencial de integrarse de los cuatro puntos cardinales, con riquezas naturales inigualables y un gran talento humano distribuido en poblaciones jóvenes llenas de energía e ideas. Compartimos una identidad común basada en la convivencia, la diversidad y la bajísima conflictividad entre estados. Todo esto nos distingue, nos permite y nos permitirá realizar valiosos aportes al mundo.

La democracia y los derechos humanos continúan siendo principios a ser defendidos en esta Cumbre de las Américas. Por eso, antes de finalizar, quiero expresar una vez más la preocupación por Venezuela, por los millones de venezolanos que se han visto obligados a dejar su tierra, y por aquellos que diariamente sufren la carencia de alimentos y servicios sanitarios básicos. Tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para que el Gobierno de Venezuela deje de negar la realidad y acepte la colaboración regional y la ayuda internacional que permita superar esta crisis humanitaria que se ha vuelto insostenible. Teniendo en cuenta el tema que nos convoca, no hay duda que el caso de Venezuela muestra en el caso extremo a lo que puede llevar a una sociedad un proceso de corrupción descontrolado. Mientras tanto, no podemos mirar hacia otro lado cuando se atropella el derecho de los venezolanos a elegir en libertad, con presos políticos y sin garantías mínimas de transparencia; la Argentina va a desconocer cualquier elección que surja de un proceso de este tipo; insisto: ¡la Argentina va a desconocer cualquier elección que surja de un proceso de este tipo, eso no es una elección democrática! Tenemos que seguir trabajando juntos por una verdadera salida democrática y pacífica para Venezuela.

El motivo de estas cumbres no es ni debe ser realizar un ejercicio de recriminaciones en donde todos culpamos a otro y regresamos a nuestros países conformes por saber que los responsables son los demás; estar acá representa un compromiso con una agenda hemisférica plenamente vigente: hagamos que tenga sentido y seamos capaces de mirar hacia adelante, entendiendo que los esfuerzos colectivos siempre resultan más eficientes para resolver los desafíos que compartimos.

Muchas gracias señor Presidente. (APLAUSOS)