MANUEL ORTEGA
Durante mucho tiempo, el liderazgo digital en política se ha asociado principalmente a la comunicación. Un dirigente parecía moderno porque utilizaba redes sociales, comprendía los nuevos formatos, participaba en conversaciones digitales o adaptaba su mensaje a internet.
Todo eso sigue siendo importante, pero ya no es suficiente.
Los nuevos líderes públicos no serán digitales únicamente por cómo comunican, sino por cómo gestionan. Su verdadera capacidad de transformación se medirá en la forma en que organizan la información, simplifican procedimientos, coordinan departamentos, utilizan los datos y mejoran los servicios públicos.
Del liderazgo comunicativo al liderazgo de gestión
Un responsable público puede tener una estrategia brillante en redes sociales y, al mismo tiempo, dirigir una institución lenta, desorganizada y burocrática. Puede comunicar innovación sin haber transformado ningún procedimiento interno.
El liderazgo digital no puede quedarse en la imagen.
Debe reflejarse en cuánto tarda un expediente, en cuántas veces debe presentar una persona la misma documentación, en la capacidad de dos departamentos para compartir información o en el tiempo que necesita una administración para responder.
Gestionar mejor también es gobernar mejor.
Una administración lenta genera desconfianza. Una administración confusa produce frustración. Una institución que repite tareas innecesarias desperdicia recursos y reduce la capacidad de sus profesionales para centrarse en las necesidades reales de la ciudadanía.
Por eso, el nuevo liderazgo digital deberá conocer cómo funciona la administración por dentro. Deberá identificar qué procesos pueden simplificarse, qué tareas pueden automatizarse, qué datos son necesarios para tomar mejores decisiones y qué herramientas pueden mejorar la coordinación.
No se trata de que los dirigentes sepan programar. Se trata de que sepan dirigir instituciones en un contexto en el que la tecnología formará parte de casi todos los procedimientos.
De digitalizar trámites a transformar la administración
Durante años, muchas administraciones han confundido la digitalización con trasladar los procedimientos tradicionales a una pantalla.
Un formulario en papel se convertía en electrónico. Un expediente físico pasaba a ser digital. Una cita presencial era sustituida por una plataforma. Sin embargo, el proceso seguía siendo prácticamente el mismo.
Digitalizar no consiste en reproducir la burocracia en formato electrónico. Supone revisar si cada paso sigue siendo necesario, si la información puede reutilizarse, si varios procedimientos pueden coordinarse y si existen tareas que deberían simplificarse o desaparecer.
Un trámite complejo no se vuelve eficiente por realizarse a través de internet.
La inteligencia artificial puede abrir una nueva etapa: la transición desde una administración simplemente electrónica hacia una administración más inteligente. Pero para ello es necesario liderazgo político y administrativo. Incorporar tecnología sin revisar los procesos puede acelerar la burocracia, pero no eliminarla.
Automatizar un procedimiento mal diseñado no lo convierte en un buen procedimiento. Solo permite realizar más rápido aquello que quizá nunca debió hacerse de esa manera.
Una competencia política y administrativa
El liderazgo digital será una competencia central de los responsables públicos. No será una cuestión estética, una estrategia de redes sociales ni una sucesión de anuncios tecnológicos.
Los nuevos líderes deberán comprender cómo circula la información dentro de las instituciones, qué departamentos necesitan coordinarse, cómo pueden aprovecharse los datos y qué capacidades deben desarrollar los equipos.
También deberán evitar que las decisiones tecnológicas queden completamente en manos de proveedores externos o departamentos técnicos. La tecnología puede ser compleja, pero sus objetivos, prioridades y límites son decisiones políticas.
Un verdadero líder digital no será quien utilice más herramientas, sino quien sepa plantear las preguntas adecuadas: qué problema queremos resolver, qué proceso debe cambiar, qué resultado esperamos y cómo sabremos si la transformación ha funcionado.
La tecnología debe estar al servicio de una estrategia pública, no al revés.
Nuevas estructuras para una nueva gobernanza
La creación de consejerías, direcciones generales, concejalías o unidades especializadas en inteligencia artificial refleja que esta materia empieza a considerarse estratégica.
Estas estructuras pueden ser positivas porque las grandes transformaciones necesitan responsables claros, coordinación, formación, planificación y evaluación. Sin una gobernanza definida, cada departamento puede utilizar herramientas diferentes, contratar proveedores distintos y avanzar sin una visión compartida.
El riesgo es terminar construyendo una administración más compleja, fragmentada y dependiente.
Por eso, estas nuevas estructuras tendrán sentido únicamente si consiguen transformar el funcionamiento de las instituciones. No deberían crear más burocracia alrededor de la inteligencia artificial, sino utilizarla para reducir la burocracia existente.
Su éxito no debe medirse por el número de proyectos anunciados, sino por su capacidad para acortar trámites, mejorar la coordinación, liberar tiempo profesional y ofrecer mejores servicios.
Liderazgo digital y cohesión territorial
La gestión digital también será fundamental para afrontar la despoblación y los desequilibrios territoriales.
La digitalización puede evitar desplazamientos innecesarios, facilitar el acceso a servicios públicos y permitir que los municipios pequeños compartan herramientas, datos y capacidades que difícilmente podrían desarrollar por sí solos.
La calidad de los servicios públicos no debería depender exclusivamente del tamaño del ayuntamiento o del lugar en el que viva cada persona.
Los nuevos líderes digitales deberán entender que la tecnología también es una herramienta de cohesión territorial. Esto implica garantizar conectividad, formación, asistencia técnica y acceso a soluciones avanzadas para las entidades locales con menos recursos.
La transformación digital no será completa si solo beneficia a las grandes administraciones. Debe servir para reducir distancias, no para crear una nueva brecha entre territorios.
Comunicar la transformación también forma parte del liderazgo
Que la gestión sea la prioridad no significa que la comunicación deje de ser importante. Al contrario, las administraciones deberán explicar mejor qué están haciendo, por qué incorporan determinadas herramientas y qué mejoras concretas esperan conseguir.
Pero la comunicación deberá estar respaldada por la gestión.
Anunciar una consejería, una dirección general o una unidad de inteligencia artificial no debería limitarse a presentar un nuevo cargo. Debe servir para explicar qué problemas se quieren resolver, qué procedimientos se van a transformar, qué recursos se destinarán y cómo se evaluarán los resultados.
La comunicación institucional no puede sustituir la transformación administrativa. Debe hacerla comprensible y verificable.
Los líderes públicos del futuro deberán comunicar bien, pero también demostrar que detrás del relato existe una mejora real en el funcionamiento de las instituciones.
Liderar será construir instituciones que funcionen mejor
La inteligencia artificial puede convertirse en una de las principales herramientas de modernización administrativa. Puede reducir tareas repetitivas, mejorar la coordinación, reforzar a los pequeños municipios y facilitar una atención más rápida y cercana.
Pero nada de esto sucederá de forma automática.
Será necesario liderazgo, planificación, formación, inversión y evaluación. Sobre todo, será necesaria una visión clara sobre el tipo de administración que queremos construir.
Los nuevos líderes públicos no serán digitales porque publiquen más, utilicen más redes sociales o incorporen más tecnología a sus discursos.
Lo serán porque comprenderán cómo funciona la información dentro de una institución. Porque sabrán qué procesos deben cambiar. Porque utilizarán los datos para decidir mejor. Porque aprovecharán la inteligencia artificial para liberar talento profesional y reducir burocracia.
Y también porque serán capaces de comunicar esa transformación con claridad, sin confundir el anuncio con el resultado.
El liderazgo digital no consistirá únicamente en hablar de innovación. Consistirá en convertirla en una mejor experiencia para la ciudadanía.
Los líderes del futuro serán digitales por cómo comunican, pero, sobre todo, por cómo gestionan.
Manuel Ortega Martinez es consultor de Marketing y Comunicación (Linkedin)

