Turismo Político en Berlín

JUAN LUIS CAEFA

El ocio, la cultura y las compras han convertido a Berlín en la ciudad más turística de Alemania y podríamos decir que cualquier viajero que visita esta metrópoli se queda con una clara imagen de lo que es el país teutón en la actualidad. Pero Berlín es mucho más. Y es que, si hay alguna capital europea que ha vivido, o sufrido, en sus carnes la evolución política del mundo occidental en los últimos 300 años, es Berlín. Monarquías, imperios, repúblicas, dictaduras, democracias, nazismo, comunismo, capitalismo, revueltas, guerras… Berlín ha visto de todo.

Aunque no se le puede decir a un turista que no visite la Puerta de Brandeburgo, sobre todo si todavía no la ha visto, vamos a salirnos de ruta e intentar descubrir las huellas que la historia ha dejado en la ciudad. Y no es una tarea fácil, ya que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Berlín era una urbe en ruinas y muchas construcciones históricas desaparecieron.

No obstante, vamos a pararnos en sitios relacionados con las Guerras Napoleónicas, la Revolución Industrial, las revoluciones de 1848, la unificación alemana de 1871, la República de Weimar, el Tercer Reich, la Guerra Fría y la Alemania reunificada. En fin, lugares que todo turista aficionado a la política debería visitar.

 

Ruta prusiana hasta la unificación de Alemania

Como hemos empezado hablando del símbolo de la ciudad, vamos a tomar la Puerta de Brandeburgo como punto de referencia para comenzar nuestras rutas por Berlín. Además de ser la imagen de la Alemania reunificada, la Puerta de Brandeburgo fue construida a finales del siglo XVIII y es la única puerta de entrada a la ciudad que sigue en pie. La cuadriga que corona el monumento tiene su propia historia y es que, tras su triunfo en la batalla de Jena, las tropas de Napoleón marcharon sobre Berlín y se la llevaron a París como recuerdo, aunque los prusianos la recuperarían ocho años después.

La puerta se encuentra en el barrio de Mitte y si das un paseo por el lugar verás que esta zona tiene muchas construcciones modernas, ya que del antiguo casco histórico de Berlín sólo queda Nikolaiviertel, que está cerca de Alexanderplatz. Sin embargo, si nos dirigimos hacia el norte, cruzando el río Spree, encontraremos un edificio que fue construido en el apogeo de la era prusiana: la Nueva Sinagoga. Este templo judío está cerca de la estación de Oranienburger Straße y no sufrió daños relevantes durante la Kristallnacht (la Noche de los Cristales Rotos), pero, paradójicamente, fue parcialmente destruido por los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

Antes de la unificación de Alemania en 1871, diversas regiones del país experimentaron grandes cambios sociológicos y culturales, desde la primera industrialización hasta el nacimiento del socialismo, y Berlín tuvo un gran protagonismo en todos ellos. Por ejemplo, en el número 18 de la Sophienstraße, a unos diez minutos de la Nueva Sinagoga, se encuentra la Handwerkervereinshaus, un lugar vinculado al movimiento obrero por el que más tarde pasaron Karl Liebknecht y Wilhelm Pieck. La industrialización fue otro aspecto destacado de la época y saliendo de la Nueva Sinagoga se tardan unos quince minutos en llegar a Schöneberger Straße 19, lugar que acogió a la primera sede de Siemens AG, posiblemente la multinacional alemana con más historia y presencia en la ciudad.

 

Ruta por el imperio y el periodo de entreguerras

Pese a que el Reichstag sólo conserva el nombre y algunos elementos de la construcción original, es un edificio clave para comprender la historia política de Alemania. Está a menos de cinco minutos de la Puerta de Brandeburgo, fue la sede del parlamento durante el Imperio alemán y la República de Weimar, y actualmente es el lugar de reunión del Bundestag.

Si te interesa este periodo, en alemán se conoce como Kaiserzeit, te recomiendo dar un paseo por Tiergarten hasta llegar al Monumento Nacional a Otto von Bismarck, el primer canciller de Alemania y, posiblemente, el estadista más destacado de su época. En un principio el monumento estuvo ubicado frente al Reichstag, pero los nazis lo cambiaron de sitio porque su ubicación no encajaba con los planes de Hitler y Speer para la construcción de la Welthauptstadt Germania. Puede ser que fuera un capricho del destino, pero gracias a esa recolocación se salvó de la completa destrucción que sufrió la zona del Reichstag durante la Batalla de Berlín.

Al comenzar el siglo XX Berlín era una ciudad en continuo crecimiento y tenía una población que superaba los dos millones de habitantes, que en el periodo de entreguerras se convirtieron en cuatro, lo cual hizo que en esta época fuera la tercera ciudad más poblada del mundo, tras Londres y Nueva York. Aunque no quedan muchas construcciones del periodo, la serie de televisión alemana Babylon Berlin refleja estupendamente las luces y sombras de una ciudad que llegó a ser muy vital, pero que no encontró su punto de estabilidad política y se dejó llevar por los extremismos. El Bundesrat o Consejo Federal es actualmente el otro pilar del sistema federal de Alemania y deberías visitar el lugar donde se reúnen sus miembros, en el edificio que ocupó la Preußische Herrenhaus, la Cámara de Señores de Prusia, situada en la Leipziger Straße.

 

De la Segunda Guerra Mundial a la Guerra Fría

Les guste o no a los alemanes, el pasado reciente de Berlín está marcado por el nazismo y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial: Holocausto, división de Alemania, Guerra Fría, etc. Y, turísticamente hablando, los sitios de interés que mejor se venden son los que forman parte de este periodo.

El Estadio Olímpico de Berlín es una de las pocas construcciones de la época nazi que se conservan y, además de ser el lugar que vio triunfar a Jesse Owens, actualmente acoge al Hertha Berlín, el equipo de fútbol local. Es un estadio conocido por todos los futboleros, ya que desde 1985 se celebran en él las finales de la Copa de Alemania.

Aunque la East Side Gallery ya no es lo que era y ha perdido parte de su encanto, no paran de construir en sus alrededores, todavía se pueden encontrar muchos rincones relacionados con el muro de Berlín en diferentes puntos de la ciudad. Por ejemplo, cerca del Cementerio de los Inválidos, el Invalidenfriedhof, se encuentra un monumento en recuerdo de Günter Litfin, una de las primeras víctimas del muro.

 

Berlín en el siglo XXI: ciudad de ocio, cultura y política

Desde las protestas estudiantiles de 1968, Berlín es el núcleo de los movimientos alternativos y contraculturales de Alemania y durante los ochenta y noventa fue hogar de uno de los movimientos okupa más activos de Europa, con fuerte presencia en los barrios de Kreuzberg, Friedrichshain, Mitte y Prenzlauer Berg. El Bar Kadterschmiede, en la Rigaer Straße 94 de Friedrichshain, es uno de los pocos lugares donde todavía se puede apreciar el ambiente rebelde de la época. 

Como decíamos anteriormente, algunos de los lugares más visitados de Berlín, como el Monumento del Holocausto y la Torre de Televisión tienen un fuerte componente histórico y político (el primero es un memorial en recuerdo de los judíos asesinados por el nazismo y el segundo fue utilizado por la RDA como símbolo de Berlín Oriental, su capital). Pero Berlín tiene muchas caras y se reinventa constantemente, o muere y resucita como el fénix cada cierto tiempo. Quién diría que Berlín, en la Alemania de Angela Merkel, se convertiría en una de las ciudades más visitadas del continente.

La diversión, en especial el ocio nocturno, se ha convertido en uno de sus principales atractivos y E-Werk, Tresor, Bar25, WMF, Planet, Bunker y Elektro son algunos de los legendarios clubes que convirtieron a Berlín en la meca de la música electrónica. Aunque sólo unos pocos clubes sobreviven a los años y lo normal es que con el cambio generacional dejen paso a nuevos lugares de culto, el afamado Berghain atrae a miles de turistas desde 2004, ya que se le considera el mejor club del mundo. Puede ser que Berghain siga alimentando la reputación que tiene Berlín de ciudad liberal y de excesos, pero seamos sinceros, la fama le viene de mucho antes. Y es que, en el resto de Alemania, a todo aquel que desentona por su forma de ser se le dice: “Du bist verrückt mein Kind, du musst nach Berlin (Hijo mío estás loco, tienes que irte a Berlín)”.

 

Juan Luis Caefa es un profesional del turismo que trabaja como administrador de contenido en una redacción online.

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