La importancia de la narrativa transmedia 22/01/2019 – Publicado en: En campaña permanente, Revista bPolitics – Etiquetas: ,

RAMÓN RAMÓN

La sociedad-red, o el impacto de la tecnología en nuestra vida actual, ha generado una nueva forma de entender nuestro día a día. Las tecnologías y las redes sociales son herramientas que nos permiten conectar y conversar.

Queremos saberlo todo y compartir todo lo que vemos y opinamos, y en eso nos la pasamos durante todo el día. Leyendo, viendo videos y compartiendo memes: multiplicando información. Gracias al boom de internet y las tecnologías, los medios han dejado de ser una herramienta cotidiana para transformarse en un estilo de vida en sí. Vivimos comunicándonos y ello se ha vuelto una actividad tan cotidiana como respirar.

El móvil ha sido en los últimos años la plataforma digital responsable de los mayores avances en comunicación multidireccional, entregándonos y recibiendo información e influyendo en nuestras decisiones. La revolución de la tecnología móvil ha facilitado la optimización de los sistemas de comunicación para acercarnos lo más posible a lo que sería una comunicación humana globalizada, libre e incesante. Se maneja diariamente al menos diez veces más información que la que manejábamos hace quince años.

De los 4.021 millones de personas que tienen acceso a internet, 3.196 millones de ellas son usuarios activos de las redes sociales (según el último informe WeAreSocial) que le dedican al menos una hora diaria, mientras que sólo quedan 2.400 millones de usuarios regulares de radio y 1.400 millones de espectadores devotos de televisión clásica.

Vivimos en una sociedad multipantalla y multimedios en la que constantemente consumimos datos, información, conocimiento, etc. de forma simultánea e incluso compulsiva: la transmedialización de los contenidos.  Sólo debemos dar un vistazo a la imagen que nos acompaña para ser conscientes del cambio vertiginoso que vivimos.

El uso de los medios sociodigitales se ha ido implantando en la sociedad con un desconcertante impacto político para las estructuras tradicionales de mediación, como la prensa tradicional y los partidos políticos, así como ha adquirido un relevante papel en los procesos de construcción reputacional corporativa. Política y dinero, sacudidas por una conversación pública global, sin fronteras ni territoriales ni idiomáticas, de la cual somos todos partícipes para bien o para mal.

Esta nueva sociedad-red hunde sus raíces en nuevos valores y principios de marcado carácter político (por cuanto son fenómenos deliberativos y de acción) causando en la política –entendida como establishment– una crisis de mediación y representación, agravada por una evidente falta de liderazgos. Una nueva realidad política impulsada por un cambio tecnológico que, una vez más, es comunicativo.

Los medios ahora son completamente transportables, de transmisión permanente y dirigidos hacia el consumo personalizado: puedes escuchar tu música favorita y ver las series de tu preferencia desde donde quieras y en los horarios que quieras. Usamos los medios de manera permanente, vivimos en función de ellos y como la comunicación se difunde multilateralmente queremos estar todo el tiempo al tanto de todo: política, tendencias, opinión pública, temas polémicos, sugerencias de entretenimiento, y muy especialmente sobre la vida personal de todos nuestros contactos. En dicho sentido, internet es la inmediatez, y por lo tanto, necesitamos de herramientas que nos ofrezcan dicha velocidad.  Si quiero conocer qué está pasando en mi entorno o en el mundo, no debo esperar a los noticieros, me conecto y miro en mis redes sociales (principalmente Twitter), o en su defecto, busco en el omnipresente Google. Y digo me conecto, por usar un concepto tradicional de la tecnología, pues vivimos ya en una sociedad que no distingue lo online de lo offline, que no requiere de ejecutar comandos o conectar cables a módems para poder disfrutar de la sociedad del conocimiento. Vivimos en la constante infoxicación, donde hoy lo complicado es distinguir la información que nos interesa de toda la que nos asalta o impide llegar a nuestro objetivo. Y ante tal reto, ¿qué hacen las administraciones públicas y/o los políticos para conectar, para conversar con la ciudadanía?

Simplemente más de lo mismo, obviando principios básicos de esta nueva sociedad, como son la capacidad que hemos desarrollado de aislarnos de miles de inputs publicitarios que nos intentan atosigar. El momento zero (o cómo hoy en día ante cualquier cosa que nos interesa, sacamos el celular y buscamos reviews, artículos, comparativas, etc. sobre dicho tema, servicio o producto) y/o que es la ciudadanía la que elige el canal por el que quiere comunicarse y/o relacionarse.

Es aquí donde nos encontramos con los principales retos que las administraciones públicas y los gobernantes –o candidatos a serlo– se encuentran, como generar una narrativa transmedia.

Vivimos bajo la influencia de los nuevos medios y las nuevas tecnologías, pero si eso significa un intercambio de conocimiento más acelerado y un debate más libre sobre los temas sociales importantes, no tiene por qué representar una situación negativa, sino más bien un proceso evolutivo justo y necesario.

En esta nueva sociedad transmedia, en la que desaparecen los papeles predominantes de intermediación de partidos políticos y sindicatos, surgen nuevos modelos de articulación y movilización ciudadana. Pero ojo, no se trata de tecnología, no se trata de digitalizar la burocratización de la Administración, se trata de personas, de dar un papel protagonista a la ciudadanía y cambiar el eje comunicativo.

La sociedad-red, no sólo trata de reivindicación y protesta, también de construcción colectiva basada en la inteligencia colectiva, la denominada innovación social colaborativa. Es ahí donde deben gobiernos e instituciones colocar la comunicación o narrativa. Al calor de esta nueva manera de cooperar-construir sociedad surgen con fuerza políticas públicas de participación, colaboración y rendición de cuentas. Con la ebullición de estas políticas de gobierno abierto, las redes sociales ocupan un papel protagonista en cualquier agenda digital, se convierten en magníficas aliadas para difundir nuevas acciones, así como para generar estrategias de apropiación de nuevos servicios y propuestas de participación en la vida pública.

Surgen propuestas ciudadanas de control y fiscalización de las acciones de nuestros gobernantes, y en algunos casos, incluso son líderes políticos los que usan las tecnologías para pulsar la opinión de la e-masa o, incluso, movilizarla. Sólo hay que recordar el caso de las pasadas elecciones en Brasil, para comprender que algo ha cambiado: la tecnopolítica será cada vez más presente en cualquier campaña o acción de comunicación institucional. Pero, ¿estamos generando esa narrativa que nos posicione en la conversación ciudadana? ¿Está nuestro mensaje llegando a la ciudadanía y logrando que sea ésta la que hable de nuestras propuestas?

El reto en las próximas elecciones será entender e integrar la narrativa transmedia, más allá de emplear redes sociodigitales, utilizar todo su potencial, pasar de la vieja política a la política del siglo XXI. Adaptarse o morir. O, en este caso, adaptarse o fracasar: la tecnopolítica, el camino a seguir.

 

Ramón Ramón es Consultor en políticas tecnológicas y comunicación, especializado en nuevas estrategias de comunicación y tecnopolítica. (@ramonramon)

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