Desmontando a Salvini:  los mitos sobre la inmigración en Italia

FRANCESCO PASETTI

“Si consigo vender el miedo puedo vender el odio en cinco minutos, el racismo en tres minutos y, de propina, toda la cantidad de discriminación que quiera”, reflexionaba hace unos días el célebre escritor turco Hakan Günday. En la fuerza del discurso del miedo –en el caso específico del miedo al extranjero, el discurso xenófobo– reside su lógica irracional. La reacción humana al miedo es inmediata, instintiva, se produce sin pensar. Esta suspensión del juicio racional hace que el discurso xenófobo pueda ser eficaz, sin ser verídico.

Es el caso de la Liga de Matteo Salvini. A continuación, trato de demostrarlo examinando la lógica discursiva del partido que, en sus elementos esenciales, es muy sencilla: “Italia está sufriendo una invasión de inmigrantes (I), que pone en peligro la seguridad (II) y la estabilidad económica del país (III). No tenemos suficiente ni siquiera para nosotros… por lo tanto: primero los italianos[1] (IV)”. Para lograr una mayor claridad aprovecharé de algunos tuits del actual ministro del interior italiano que bien representan las piezas de dicha lógica.

 

I. Italia está sufriendo una invasión de inmigrantes. FALSO

“Prometí que haría todo lo posible para defender las fronteras y detener la invasión de nuestro país y lo estoy haciendo. Pueden investigarme cien veces más, continuaré haciéndolo. No traicionaré el mandato recibido de los italianos. ¡Si me apoyáis, contad conmigo!” (7 septiembre 2018)

El ministro hace alusión a los recientes flujos de solicitantes de asilo. Los datos al respecto son claros: de enero a septiembre de 2018 llegaron a las costas italianas alrededor de 20.000 personas. Para hacernos una idea más concreta al respecto, los espectadores asistentes del último derbi de Milán sumaron cuatro veces esta cifra; es difícil pensar en una invasión. En 2017, en el mismo período, el dato fue de aproximadamente 100.000 personas (datos ACNUR). Una cifra más alta, es cierto, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de las llegadas de los últimos años no se han traducido en presencias estables. Si prestamos atención a las estadísticas de los refugiados residentes, aquellos beneficiarios de protección internacional que han decidido establecerse en el país, Italia es uno de los países europeos con la proporción más baja. En 2017, en Alemania vivían un millón de refugiados, en Francia 340.000 y en Italia 170.000 (datos ACNUR); este último número, siguiendo con la metáfora futbolística, es el mismo que el público de los dos últimos “clásicos” entre Barcelona y Real Madrid. Si ampliamos la mirada al fenómeno general de la inmigración, la conclusión no cambia: en Italia se registran 5 millones de residentes extranjeros, alrededor del 8% de la población; un porcentaje similar al de otros países europeos y, sobre todo, constante en los últimos cinco años (datos Istat). No, no estamos sufriendo una invasión.

 

II. La inmigración representa un peligro para la seguridad del país. FALSO

“#Salvini: ¿Cuántos CRÍMENES hemos visto pasar por inmigrantes clandestinos? ¿Qué tengo que hacer? ¿Tengo que callar? ¿Tengo que fingir que es normal ser cortados en pedazos? #Dallavostraparte (2 febrero 2018)

Premisa: la condición de irregularidad que el ministro califica como clandestinidad no es un estatus adscrito ni una situación permanente. En la mayoría de los casos es una condición temporánea que personas regularmente residentes asumen a causa de los retrasos administrativos para la adquisición (o renovación) del permiso de residencia.

El binomio crimen-inmigración ha sido uno de los platos principales de la retórica de la Liga: más inmigrantes = más criminalidad. Las estadísticas desmienten esta asociación: según los datos del instituto nacional de estadística, el ligero aumento de la población extranjera –unas 100.000 personas entre 2014 y 2017– ha coincidido con una disminución del crimen en el país. El hecho de que haya correlación entre ciertos tipos de crímenes –por ejemplo, por robo o por droga– con la nacionalidad extranjera, no explica nada sobre las causas del problema. Delitos menores y más visibles como estos, están ligados a una multiplicidad de factores entre los cuales destaca la precariedad de las condiciones de vida. Y esto merece una reflexión al respecto: si concebimos la criminalidad come un problema de inmigración, para prevenirla llevaremos a cabo políticas contra la inmigración; si en cambio entendemos la criminalidad como un problema de pobreza, entonces haremos políticas de lucha contra la pobreza.

 

III. La inmigración representa un peso para la economía del país. FALSO

“El presidente del #Inps, nombrado por #Renzi, sigue repitiendo que la ley #Fornero no se puede tocar y que los inmigrantes pagan las pensiones italianas. Yo creo que se equivoca y que debería dimitir.”  (15 julio 2018)

En cambio no: el presidente del Instituto Nacional de la Seguridad Social no se equivoca, como demuestran varios estudios sobre el asunto. En un país que no tiene hijos y que poco a poco se está haciendo mayor, los inmigrantes (un conjunto más joven y en edad de trabajar) representan una fuerza económica fundamental. Como ilustra el “Séptimo informe sobre la economía de la inmigración” de la Fundación Leone Moressa (2017) los 2,4 millones de extranjeros que trabajan en Italia han forjado alrededor del 9% del PIB, una cantidad superior al producto interno bruto de la Hungría de Orban. La baja natalidad y mortalidad, y el consecuente alto envejecimiento, hacen insostenible el crecimiento, el estado de bienestar y el pago de la deuda pública, sin el aporte extranjero. Según el estudio del Migration Policy Center, la población inmigrante recibe del estado italiano, en términos de servicios y prestaciones, mucho menos de cuanto aporta a éste en términos de producción e impuestos. Y no sólo esto, se valora que buena parte de sus cotizaciones no será recuperada en futuro, sino que quedará en Italia.

 

IV. No tenemos suficiente para nosotros… por lo tanto: primero los italianos. FALSO

A parte de ser el hashtag favorito del ministro Salvini, “primero los italianos” es el resultado de la ecuación de la Liga. Otra vez el mensaje es engañoso. En primer lugar, porque si pensamos en la contribución de la población extranjera a las cajas del estado, como acaba de mencionarse, con ella se podrían financiar (con creces) los servicios de acogida e integración. En segundo lugar, es difícil creer que uno de los países más ricos e industrializados de Europa tenga dificultades estructurales para cubrir estos gastos. Como explica el documento de economía y finanzas publicado por el anterior gobierno, el gasto en acogida e integración para el año 2017 ascendía a 4,3 billones de euros, lo que suponía alrededor del 0,25% del PIB. Para comprender mejor de lo que estamos hablando, el coste de la evasión fiscal según el Istat ascendía a 208 billones de euros (en 2015), cuarenta y ocho veces dicha cantidad. Finalmente, más allá de las valoraciones cuantitativas, es la naturaleza de la lógica subyacente a ser falaz: no estamos frente a un dilema nosotros o ellos, estamos frente a una decisión política e ideológica.

 

Un discurso falso, eficaz y peligroso

El discurso de la Liga es un ejemplo paradigmático de cómo el discurso xenófobo pueda ser falso, pero eficaz. Al grito de “primero los italianos” y fomentando el miedo al extranjero, el partido de Matteo Salvini ha pasado del 4% de los votos en 2013 al 17% en las últimas elecciones. Y las últimas encuestas le atribuyen el liderazgo político con más del 30% de las preferencias. En términos electorales el discurso xenófobo paga. Pero ¿cuál es el precio?

Las palabras son piedras, escribía Carlo Levi advirtiéndonos de las consecuencias tangibles y negativas del discurso. De palabras están hechas nuestras ideas y la realidad como la percibimos. Las palabras inspiran y legitiman nuestro comportamiento. Es así como un discurso falso pero eficaz, puede llevar a la acción equivocada. “Si consigo vender el miedo, puedo vender el odio en cinco minutos, el racismo en tres minutos y, de propina, toda la cantidad de discriminación que quiera”, decía Hakan Günday. El incremento de las acciones violentas contra inmigrantes que ha acompañado la afirmación de la retórica xenófoba de la Liga parece acreditar la tesis del escritor. ¿Es ese el precio que estamos dispuestos a pagar?

 

Francesco Pasetti es Investigador del CIDOB en inmigración, integración y políticas de refugiados (@paso1983)

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[1] Hasta 2013 el eslogan oficial era “primero el norte” y hasta principios de siglo la preocupación del partido era rescatar el norte de Italia del sur corrupto y parásito. A partir de la segunda mitad de los noventa la Liga ha abandonado lentamente la idea de crear nuevas fronteras entre el norte y el resto del país, para perseguir la defensa de aquellas existentes, reales e imaginarias, prometiendo “inmigración-cero” y la defensa de la identidad italiana. El cambio de nombre, de Liga Norte a Liga a principios de 2018, concluyó la transformación del partido: el enemigo ya no se encuentra al sur del río Po, sino más allá de las fronteras italianas.