Chantal Mouffe: democracia radical y feminismo

MIREIA CASTELLÓ

Surgido al calor del 15M, uno de los fenómenos que ha suscitado un destacado interés entre los analistas es la ‘popularización’ de los teóricos e intelectuales políticos. En paralelo al auge de las nuevas formaciones políticas, creció también la atención hacia la teoría política que inspiraba especialmente a las formaciones de izquierda, así como sus autores de cabecera. Nombres hasta entonces desconocidos por el gran público, como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, pasaron a formar parte del estrellato, a la vez que acumulaban ventas de libros y reseñas. Además, que dichos pensadores fueran objeto de estudio de las tesis doctorales de esos nuevos líderes contribuyó de forma muy relevante a que dejaran de ser conocidos únicamente en las facultades de ciencias políticas.

Fue en este contexto que en 2016 Chantal Mouffe aterrizaba en Barcelona como una auténtica rockstar para participar en el ciclo de conferencias ‘DO Europa’, organizadas por el Born Centro de Cultura y Memoria del Ayuntamiento de Barcelona. Hacía poco que había presentado su libro ‘Construir pueblo’ (Icaria, 2015), un diálogo mano a mano con Íñigo Errejón. Entonces, tuve el honor de entrevistarla personalmente para Beers&Politics, una hora en la que conversamos sobre hegemonía, sobre cómo se estaban desplegando las formaciones populistas en Europa y en Estados Unidos y en la que ya apuntó alguno de los retos que deberían superar las formaciones de izquierda en los próximos años. Así que valga el presente artículo como pequeño homenaje a la amabilidad y cercanía de Mouffe; un humilde apunte que pretende también reivindicar a las mujeres intelectuales que contribuyen al desarrollo de la ciencia política como disciplina.

Politóloga y profesora de Teoría Política en la Universidad de Westminster, en el Reino Unido, Mouffe es una de las grandes exponentes contemporáneas del pensamiento posmarxista. Nacida en Charleroi (Bélgica) el 17 de junio de 1943, es una de las pensadoras más prolíficas sobre la teoría de la democracia y autora de cabecera de la izquierda. Desde una clara posición de militancia política e intelectual, su producción intelectual se ha centrado en el estudio del populismo, de la hegemonía y de los movimientos sociales, destacando su teoría sobre agonística y su vasta producción sobre lo que ella ha establecido como “democracia radical”. Coautora junto a Ernesto Laclau de obras tan emblemáticas como ‘Hegemonía y estrategia socialista’ (Siglo XXI, 2015), en su producción intelectual destacan también ‘El retorno de lo político’ (Paidós, 1999), ‘La paradoja democrática’ (Gedisa, 2003), ‘En torno a lo político’ (Fondo de Cultura Económica, 2007), ‘Agonística. Pensar el mundo políticamente’ (Fondo de Cultura Económica, 2014) o ‘Por un populismo de izquierda’ (Siglo XXI, 2018).

En una constante búsqueda de cómo operativizar las ideas y señalar caminos para el cambio, el motor de su producción intelectual es la detección de las barreras que obstaculizan avanzar y construir hegemonía política y cultural, así como repensar escenarios para poder enfocar una incidencia política real. Si bien es una autora que goza de mucha popularidad, adentrarse en un su obra puede resultar complejo para un público ‘no-iniciado’ en teoría de la democracia, así que una excelente aproximación a la obra de Mouffe y Laclau es el reciente ‘Ernesto Laclau y Chantal Mouffe: Populismo y hegemonía’ de Antonio Gómez Villar (Gedisa, 2021).

En este punto, cabe reseñar los postulados básicos de la teoría agonística para una democracia radical fijados por Mouffe. Según la autora, cuando operamos en una democracia agónica, las posiciones de los adversarios (que no ‘enemigos’) son percibidas como legítimas generando un vínculo con ‘lo opuesto’ que, a su vez, reconoce las bases de la democracia actuales como válidas.

Por otra parte, la aportación más destacada de Mouffe entorno al feminismo la podemos encontrar en ‘El retorno de lo político’ (Paidós, 1999), obra en la que traslada su mirada sobre la democracia radical a la lucha feminista con una premisa muy clara: poner en jaque el ‘esencialismo’ que muchas veces predomina en el debate que se da en el si de los movimientos sociales en general y en el feminismo en particular.

En este sentido, señala como de uno de los principales riesgos del esencialismo la conversión de lo agónico en antagónico: ‘si esta configuración adversarial está ausente, las pasiones (siempre presentes en la lucha política) no logran una salida democrática, y la dinámica agonista del pluralismo se ve dificultada. El peligro es que la confrontación democrática sea entonces reemplazada por una confrontación entre formas esencialistas de identificación o valores morales no negociables’.

Otro aspecto destacado es el detallado repaso a los debates entre el feminismo liberal que pretende proponer un enfoque alternativo al modelo patriarcal sin cuestionarse la estructura social vigente que perpetúa las desigualdades, versus el feminismo que busca el visibilizar la vivencia diferencial de las mujeres como elemento fundamental de un nuevo concepto de ciudadanía: ‘las feministas liberales han estado peleando por una amplia gama de nuevos derechos de las mujeres cuya finalidad es hacerlas ciudadanas iguales, pero sin desafiar los modelos liberales dominantes de ciudadanía y política. Su visión ha sido criticada por otras feministas quienes arguyen que semejante concepción de lo político es masculina, y que las preocupaciones femeninas no pueden ser acopladas a tal marco’.

Resulta oportuno señalar la intersección que Mouffe fija entre la hegemonía y el feminismo cuando señala que ‘habría de crear las condiciones para el establecimiento de una nueva hegemonía articulada mediante nuevas relaciones, prácticas e instituciones sociales igualitarias. Esto no puede ser conseguido sin la transformación de las posiciones de sujeto existentes’

Para la autora, inpirada como ella misma reconoce por Simone de Beauvoir, el feminismo debe ser enfocado no como una práctica política pensada para dar respuesta a los intereses de las mujeres por el hecho de ser mujeres, sino más bien como la búsqueda de los objetivos de la lucha feminista encuadrados en un marco más amplio de coordinación de demandas: ‘para mí, el feminismo es la lucha por la igualdad de las mujeres. Pero ésta no debe ser entendida como una lucha por la realización de la igualdad para un definible grupo empírico con una esencia y una identidad comunes, las mujeres, sino más bien como una lucha en contra de las múltiples formas en que la categoría “mujer” se construye como subordinación’.

Por tanto, si quedaba alguna duda de que estamos ante una de las intelectuales más creativas y comprometidas con el cambio y el progreso social, Mouffe las vuelve a despejar con la aplicación al feminismo de su concepto de ciudadanía democrática radical. Solo nos queda desear que sus recetas para adentrarnos en el debate y en la lucha feminista nos sirvan de guía en estos tiempos en los que es más necesario que nunca seguir alzando la voz e implicarse en la defensa de los derechos de las mujeres.

 

Mireia Castelló  es politóloga y asesora de comunicación política (@mireiacastello)

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