CRISTIAN DELGADO ALVES
Desde hace semanas, la ciudad autónoma de Ceuta se encuentra en el epicentro del debate nacional e internacional. Hasta el pasado mes de agosto, muchos de los que hoy se llevan las manos a la cabeza no se acordaban de que nuestro país tiene frontera directa de entrada a Europa, a través de este enclave, en continente africano.
Vaya por delante que la soberanía de Ceuta y Melilla no están en cuestión, siendo ambas, tan españolas como Palencia, Valladolid, Burgos, Zamora, Soria, León, Ávila, Segovia o Salamanca. En mi opinión, el debate se está desviando, de una manera interesada, a razón de variopintos intereses.
Es cierto que nos encontramos ante una crisis migratoria, sin precedentes, que ha hecho saltar todas las alarmas. Se ha establecido un debate nacional que va más allá de la angustia que padece el pueblo ceutí, al que muestro mi solidaridad y cariño, sin condiciones ni ambages. Dicho esto, conviene analizar las causas, gestión y consecuencias, de un episodio que tiene su origen en Marruecos.
La frontera que separa el Reino alauita de Ceuta es tan clara como frágil. Nos encontramos ante dos territorios en los que no existe ni un solo accidente geográfico. Sin vigilancia, no hay más que esperar a que baje la marea para que un ciudadano marroquí pueda cruzar a territorio español, sin más obstáculo que una valla, ya sea a pie o a nado, si no existe ninguna clase de control que lo impida.
Pensar que España o la Unión Europea pueden proteger esta frontera, sin la colaboración de Marruecos, es una utopía que tan solo los agitadores ultra utilizan en beneficio de su discurso. La cooperación, por tanto, es una herramienta fundamental, que el pasado mes de agosto se quebró con la entrada irregular de miles de personas en territorio ceutí.
¿Cuál es el motivo de qué ocurra ahora? Son varias las causas que apuntan a esta entrada incontrolada de personas que han cruzado hasta la ciudad “caballa”. En primer lugar, en el primer semestre del año, España aumentó el cinco por ciento del consumo de gas argelino, algo, que no gusta a Marruecos. La política nacional ha intensificado sus relaciones con Argel, sellando acuerdos comerciales beneficiosos para nuestro país que no son del agrado Mohamed VI. Diez días después se produce la entrada masiva. ¿Casualidad?
Vamos a retrotraernos a 2021. España acoge por razones sanitarias y humanitarias al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Resultado, más de 8.000 personas cruzaron la frontera de manera irregular, lo cual provocó una crisis diplomática que duró meses.
En segundo lugar, una sentencia reciente del Tribunal Supremo indica que las personas que llegan a nado no pueden ser rechazadas en frontera, al no haber superado ninguna barrera física de contención. Esto anima a las mafias, o a determinados poderes a utilizar la migración como herramienta política o lucrativa.
Por último, no podemos obviar la fractura social que vive la población marroquí. El desempleo juvenil, la inflación y las diferencias territoriales empujan, principalmente, a las personas de menor edad, mujeres y niños, a abandonar sus hogares. Pero este no es el único motivo, sino que se suma a la frustración por no poder transformar socialmente el país. La movilidad pasa a convertirse en estrategia de esperanza, supervivencia en algunos casos, pero, sobre todo, una expectativa de futuro, en este caso, a la desesperada.
Ante este cóctel explosivo, Ceuta vivió un episodio dramático a finales del mes de julio. En pocas horas, más de 72.000 marroquíes cruzaron “casualmente” la frontera de manera simultánea, con una extrema relajación de la vigilancia por parte del país de origen y, sin que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado pudieran hacerle frente. De las 140 personas fallecidas, 90 lo hicieron en territorio español. Las imágenes de madres y padres arrojando a sus bebés al mar para ser rescatados al otro lado de la frontera, aún nos estremecen. Agentes del orden quebrándose, servicios saturados y diversas protestas han sido una constante durante estas semanas.
Permitidme el inciso para agradecer a todos los servidores públicos, organizaciones sin ánimo de lucro y particulares, la labor desarrollada en Ceuta, ya no solo durante los días de las llegadas masivas, sino a lo largo de todo este tiempo.
Ceuta cuenta con unos 85.000 habitantes, por lo que, en pocas horas, los vecinos vieron como casi el mismo número de personas entraba en sus calles, plazas, playas y parques, ante la atónita mirada de todos ellos. Nos encontramos ante una crisis humanitaria, social, sanitaria y de diversa índole que la política tiene que resolver.
Y es aquí donde varios agentes juegan sus variopintos intereses. He relatado la posición de Marruecos, los movimientos geopolíticos de España, las circunstancias del pueblo marroquí y ceutí y, entramos ahora en las acciones interesadas patrias. Vuelvo a reiterar que nunca, nunca voy a poner en cuestión el sentimiento de los ceutíes que llevan un mes viviendo una situación insólita, con todo lo que ello conlleva y, con los que no podemos hacer otra cosa más que solidarizarnos y apoyarlos.
Aún quedan, según las cifras oficiales, entre 5.000 y 8.000 personas en la ciudad de las que entraron irregularmente. En las últimas horas, el Gobierno de España ha aprobado un paquete de medidas de 309 millones de euros para Ceuta, en materias tales como economía, acogida, alivio fiscal y seguridad, entre otras muchas materias que, esperemos, ayuden a normalizar la situación.
Por desgracia, tenemos a los que se intentan aprovechar de la situación de ambos pueblos, el local (los caballas) y los inmigrantes. A lo largo de estas semanas hemos visto como la desesperación se abría paso en redes sociales, tertulias, prensa, radio y, era aprovechada por agitadores y determinados sectores políticos, en beneficio propio. No nos engañemos, Ceuta es para ellos una noticia de verano con la que atacar al rival político. Es tal el nivel, que se llegan a utilizar las instituciones como arma arrojadiza, aprovechándose de la solidaridad de todos los españoles y, como dije anteriormente, de la desesperación de muchas personas ¿Quién no va a estar de acuerdo en apoyar a los ceutíes ante la situación extraordinaria que viven? APOYO SÍ, UTILIZACIÓN PARTIDISTA NO.
Los instintos más básicos pululan a sus anchas durante estas semanas, en cualquier foro que se precie, hablando de Ceuta. Al igual que ocurriera en pandemia, donde todo el mundo era epidemiólogo; a día de hoy crecen como setas, los expertos en geopolítica e inmigración. En este punto daré un dato, cerca del 70 por ciento de los bulos desmentidos en España, cada año, con datos reales, versan sobre ayudas (subsidios), violencia y migración.
Por todo ello es momento de reivindicar la buena política, con altura de miras y sentido de Estado. Estamos ante una situación extraordinaria que requiere de medidas extraordinarias. Lamento el bajo perfil adoptado por Unión Europa ante esta crisis migratoria que no afecta solamente a España, sino a la frontera sur del continente. Y es que, como ocurriera anteriormente en Italia, Grecia o nuestras Islas Canarias, la respuesta o es de todos, con medidas multidisciplinares (en origen y de refuerzo de fronteras) o será fallida.
¿Y a quién beneficia todo esto? Muy sencillo: a los extremos. Beneficia a los que defienden un discurso ultra, cosificando a las personas y apelando a los sentimientos más negativos de la población: el miedo y el odio, principalmente. Por ello, no entiendo la estrategia de determinadas fuerzas políticas que han visto “un filón” en esta crisis, para desgastar al rival, cuando a quien realmente benefician es a quien lleva haciendo este discurso mucho tiempo y, que, en definitiva, les sustenta en muchos gobiernos autonómicos y locales. De seguir así, acabarán fagocitándolos.
Ceuta es parte de España y la unidad territorial de nuestro país debe defenderse. Pero seamos realistas, esta defensa no la vamos a hacer, en pleno 2026, con la Armada Invencible, El Cid Campeador o Don Pelayo. Esta defensa solo puede hacerse desde “la buena política”. Para ello son necesarios acuerdos de Estado, la implicación real y efectiva de la Unión Europea, la planificación de medidas reales en materia de lucha contra el reto demográfico, el trabajo conjunto con los países de origen y, desde la plena defensa de los derechos humanos.
Los ceutíes representan mejor que nadie en España, los valores de integración, solidaridad y convivencia. Partamos de su ejemplo, como base para resolver esta crisis, y para construir un futuro alejado del ruido interesado, que se sustente en lo general y en el bien común.
Cristian Delgado Alves es Graduado en Periodismo y Comunicación Social en la University of Wales; graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la UNED. Actualmente alcalde – Presidente del Excelentísimo Ayuntamiento de Barruelo de Santullán (Palencia), desde 2019, y procurador en las Cortes de Castilla y León, desde 2026 @crisda9delgado

