GONZALO INCAHUSPE y MARIANA PEINADO
Las elecciones del próximo domingo tienen como protagonistas a Lula, que va por su cuarto mandato, su segunda reelección y por Flavio Bolsonario, hijo del ex presidente Jair Bolsonario que fue inhabilitado por el levantamiento contra Lula en las últimas elecciones. Donde además se eligen los 27 gobernadores, todos los Diputados y ⅔ del Senadores federales. En este artículo buscaremos analizar los principales puntos para comprender la elección de los próximos días.
El sistema político brasileño sigue condicionado por la prominencia de sus liderazgos principales que son los que polarizan entre sí, Lula y Bolsonaro. Que conviven con un sistema de alrededor de 30 partidos políticos registrados en el Tribunal Supremo Electoral de los cuales, 20 aproximadamente tienen representación en el Congreso. Esto hace que quien gobierne no tenga mayorías propias en el congreso, esto genera una cultura política ya consolidada en el país de negociación permanente en pos de la gobernabilidad. Un país más acostumbrado a las coaliciones de gobierno que a las coaliciones electorales, en parte esto se debe al diseño institucional de segunda vuelta, ya que para ganar en primera vuelta se debe alcanzar más del 50%, esto hace que la primera vuelta sea una especie de primaria, no de los partidos pero sí de los espacios políticos, la derecha y la izquierda. Si la primera vuelta exige un techo tan alto para ganar, hace que los partidos con afinidad puedan dividir el voto presentando varios candidatos. Desde el retorno de la democracia en 1989, solo un presidente,Fernando Henrique Cardoso, logró ganar en primera vuelta y lo hizo en dos ocasiones, 1994 y 1998, el resto siempre fue necesaria una segunda vuelta.
Si bien es un sistema de partidos complejo, esto no genera ingobernabilidad y esto se debe en primer lugar a que los principales candidatos concentran la oferta electoral y el voto no se dispersa entre múltiples candidatos. Como sí ocurre en otros países, como Perú, donde en la última elección llegaron a la segunda vuelta dos candidatos que juntaban solamente un tercio del electorado, 29% para ser precisos. En segundo lugar, porque existe una cultura política de gobiernos de coalición, inclusive con integración en el gabinete que es más similar a un sistema parlamentario que a un sistema presidencialista. Finalmente podríamos decir que la existencia de una cantidad de partidos, es lo que evita una polarización efectiva mayor, ya que los oficialismos deben negociar siempre en el parlamento para hacer avanzar sus iniciativas. En conclusión podemos decir que el sistema brasileño tiene fragmentación del voto en lo legislativo, pero una concentración del voto en los candidatos presidenciales, que ordena la oferta electoral de forma clara.
Los principales candidatos son el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva que busca su cuarto mandato. Su coalición con sectores de la izquierda, del centro e inclusive de la derecha, lo que algunos llaman la derecha “democrática”, porque están en contra de las formas autocráticas del bolsonarismo y la extrema derecha. En el gobierno y en la fórmula a este sector lo representa el vicepresidente, Geraldo Alckmin. Un problema que tuvo que superar el presidente a la hora de analizar si presentarse es su edad, ya que actualmente tiene 80 años, pero de ser reelecto gobernaría de los 81 años a los 86, para ello debía demostrar que estaba en condiciones y no mostrar señales de bidenización y que la población lo viera incapaz de seguir gobernando. Escollo que ha logrado superar ahora, pero que sin duda deja al PT, y a la izquierda brasileña en una situación apremiante en busca de un reemplazante para una de las figuras más importantes de la historia brasileña, tarea que no será para nada fácil. La derecha tuvo un derrotero para elegir a su candidato, ya que su principal figura el expresidente Jair Bolsonaro fue condenado e inhabilitado. Finalmente su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, fue designado para ser su reemplazante. Decisión que se logró pero con un arduo debate interno donde habían varios candidatos a la presidencia. El expresidente logró imponer a su hijo como candidato, pero no sin resistencias internas, inclusive de su propia esposa Michelle Bolsonaro que es candidata a Senadora, y denunció maltrato por parte del Flavio. Cuando se definió la candidatura de Flavio, habían varias dudas de que si él podría “heredar” el voto de su padre y si podría consolidar el voto de la derecha, hoy sin duda podemos afirmar que si. Por momentos en la campaña había indicios de que podría crecer algún otro candidato dentro del espectro, pero actualmente ninguno de los candidatos supera el 5%, solamente Cury, en algún momento de la campaña alcanzó los dos dígitos pero no logró mantenerlo. Bolsonaro además tiene ventaja sobre el voto entre los evangélico, un segmento electoral relevante que ha ganado mucho peso en los últimos años. Ambos liderazgos se encuentran desgastados en las encuestas con números negativos, más gente que los desaprueba que los que si. Claramente números que no escapan a la regla de la región, con instituciones en crisis y una clase dirigencial desacreditada ante la sociedad. En América Latina la tendencia desde las vueltas de la democracia hasta la fecha era que salvo contadas excepciones, el presidente que buscaba la reelección lo lograba. Tendencia que se viene revirtiendo en los últimos años. En parte se puede explicar por la erosión de las democracias, una región estancada económicamente y azotada por la inseguridad y la desigualdad. Si hilamos fino, podríamos ver que esta regla que incluso alcanza a Estados Unidos, ya que ni Trump, ni Biden, ni demócratas, ni republicanos lograron la reelección. Pero así podemos nombrar muchos casos y de ambos lados del espectro ideológico, desde Bolsonaro y Macri hasta Fernández en Argentina, Boric, en Chile y Petro en Colombia.
A la erosión de los liderazgos hay que sumarle un caso de corrupción que ha estado en la agenda pública, es el caso del Banco Máster, donde su dueño Daniel Vocaro fue apresado el pasado marzo de este año por fraude y lavado de dinero. Un banquero con conexiones fluidas con dirigentes políticos de peso, en Mayo se divulgaron unos audios del Flavio Bolsonaro pidiéndole dinero para hacer una película sobre su padre, Black Horse (Caballo negro) por cifras desorbitantes que por ende se intuyen que era para otro fin. Eso impacto en su campaña, y fueron los meses donde daba peor en las encuestas, pero luego fueron surgiendo otros casos, donde el que más se destacó es el de Alexandre da Moraes, vicepresidente del Tribunal Superior Federal y que fue dicto la sentencia contra Jair Bolsonaro. Si bien no es un ministro vinculado al PT, el tema ayudó a dejar atrás el escándalo de Black Horse y energizar la campaña de la derecha brasileña, sobretodo porque las sospechas que caen sobre el magistrado ayudan a las teorías que ponen en tela de juicio la sentencia en contra de Jair Bolsonaron.
Con este contexto de oficialismos erosionados, podemos indicar que el gobierno actual presenta indicadores económicos positivos, pero que por lo visto no son suficientes, ya que la aprobación del gobierno ronda en el 45%, El gobierno ha tenido un promedio de crecimiento del PBI del 3% contra un 1,5% de la gestión anterior. La inflación se encuentra controlada a pesar del contexto global que presiona los precios internacionales, el mercado laboral acumuló 5 millones de nuevos empleos y se aumentó el salario mínimo. Sumado a que en julio de 2025 el país salió del mapa del hambre y acorde a la OCDE Brasil lideró la inversión extranjera directa en América Latina duplicando al segundo país de la región, México. Todos estos indicadores que son positivos, no son suficientes, ya que sólo un porcentaje menor de la población cree que sus ingresos crecieron por encima del aumento del costo de vida. Un dato interesante a tener es que las encuestas marcan una leve diferencia entre la imagen de Lula y la de su gobierno, por ejemplo la encuesta del día de ayer de AtlasIntel, si preguntan por la aprobación la encuesta marca que el 53% dice que no y un 45 que si. Pero si preguntan por la aprobación del gobierno, da que un 50% dice que no es bueno, un 40% que es bueno y un 9% que es regular, por aquí podría haber indicios de donde podría alcanzar Lula, la mitad más uno de los votos que necesita.
Los principales temas de campaña son la economía, la corrupción y la seguridad, otro tema importante es la interferencia de Trump, otro eje que está atravesando la campaña. El tema de la economía, está impactado porque la suba del costo de vida hace que las familias brasileñas vean afectadas su capacidad de consumo, si bien la inflación se encuentra controlado y el salario mínimo subió los brasileños perciben que sus ingresos no le alcanzan, sumado a que gran parte de las familias se encuentran endeudadas, alrededor de 81 millones de personas tiene deuda. Este tema sin duda, es el gobierno quien tiene más que explicar, que si bien su política macroeconómica no fue del todo mala según los indicadores, la percepción de la ciudadanía no es buena. El gobierno ha tomado varias medidas de último momento, como subir la ayuda social, Bolsa de Familia, como un programa de desendeudamiento con tasas más bajas y la eliminación de los derechos de importación sobre algunos productos para abaratar la canasta familiar. Además, el gobierno federal prohibió las apuestas online sobre el tramo final de la campaña. Muchos han enmarcado esta decisión como un posicionamiento de Lula frente a un sector poderoso y con escasas regulaciones. A la vez, y en línea con el aumento del programa Bolsa familia, también sería una decisión para contrarrestar la caída del consumo.
La corrupción como comentamos anteriormente con el caso de Banco Master, es un tema que estuvo en la agenda electoral y que ha marcado el pulso de la campaña, de hecho los peores números de Bolsonaro han sido en los momentos que la vinculación con dicho caso tomó mayor preponderancia. La seguridad es un tema complejo que impacta a toda la ciudadanía, principalmente en las grandes ciudades, y es un tema donde la derecha se siente más “fuerte” por que es promotora de la mano dura, con propuestas por parte de Flavio de baja de la imputabilidad y de endurecimiento de las penas. De hecho el slogan de su campaña, es “Un Brasil sin miedo”, claramente una clara señal de que es uno de los principales ejes de su campaña, el de militarizar al país y combatir al crimen organizado, con una nuevo giro, el que estableció Estados Unidos, de denominar a las organizaciones del narcotráfico como narcoterroristas, lo que habilitaría una intervención de EE.UU en el territorio según la doctrina que estableció Trump y su secretario de estado Marco Rubio. Y esto nos da pie a un eje transversal que es el del posicionamiento de Brasil, frente a Estados Unidos. Lula ha tenido que sortear una guerra tarifaria con Trump y en parte por presiones del mandatario norteamericano en favor de Bolsonaro, estas intervenciones han sido perjudiciales para los Bolsonaro, ya que Trump tomó medidas en contra de Brasil en defensa de ellos. Durante este conflicto entre Lula con Trump, gue el momento en el que presidente brasileño gozó de mayor aprobación y que sin duda está explotando durante su campaña, y por eso que una de las palabras que más veces salen mencionadas en su plataforma de gobierno es Soberanía Nacional.
Lo que pase este domingo, 4 de octubre, y sobretodo en la segunda vuelta el próximo 25, serán resultado de una elección muy cerrada que se definirá por muy poco, donde están en juego muchas cosas pero sobre todo el futuro de la región, en una región donde la derecha gana en 12 de las últimas 15 elecciones, salvo México, Guatemala y Uruguay, y con la nueva doctrina Monroe, que reedita el viejo lema de américa para los americanos, las elecciones de Brasil tiene un peso fundamental para la región, un país que por su peso demográfico, político y económico es el único que puede hacerle contrapeso a Estados Unidos y que mantiene un equilibrio en la región mediante negociaciones estratégicas como lo está haciendo con la Unión Europea, China, Canadá y Japón. También tendrá un peso importante en la región, en donde candidatos ligados a sectores de izquierda parecen haber perdido cierta tracción y en donde la elección de Brasil de este año y la de Argentina del año que viene mostrarán si hay de hecho un giro contrario a la “marea rosa” que vio la llegada de Lula al poder en 2003.
Sin duda una victoria de los Bolsonaro cambiaría el clima de la región y podría poner en riesgo instituciones que si bien insuficientes son necesarias, como el MERCOSUR, e inclinaría a la región a cambios importantes. Obviamente que no se podrán analizar las mismas si uno no tiene en consideración que en noviembre son las elecciones de medio término en Estados Unidos, y que en base su resultado podrán medirse qué fuerza tendrá Trump para intentar cambios profundos en América Latina.
En fin disputa entre Lula y Flávio Bolsonaro expresa, en definitiva, dos visiones diferentes sobre el modelo de país, y lamentablemente esto es lo generan la polarización que más que definir el rumbo del país para los próximos años, es cual de los dos brasiles es el que va a primar los próximo años y que sea cual sea el resultado, no se discuta los resultados ni se ponga en duda las urnas y el valor de la democracia. La buena noticia sería que este fantasma sea una cuestión del pasado, pero habrá que esperar para verlo. Sin duda, debido al estrecho margen de maniobra para ambos candidatos, tendrá ventaja quien logre apelar al pequeño número de indecisos que existe y reducir la tasa de abstención.
Gonzalo Inchauspe es Politólogo, consultor político y actualmente es Asesor en el Senado de Argentina. (@Inchauspegm)
Mariana Peinado, Abogada y Mtra. en Políticas Públicas. Actualmente es estudiante de Doctorado en la Universidad de Austin, Texas con foco en Latino América. (@PeinadoMariana_)

