Reseña de “Decálogo del buen ciudadano” (Víctor Lapuente)

CARLOS MAGARIÑO

“El jueves me diagnosticaron un mieloma múltiple. El domingo nacía mi hijo Antón. Y el lunes empecé a escribir este libro. Sin prisa, pero sin pausa.”

Estas son las frases que utiliza Víctor Lapuente en los primeros compases de su obra “Decálogo del buen ciudadano: Cómo ser mejores personas en un mundo narcisista”, las cuales nos empiezan a indicar el propósito y la meta última de la obra. Aquí, el autor recalca el tradicional deseo humano de trascender, de permanecer en el tiempo; ese que las sociedades actualmente desprecian al preferir el interés material inmediato, el que calma nuestra ansia de placer constante.

Este libro se basa en 10 reglas vitales que Lapuente nos proporciona para ser mejores personas, una especie de preceptos éticos para el siglo XXI: desde no adorar a falsos dioses a agradecer o abrazar la incertidumbre. Lejos de ser pretencioso, el autor intenta así explicar los cuándo y los porqués de la sociedad actual, y mucho más importante, cómo podemos ser buenos ciudadanos en este contexto.

Dos elementos serán fundamentales para entender la fórmula presentada: Dios y Patria. Ambos han sido una especie de “pegamento social” que nos han permitido colaborar y así progresar y avanzar en el tiempo. Cuando intentas eliminar estas herramientas, se crean sociedades que creen en “falsos dioses”, los cuales pervierten los nexos que antaño servían para unirnos y crecer como sociedad.

Así, tanto la izquierda como la derecha se han encargado de percutir y quebrar tanto a la Patria (izquierda) como a Dios (derecha), creando sociedades individualistas que, neoliberalismo o cosmopolitismo mediante, viven de manera alejada a la comunidad, a los demás.

Al abandonar las generaciones más jóvenes tanto a la religión como la patria, han puesto toda su alma en defender ideologías políticas como si de religiones se tratara. Cuando se tiene un fervor cuasi religioso por una ideología política, existe el peligro de alejarte del que no piensa como tú, no llegar a consensos por no fallar a los “nuestros”, llegar a odiar al otro.

Toda está perniciosa dinámica nos ha llevado a uno de los grandes problemas de la sociedad y de nuestros sistemas políticos: la escasa moral de las élites políticas, que prefieren polarizar a consensuar. ¿Si la polarización es premiada por qué se debería buscar el consenso?

Por ello, según Lapuente, podríamos encontrarnos actualmente en un periodo de decadencia, una civilización exhausta y a la que cada vez le resulta más difícil progresar, no tanto materialmente como éticamente.

Por pesimista que pueda resultar esta situación, Víctor Lapuente nos apunta la claves que pueden colaborar en revertirla, y así, ser un buen ciudadano en un mundo narcisista.

ENLACE AL LIBRO (ED. PENÍNSULA)

 

Carlos Magariño es estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Pompeu Fabra. Miembro del espacio La Cúpula (@cmagfer)