“Necesitamos poder para la política. No política para el poder”: entrevista a Eduardo Madina

Eduardo Madina es analista político y económico. Tiene una dilatada experiencia política, habiendo sido diputado por el PSOE en el Congreso de los Diputados de 2004 a 2017, y formando parte también de la ejecutiva federal socialista de 2008 a 2014. Su trayectoria profesional aporta una visión privilegiada del pasado, presente y futuro de la política y sus dinámicas, además de un análisis brillante sobre lo que ocurre en nuestras sociedades. Actualmente forma parte del programa La Ínsula de Onda Cero. (@edumadina)

Entrevistado por Carlos Magariño

Incluso ante la pandemia actual, los políticos siguen siendo una de las mayores preocupaciones para la ciudadanía. Se escucha de manera recurrente comentarios como: “los políticos solo roban” o “los políticos no hacen nada”. ¿Cree que existe un déficit comunicativo en el seno de las instituciones democráticas en relación a la actividad diaria de los políticos? ¿Puede provenir esta situación de un constante proceso de alejamiento entre la política y la sociedad?

Desde mi punto de vista, este tipo de análisis, más o menos generalizados, solo pueden provenir de causas múltiples. No me siento capaz de reducir todas ellas a una. Creo que la sociedad distingue bien el trabajo representativo en los distintos niveles de la administración. Sabe lo que hace su Ayuntamiento, su Diputación y su Gobierno autonómico. Creo que las generalizaciones por las que me preguntas, están casi todas ellas reservadas para la política nacional. Paradójicamente, el nivel que menos casos de corrupción ha producido en los últimos 40 años de democracia. Así que sí, tras las múltiples causas que seguro que están detrás, la política nacional tiene algunos problemas que debería vigilar. Vive con superávit de atención y sufre, curiosamente, un marcado déficit de conocimiento y valoración de su ejercicio.

¿Existe el peligro de que la ciudadanía empiece a observar no solo a los políticos, sino al sistema democrático en su conjunto como ineficaz y así prescindible? ¿La democracia actual tiene la fortaleza suficiente como para resistir estos embates?

No veo a corto plazo que la sociedad decida que la democracia es prescindible. No veo nada tan categórico. Otra cosa es el desgaste que sufre el sistema democrático cuando este quede habitado por dirigentes sin proyecto alguno de país que empantanen el ejercicio representativo en una ineficiencia completa del mismo. Si eso sucede, los países pueden tropezarse. Por eso es tan importante tener un proyecto de país y solicitar apoyo social para llevarlo a cabo. Por aterrizar esta idea; es el poder para la política. No la política para el poder.

¿Las instituciones democráticas deben tener voz propia en aras de proteger su reputación ante el constante proceso de descrédito proveniente de la política? ¿Deben así alejarse las instituciones de la política?

No, no pueden ni deben. Las instituciones son la política. Y no hay posibilidad de política democrática sin instituciones. Cuidarlas y cuidar los procedimientos en su interior resulta fundamental para la salud de una democracia.

¿Qué relación existe entre el hastío por parte de la ciudadanía hacia la política y la aparición de formaciones anti-establishment y populistas? ¿Pueden ser una suerte de canalizador temporal que haga variar actitudes dentro de los demás partidos del tablero político?

Casi todos los hastíos que han terminado produciendo la aparición de extremismos y terremotos en la convivencia, vienen derivados de un escenario de circunstancias económicas adversas y una profunda trasformación tecnológica. Y todo ello en contexto histórico como este, una era de tiempo acelerado y espacio contraído.  La crisis de 2008 ha sido la clave del desarrollo, en esta década, de respuestas nacionalpopulistas a problemáticas globales altamente complejas. Si esta década que se ha ido ha traído esto, la actual tiene una importancia aún mayor. El viaje entre 2021 y 2030 será determinante para el futuro de Europa. Si se consagran en 2030, las proyecciones que plantean los principales organismos multilaterales sobre los desplazamientos hacia el pacífico de los epicentros productivos, comerciales, económicos y geopolíticos, las consecuencias serán mucho mayores de lo que hemos visto para las democracias europeas en términos de aparición de formaciones populistas. No hay ni un solo minuto que perder. Hemos entrado en una de las décadas más importantes de Europa desde 1945.

¿Tiene la política actual la necesidad de ser efectista, de proporcionar resultados para así legitimarse ante la ciudadanía? ¿Podría ser esta la fórmula correcta para mejorar los problemas reputacionales actuales?

Más bien lo contrario. Tiene que dejar de serlo y volver a ser de verdad. Responder a un ideal vinculado a un proyecto de país. Y trabajar por llevarlo a cabo al margen de golpes de efecto.

La comunicación política debe ser una política bien comunicada. No la comunicación dominando las decisiones políticas.

Hay voces dentro de la sociedad que observan al nuevo gobierno tecnócrata de Italia como un modelo a seguir que podría ser útil en nuestro país, rompiendo bloques y creando una ventana de oportunidad necesaria para la implantación de grandes reformas. ¿Puede ser la tecnocracia la solución para la actual crisis de legitimación de la política? ¿Hasta qué punto estos son “gobiernos sin ideología”?

Tengo una muy buena consideración de Mario Draghi. Dicho esto, prefiero gobiernos –y presidentes- que nazcan del proceso electoral.

 

Entrevista realizada por Carlos Magariño, estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Pompeu Fabra. Miembro del espacio La Cúpula (@cmagfer)