Mónica Oltra: celebrificación y estereotipos de género

JORDI SARRIÓN I CARBONELL & SANTIAGO GARCÍA CORNEJO

En el presente texto hemos decidido llevar a cabo un análisis de la celebrificación y los estereotipos de género en el caso de la Vicepresidenta de la Generalitat Valenciana Mónica Oltra. Hemos escogido a esta figura política porque consideramos que, tras años de gobierno de un Partido Popular muy masculinizado, el cambio de ciclo político en el País Valenciano ha traído consigo numerosos liderazgos femeninos, y Mónica Oltra se configura como un símbolo de este proceso de feminización. Desde el inicio de la investigación advertimos de la estrecha relación que existía entre la celebrificación y los estereotipos de género con los que los media asociaban a  Oltra, por lo que decidimos llevar a cabo un análisis holístico de ambos, que integra los ámbitos teórico y práctico y que, al tiempo, está reforzado con una entrevista al jefe de Gabinete de la Vicepresidenta. Este, figura cercana a Oltra desde los inicios de su carrera política, aporta algunas claves fundamentales para comprender qué hay detrás de la celebrificación de Mónica Oltra, su conversión en un icono pop y los estereotipos de género con los que los medios de comunicación la enmarcan.

1. Perfil e historia de la candidata

Mónica Oltra Jarque nace en Neuss (República Federal de Alemania) en el año 1969. Hija de Juan Oltra y Angelita Jarque —emigrantes valencianos que se exiliaron durante el Franquismo—, pasó su infancia en la ciudad de Kaarst, en la cuenca industrial del Ruhr. En 1984, enterrado el dictador, Oltra retorna junto a sus padres a la edad de 14 años. Así, comienza una nueva vida en Paterna, la ciudad del área metropolitana de València de la que la familia se había marchado en 1968. Heredera del compromiso político que sus padres habían mostrado durante los años de clandestinidad, Oltra decide comenzar a militar en las Juventudes Comunistas del País Valencià con apenas 15 años. Entre “el río Turia, la Dehesa del Saler y el mar”, como afirma en su biografía autorizada publicada en 2020, transcurrió su adolescencia, y los años en que tuvo lugar su politización. 

Karl Marx, Jacques Lacan, Simone de Beauvoir, Evita Perón o el político verde alemán Joschka Fischer fueron algunos de los referentes que marcaron a Oltra a nivel político durante sus primeros años de militancia. Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez y las baladas de los Scorpions pusieron banda sonora a aquellos años, y Blasco Ibáñez, Neruda, Mario Benedetti y Eduardo Galeano fueron algunos de los autores que la acompañaron en sus lecturas. El València Club de Futbol y las Fallas se convirtieron en las dos aficiones con las que Mónica compaginaba su militancia en el PCPV, sus estudios en Derecho en la Universitat de València y su participación en el Bloc d’Estudiants Agermanats (BEA). En este sindicato universitario coincidió Mónica Oltra con algunos de los cuadros que la acompañarían en el futuro en una nueva “cooperativa política” valenciana: Compromís. En un momento de hegemonía aplastante del Partido Popular, Oltra se convirtió en el símbolo de la oposición al PP. Como explica su jefe de Gabinete, “la primera vez que fue a la televisión pública valenciana fue a un debate y porque así lo obligaba la ley, cuando era la cara más visible de la oposición. En ese contexto, las camisetas y su estilo duro fueron la única manera de visibilizar el trabajo en la oposición”.

2. Personificación y celebrificación en la figura de Mónica Oltra

El surgimiento de nuevos canales de comunicación como las redes sociales y “el debilitamiento de las identificaciones del electorado con los partidos políticos” ha acelerado la personificación de la política. En una sociedad con formas de vida cada vez más complejas, se ha agrandado la brecha entre representantes y representados, y esto ha propiciado que los discursos políticos adquieran tintes populistas, y la figura del líder se convierta en catalizadora de las demandas populares. Como explica Ernesto Laclau, “en muchas ocasiones el nombre del líder actúa como significante vacío y, de esta forma, constituye la totalidad significante”. Así, esta coyuntura ha favorecido un acercamiento paulatino de la política hacia la cultura de la fama. En un mundo de celebrities y de influencers, esta tendencia ha recibido el nombre de celebrity politics o de celebrificación. Así, los candidatos contemporáneos se construyen de manera similar a las grandes celebridades, combinando, como apunta Richard Dyer, elementos ordinarios o comunes con rasgos o características extraordinarias: “la clave reside en que no sean esencialmente distintos a nosotros y, por tanto, podamos identificarnos con ellos”. Exactamente igual que ocurre con las celebridades que observamos al otro lado de la pantalla, la imagen de los candidatos se construye sobre el enigma de su identidad. Así, se asocia su esfera privada con su verdadera identidad. El hecho de conocer más sobre la vida privada de un candidato permite, por un lado, la admiración hacia este y, por otro, esa sensación de familiaridad que hace pensar a alguien que conoce al candidato, tal y como ocurre con las estrellas mediáticas de la televisión.

En síntesis, para Oliva, Pérez-Latorre y Besalú, encontramos tres rasgos principales de la celebrificación, que analizaremos tratando de reflejarlos en el caso de Mónica Oltra. El primero de ellos es el del candidato como un individuo extraordinario, que unifica la grandeza que reflejaba el éxito antes de la existencia de los medios con las nuevas cualidades que autores como Street atribuyen a la cultura de la fama: el estilo, la apariencia, la fama o el atractivo. Estas cualidades se reflejan a la perfección en la construcción de Mónica Oltra como un símbolo. De esta forma, contraponiéndola a la oposición del PSPV-PSOE, la canción Vergonya de Atzembla refleja muy bien a Mónica Oltra como un figura extraordinaria: “sólo esa mujer con camisetas a todos los de los trajes les hizo bajar sus caras, mirándolos a los ojos y con las ideas muy claras”. En este sentido, para su jefe de Gabinete, Oltra “se ha convertido en un símbolo a pesar de ella. Lo que ha hecho es, con su olfato y su naturalidad política, representar a la gente y ofrecerles esperanza”, sin una planificación por parte de ningún equipo de comunicación”.

En segundo lugar, el candidato se presenta como alguien común al tiempo que tiene características extraordinarias, tal como ocurre en los formatos de la televisión. Según afirman Corner y Langer, esto se expresa mostrando su vida personal y familiar —en el caso de Mónica Oltra lo observamos de manera positiva cuando aparece públicamente junto a sus hijos y de manera negativa cuando la oposición utiliza los abusos de su exmarido para atacarla políticamente—, mostrando estilos de vida —un territorio de cerca de 6 millones de habitantes permite a Oltra segmentar muy bien a su público, presentándose como una “valenciana modélica”, fallera, aficionada de la cocina valenciana y del València—  y mostrando sus sentimientos y sus emociones, que le aportan  autenticidad —lo vemos muy claramente en sus apariciones públicas, donde se muestra muy cercana, se emociona, llora y se enfada públicamente cuando cree que su voz no está siendo escuchada. La tercera de las características es la aparición en géneros de la cultura de la fama, que persigue “llegar a ciudadanos no interesados en la política y que habitualmente no consumen medios y géneros tradicionales de la comunicación política”. En este caso, si bien Oltra no asiste con frecuencia a géneros de la cultura de la fama, si interactúa con celebrities para defender ideas en las que cree (como cuando se viralizó su respuesta a Sofía Suescun sobre unas polémicas declaraciones) y aparece con frecuencia en actos junto a iconos pop (especialmente del Colectivo LGTBI), como Paca la Piraña o la drag La Prohibida.

3. Estereotipos de género en la cobertura mediática de Mónica Oltra

En las últimas décadas ha tenido lugar un proceso de celebrificación de figuras femeninas en la política. En un principio, estas mujeres políticas ejercían un rol de acompañantes de las figuras políticas masculinas, con casos paradigmáticos como el de Eva Perón o Nancy Reagan. Paulatinamente, fueron surgiendo figuras políticas femeninas con cargos importantes como Margaret Thatcher o Hillary Clinton. A día de hoy, las figuras políticas femeninas ostentan un rol protagónico en todo el mundo: lo vemos en casos como el de Yolanda Díaz, Kamala Harris o la primera ministra neozelandesa Jacinda Ardern. No obstante, pese a la consecución de mayores cuotas de representación, como recuerda la periodista experta en género Pilar López, siguen reproduciéndose roles de género en los medios de comunicación. Para muestra, el caso de Nancy Pelosi, nueva presidenta de la Cámara de los EE.UU., a quien el Washington Post describió como “abuela de cinco nietos” tras su nombramiento. Como expone Pilar López en ‘Los medios y la representación de género: algunas propuestas para avanzar’, algunos de los problemas del tratamiento mediático de las mujeres políticas son:

“La falta de visibilidad para las actuaciones de las mujeres que trabajan en el espacio público, comparado con las de los hombres; el doble rasero para informar sobre los currículos de ellas y ellos, destacando de las mujeres, desproporcionadamente, su currículo familiar y, en algunos casos, de afinidad personal e ideológica con el líder; (…) desautorizando el trabajo aún no realizado o, directamente, no mostrando ningún escrúpulo incluso en insultar a las políticas elegidas”.

Para analizar el tratamiento mediático en Mónica Oltra hemos escogido tres momentos de su carrera política: uno perteneciente a su etapa en la oposición, otro que representa el impasse en el que pudo convertirse en presidenta y las presiones mediáticas que recibió y un último momento que representa su etapa como Vicepresidenta. A continuación, hemos llevado a cabo una selección de piezas periodísticas que analizan los temas en cuestión, y hemos tratado de vislumbrar cuáles son los estereotipos predominantes en cada una de las coberturas mediáticas. Para ello, hemos partido de los cuatro roles trampa que Rosabeth Moss Hunter identifica en la cobertura mediática de las mujeres: la seductora (una mujer preocupada sobremanera por sus atributos físicos, su belleza y su indumentaria), la madre (mujer apegada a su hogar, a sus hijos y que concilia la vida laboral y familiar), la mascota (mujer agradable y complaciente, especialmente con otros hombres políticos) y la doncella de hierro (mujer con atributos contrarios a los que se asocian a la feminidad, implacable y que gobierna con mano de hierro).

El primero de los momentos tiene lugar cuando la entonces presidenta de les Corts Valencianes Milagrosa Martínez expulsa a Mónica Oltra, portavoz de Compromís, por llevar esta una camiseta con la fotografía del presidente Francisco Camps y la frase “Wanted. Only Alive”, ante la incomparecencia de este en la sesión de control. En los artículos analizados, publicados en El Mundo, El País y Las Provincias observamos cómo predomina el rol trampa de la mujer de hierro. Todos coinciden en señalar a la diputada como una radical que huye de las formalidades requeridas en una Cámara parlamentaria; entre líneas, leemos una falta de respeto al “decoro” que se exige de una mujer según los estereotipos de género y nos preguntamos: ¿Se llevaría a cabo el mismo tratamiento si fuese un hombre quien realiza esta acción reivindicativa? Mientras El Mundo destaca que se le había pedido quitarse la camiseta “por respeto a una institución como es la Generalitat”, Las Provincias lamenta que la candidata “se vaya de rositas”, y deja entrever que “ni siquiera habrá una sanción económica” y que “podría haber sido suspendida incluso de sueldo”. Por otro lado, si bien El País es más benévolo con la actuación de Oltra, legitima las represalias contra esta, exponiendo que “desbordó la capacidad de la presidenta del hemiciclo” y trasladando la responsabilidad del desencuentro sobre Oltra. 

El segundo momento tiene que ver con las elecciones autonómicas de 2015, en las que Mónica Oltra suma, junto a Podemos, más votos y escaños que el Partido Socialista, motivo por el cual se postula como presidenta. Según afirma su jefe de Gabinete Miquel Real, ese mismo día se inicia una campaña contra Oltra “en la que epítetos como “ambiciosa” o “usurpadora” han continuado hasta el día de hoy”. Llevando a cabo una comparación con la figura del presidente Puig, Real observa que “cuando Mónica Oltra es ambiciosa se relaciona con que es maquiavélica y malévola, y cuando lo es Puig, con que es un estadista”. Tras las elecciones, hemos encontrado tres tipos de artículos sobre Oltra: los que destacan sus preferencias y comentarios sobre el aspecto físico de otros políticos y sus tendencias sexuales (que coinciden con el rol de seductora), los que destacan su papel de madre y su rol familiar y de cuidados, que la definen como “una madre fiel a sus amigos y a su familia, tanto o más como a sus ideales políticos” y los que responden de manera clara a la descripción dada por su jefe de Gabinete (rol de la mujer de hierro). Es el caso de un artículo del diario ABC, que la llama la “mantis religiosa” de la política valenciana, y señala, de manera explícita que “el de Oltra es un fin más impreciso, definido solo por la condición de elevarse un estadio más en una carrera con meta en el mero ejercicio del poder”.

Por último, hemos escogido un momento del presente. Este tiene lugar cuando el exmarido de la Vicepresidenta, trabajador social, es condenado por abusos sexuales a una menor. Como Oltra es la responsable de los centros tutelados de menores, la oposición ha iniciado una campaña mediática contra ella. En este caso, según afirma su jefe de Gabinete, “existe una campaña personal para atacar a la persona, y no a la política”, característica clave en la celebrificación. Este rol de la mujer de hierro sin escrúpulos se refleja en una pieza de El Español, titulada “Hermana, yo sí te creo, salvo que tu abusador sea la expareja de Mónica Oltra”, donde se instrumentaliza este caso para atacar al feminismo y se responsabiliza a Oltra de los actos de su expareja de manera explícita: “para desgracia familiar de la dirigente, el autor de los abusos es su exmarido”. En medios como Valencia Extra u OK Diario se citan textualmente párrafos del informe emitido por el PP al Defensor del Pueblo exigiendo una investigación y, pese a que en el citado informe la ataquen de manera personal, se reproducen acríticamente, hecho que enmarca a Oltra, de manera implícita, como una mujer de hierro sin escrúpulos. Se evita en todo momento dar las dos versiones. Al tiempo, numerosos medios como ABC entrevistan a la víctima de los abusos de su exmarido, a la que enmarcan en el rol de madre desamparada, tratando de revestir de políticos hechos personales: “No queremos que nuestros hijos vivan en centros de la Generalitat”, reza un titular.

4. Conclusión

En la presente investigación hemos analizado en qué términos se produjo el proceso de celebrificación de Mónica Oltra y hemos tratado de estudiar en qué medida se dan en ella los diferentes rasgos que caracterizan este fenómeno. Tras la irrupción del “momento populista” del 15-M y la Primavera Valenciana, Mónica Oltra se convierte en la voz de los desencantados con el Partido Popular y en todo un icono pop, lo que la lleva hasta la Vicepresidencia de la Generalitat. Los votantes anhelan conocer todos los detalles de su vida porque asocian la vida privada de la celebridad con su verdadera identidad, y ella es capaz de construir un relato sólido en que, al tiempo que se presenta como una ciudadana más, es la única capaz de plantar cara a un PP que parecía imbatible. 

Como contraprestación a este proceso, vislumbramos cómo quedan expuestos numerosos detalles de su vida privada, que refuerzan el relato de transparencia de Oltra y le otorgan credibilidad, su principal virtud. No obstante, este hecho es utilizado por los medios de comunicación para construir una imagen de Mónica Oltra como una persona maquiavélica y calculadora: una “dama de hierro” ambiciosa y dispuesta a todo por el poder, un marco que beneficia a sus rivales políticos masculinos, esencialmente a los líderes del PSPV y del PP, en quienes la ambición no es vista de manera peyorativa, sino que los convierte en auténticos estadistas.

 

 

Jordi Sarrión i Carbonell es periodista y politólogo. Fundador y director de la revista Mirall País Valencià. Colaborador de medios de comunicación. Actualmente en el master @compolin de la UPF (@srcarbonell)

Santiago García Cornejo es Comunicólogo con dos años de experiencia en medios de comunicación y con inclinación hacia la comunicación política e institucional.

 

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