Los Verdes alemanes: de dónde viene y a dónde van

ALEIX ANSELMO

Desde la década de los 80, iniciándose en el Parlamento Alemán con la activista por la paz Petra Kelly, los verdes alemanes se han consolidado en el sistema de partidos alemán con una mezcla de pragmatismo e intransigencia. El partido, que en sus inicios consiguió poner en la agenda del Bundestag nuevos temas como el ecologismo, el feminismo, o el pacifismo consiguió su consolidación a través de sus participaciones en gobiernos regionales y la atracción de la figura de Frauke Petry.

Tan pronto como llegó el éxito, llegaba también una división interna que se arrastraría hasta el día de hoy. Por un lado, se formaría el ala realo, los realistas, partidarios de acomodar el partido al sistema político alemán, acatar las reglas del juego y el sistema parlamentario, aceptando, entre otros ejemplos, la idea de entrar en gobiernos de coalición con el SPD. Por otro lado, apareció el ala más intransigente, los fundis (fundamentalistas) defendían los valores iniciales del partido. Los acontecimientos en parlamentos regionales dieron alas a la tesis realista, y los verdes forjaron a sus futuros políticos nacionales mediante su participación como socio menor del SPD en gobiernos como el del land de Hesse. Fue así como la sociedad alemana, tradicionalmente poco dada a experimentos electorales, empezó a perder el miedo de ver a los Verdes ostentando ministerios a nivel nacional.

Agotada la hegemonía de la CDU de Kohl en los 90, finalmente llegó el momento en que los verdes entraran como socio de coalición a nivel nacional. Sería de la mano de Joschka Fischer en 1998, que llegaría a ser vicecanciller y ministro de asuntos exteriores en la época del canciller Schröeder (SPD). El papel de los verdes en aquella coalición fue fundamental para reforzar tanto la línea de los realos como para presentar el partido al electorado alemán como algo que ya no daba miedo, algo que ya no se salía del consenso parlamentario. El partido empezaba a despojarse de la etiqueta hippie y despreocupada que le había sido otorgada en su fundación. Durante los años de Fischer como ministro de asuntos exteriores, los verdes habían demostrado su capacidad de gestión y adaptabilidad, cediendo en cuestiones tan delicadas como el apoyo de Alemania a los bombardeos sobre Belgrado en el conflicto entre la OTAN y el antiguo estado Yugoslavo. Su adaptación al terreno de juego político les consiguió también –aunque debilitados por el poco peso verde en la coalición con los socialdemócratas- la creación de un impuesto ecológico y la aprobación de un plan de abandono de la energía nuclear para 2021.

La salida del gobierno en 2005, debido a una nueva victoria de los conservadores de la CDU, situó a los Verdes en un nuevo contexto de partido bisagra. Ya por aquél entonces, estaban consolidados en la mayoría de parlamentos regionales (especialmente del oeste) y ampliaron su abanico de posibles socios, gobernando por ejemplo con la CDU en Hamburgo y con el SPD en Bremen. La agenda climática, combinada con el apoyo a políticas sociales y el trabajo en temas como el feminismo o el multiculturalismo eran premiados por su electorado, en general joven y urbanita.

La primera gran oportunidad de liderar el gobierno federal llegó en 2011. Después de la catástrofe de Fukushima y con las nucleares alemanas todavía en funcionamiento, la aparición del clima y el modelo energético como tema central de la política alemana disparó la intención de voto de los verdes en las encuestas, llegando a superar el 20% cuando sus mejores resultados giraban en torno al 10%. No obstante, la arriesgada decisión de la canciller Merkel de adoptar parte de las políticas verdes, el lastre de partido poco serio que aún arrastraban en algunas zonas de Alemania (el este especialmente) y la falta de experiencia en manejar esos números otorgaron al partido un decepcionante 8% en las elecciones generales de 2013 y poco más en 2017. Así pues, la habilidad política de Merkel a la hora de apadrinar cuestiones medioambientales y “robar” cuestiones a los verdes como la justicia social impidió la subida del partido, que se tuvo que conformar con la participación en varios gobiernos regionales.

La experiencia de 2011 sirvió especialmente para que el partido ganase apoyo en muchas regiones, pudiendo crecer así en cuadros y logrando lo que en el PSOE llamarían barones, como es el caso de Winfried Kretschmann, Ministro-Presidente de Baden-Württenberg, una de las regiones más ricas de Alemania. Esa participación en muchos gobiernos regionales y de distinto color (gobiernan tanto con la izquierda en Berlín como con el centro-derecha en Baden-Württenberg) ha forjado la imagen de un partido con una clara defensa de la justicia social, ambiental y de la cuestión de los refugiados, aferrado a la estrategia de ceder en busca del acuerdo, dispuesto a llegar a consensos amplios.

De cara a las elecciones de septiembre de 2021, una nueva oportunidad de liderar el gobierno aparece en el horizonte verde. La emergencia climática, la decepción y el hartazgo del electorado por la gestión del Covid han generado un anhelo de cambio en un electorado que lleva con la CDU y un socio menor desde 2005. Para esta ocasión, en la que los verdes a pocos meses de las elecciones vuelven a sobrepasar el 20% en las encuestas, parece que el partido se está preparando mejor para aprovechar y mantener la fuerza que las encuestas le otorgan. Por el momento, están capitalizando el descontento alemán con las medidas  COVID de la CDU, la permanente crisis del SPD y la polarización con la extrema derecha de AfD.

La candidata para septiembre de 2021 será Anaelena Baerbock, quien forma parte de la ya victoriosa ala realo. Baerbock, de tan solo 40 años, representa muy bien ese anhelo de cambio que los politólogos alemanes detectan. Casa a la perfección con los valores verdes, que a través de muchos años de gobierno han pasado de ser prohibitivos (no comáis carne, no uséis transporte privado) a propositivos (mejoremos el transporte público, incentivemos el reciclaje). Por primera vez, los verdes han elegido a una sola persona de candidata, anteriormente optaban por presentar una bicefalia que representase ambas alas del partido, que representase a ambos sexos y que fuesen originarios de este y oeste, lo que de entrada les relegaba ya a un partido sin candidato claro y, por tanto, a ser tomados como un partido menor.

En definitiva, a lo largo de sus 40 años de historia vemos como el partido verde ha pasado de la política de la calle a ostentar ministerios gubernamentales en casi todos los Länders alemanes. La consolidación de la estrategia mediante generación de consensos y pequeñas conquistas ha llevado a Los Verdes a una evolución de partido antisistema a ocupar el centro de la política alemana y apelar a un gran elenco de votantes. Veremos si de cara a septiembre de 2021 la sociedad alemana optará por confiarles su anhelo de cambio o si finalmente, como ya ha ocurrido con anterioridad, el partido verde vuelve a quedar relegado a ser el fiable socio menor de coalición.

 

Aleix Anselmo es Politólogo por la UPF y Máster en Comunicación y márketing político por CESCOMPOL y la UAH (@aleixanselmo97)