La propaganda totalitaria de Entreguerras

ARIADNA ROMANS

¿La propaganda es inherente a cualquier gran liderazgo? Esta herramienta política ha sido utilizada por los grandes líderes de la historia, pero si un momento de esplendor vive este mordaz instrumento comunicativo es durante los grande totalitarismos a principios del siglo veinte, en los años de entreguerras. El uso del cine, el arte, los carteles, la radio y cualquier otro elemento de expresión fueron usados como recursos propagandísticos por parte de hiperliderazgos dictatoriales, y tuvieron efectos sin precedentes en la construcción de sus sistemas políticos y sociales. 

El período de entreguerras nos brinda, sin lugar a dudas, los casos más paradigmáticos del uso de la propaganda como arma de guerra. Si bien son numerosos los casos en los que se encuentra esta conexión, a continuación destacaremos los diez que nos parecen más destacables.

  • CULTO AL LÍDER. Una característica indiscutible de todo totalitarismo es el culto al líder. Sin embargo, a nivel propagandístico, regímenes como el nazismo o el fascismo de Mussolini tomaron una presencia pública inaudita. Grandes marchas militares, carteles y esculturas en toda la región e incluso canciones y odas a su alrededor. El propósito de muchos era recuperar la figura del emperador, tan utilizada en grandes imperios anteriores, para crear un culto casi religioso alrededor del dirigente, que recibió diferentes apodos como “guía del pueblo”, “führer”, “generalísimo” o “duce”. Las campañas giraban en torno a estas figuras, reforzando los atributos del líder como la solución para el país y para un modelo “mejor” de vida y política. 
  • CHIVOS EXPIATORIOS. Nada une más a un colectivo que ponerlo en contra de otro. Si bien el ejemplo más paradigmático es el del pueblo judío en la Alemania de entreguerras, existen otros casos como el de la expulsión de la ciudadanía asiática en Uganda o el pueblo gitano y colectivo LGBTI en varios países de Europa. Concentrar la culpa de los principales males de una sociedad hacia un grupo que ya era criticado antes del régimen totalitario era una manera fácil y eficiente de personificar y materializar las frustraciones de un pueblo hacia lo que se convierte en un enemigo a eliminar. 
  • HÉROES DEL PUEBLO Y ESTAJANOVISMO. Si tenemos un líder y un chivo expiatorio, ¿cómo motivamos al pueblo a seguir al líder? Alimentando también su ego, generando ejemplos de ciudadanos que obtenían el éxito social, que demostraban a todos que ellos también podían tener su papel en la historia. El minero Alekséi Stajánov, que propugnaba el aumento de la productividad laboral en la Unión Soviética de Stalin, o los grandes héroes de la Gran Guerra en el nazismo, eran utilizados para incentivar una ambición, aunque limitada, de las masas a la pertinencia al régimen o movimiento.
  • JUVENTUDES Y ORGANIZACIONES JUVENILES PARA NUEVAS SOCIEDADES. Una buena forma de hacer propaganda es hacerla despacio, sin prisa, constantemente. Una educación basada en los valores del totalitarismo desde las edades más tempranas es una de las maneras más sencillas de conseguirlo. Las juventudes nazis fueron un gran ejemplo de ello, ensalzando los valores nacionalsocialistas desde la infancia. Los fasci de combattimento en la Italia de Mussolini también resultaron especialmente útiles para el Duce, que contaba con un ejército paramilitar constituido por sus más fieles partidarios. En la España de Franco, la Sección Femenina del partido Falange Española tomó un gran valor propagandístico y de instauración social de los valores del franquismo en las mujeres y, por ende, en sus hogares. 
  • GRANDES ACONTECIMIENTOS. Un método de mostrar el poder que uno tiene (o quiere tener) es haciendo gala de ello en grandes acontecimientos. Desfiles militares, grandes congresos, fiestas multitudinarias o excéntricas celebraciones masivas han sido protagonistas de grandes momentos propagandísticos de la historia. El congreso de Nuremberg marca un punto y aparte en la propaganda nazi, así como las marchas militares del fascismo italiano sirvieron para impresionar a la sociedad italiana. Los grandes acontecimientos populares no solamente servían para distraer al pueblo o celebrar victorias, sino también para demostrar el poder de un régimen aparentemente fuerte y poderoso. 
  • CONTROL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Si ya tenemos a la población organizada, necesitamos que esta recuerde constantemente los valores, ideales y, sobre todo, las normas del régimen totalitario. Para ello, el control de los medios de comunicación es una herramienta sumamente efectiva. La prohibición de la prensa extranjera, la “nazificación” de los medios más importantes de la Alemania de entonces o la promoción de un único canal de comunicación fueron algunas de las herramientas. Los cortes en la radio o la persecución de los que se atrevían a publicar críticas contra el régimen formaba parte también de esta técnica.
  • ARTE: ADOCTRINAR ENTRETENIENDO. El uso del arte para comunicarse con las masas se usa desde tiempos inmemoriales, desde los frescos en las iglesias o los murales en las cuevas. En la Alemania nazi, la música y el cine eran dos de las formas artísticas más populares, hecho que Joseph Goebbels, ministro nazi de propaganda, explotó a conciencia de dos formas diferentes: como envoltorio sonoro de los grandes actos propagandísticos o en las marchas militares, en las que se podían escuchar grandes piezas de Beethoven, Bruckner o Wagner; o bien como himnos que la población podía alinear con el nacionalsocialismo en medios informales como la radio, la televisión o en las calles. También tuvieron un gran impacto piezas cinematográficas como “El judío errante” (en alemán, “Der ewige Jude”) en el que se difundieron mensajes antisemitas de forma masiva a la población alemana. Stalin también usó a los constructivistas rusos y el realismo mágico del país para reforzar su imagen propagandística, con obras de grandes artistas del siglo XX como Alexander Rodchenko o Varvara Stephanova, que contribuyeron con numerosos carteles y posters de propaganda al régimen imperante. En el caso del fascismo, el futurismo italiano, con su sensación de dinamismo, velocidad y transformación social, también tuvo una importante presencia en la promoción propagandística del gobierno de Mussolini.
  • PARTICIPACIÓN EN ESPACIOS DEMOCRÁTICOS. No existe nada mejor para un régimen totalitario que su blanqueamiento por contacto con las democracias liberales del momento. Si un régimen participa corrientemente en espacios democráticos, interactuando con otros países con normalidad, ¿quién dudaría en relacionarse también con ellos? La organización de los Juegos Olímpicos por la Alemania nazi en 1936 fue, sin lugar a dudas, un gran acto propagandístico. La fotografía de la participación de Stalin en la Conferencia de Postdam, también. 
  • CENSURA Y QUEMA DE LIBROS. Los libros, los relatos y las historias mantienen pensamientos e ideas que, para un régimen que solo acepta una única ideología, pueden resultar peligrosas. Las quemas de libros son comunes en los totalitarismos, y son un poderoso elemento propagandístico por dos motivos: desincentivar a los desafiantes y limitar el librepensamiento. ¿El resultado? Menos opositores de la ideología totalitaria. La noche de los cristales rotos, con las quemas de libros que se consideraban “acciones contra el espíritu alemán”, representan esta idea fervorosamente. 
  • SIN EMBARGO, UN LIBRO POR ENCIMA DE TODOS. La mayoría de líderes totalitarios cuentan con su gran obra maestra, un libro en el que vierten sus ambiciones, proezas y, sobre todo, planes de futuro. El Mein Kampf de Adolf Hitler, el Libro Rojo de Mao, El Camino al Poder de Iósif Stalin o el Libro Verde de Muammar al-Gaddafi son algunas de las más destacadas obras totalitarias. Este libro no solo era promulgado por el régimen, sino que a veces incluso era el único material escolar que se tenía en las aulas durante el régimen.

LOS SPIN DOCTORS DEL TOTALITARISMO

Si bien estas prácticas fueron extremadamente efectivas para el refuerzo y propaganda de los regímenes totalitarios del período de entreguerras, nada hubiera sido posible sin sus spin doctors. Joseph Goebbels en Alemania, con su Ministerio de la Propaganda, es seguramente el caso más famoso. Su fervor por la doctrina nacionalsocialista le llevó a experimentar todo tipo de propaganda antisemita y aria a partir de nuevas herramientas como el arte, la radio, el cine o la música. En el régimen de Stalin, se utilizaron todo tipo de herramientas para modificar fotografías y retocar grandes escenas de la historia. Si bien no es discutible quién de todos los totalitarismos fue el principal impulsor de la propaganda, y si bien ya se habían utilizado recursos similares en el pasado, lo que resulta indudable es que, durante el período de entreguerras, la propaganda vivió su momento de máximo esplendor. 

RECOMENDACIÓN FINAL 

La serie de Netflix “Cómo se convirtieron en tiranos” es un gran recopilatorio que, en seis episodios, reúne las estrategias totalitarias de seis de los mayores grandes dictadores del siglo XX: Adolf Hitler, Josef Stalin, Saddam Hussein, Idi Amin, Kim II Sung y Muamar el Gadafi. Cada episodio se centra en un dictador distinto, focalizando en los temas más relevantes y donde la capacidad propagandística toma su mayor momento: conquistar el poder, aplastar a los rivales, gobernar mediante el terror, controlar la verdad, crear una nueva sociedad y gobernar eternamente. 

RECURSOS 

 

Ariadna Romans  es Consultora en ideograma. Politóloga y estudiante de Filosofía. Gestora de la Secció de Feminismes del Ateneu Barcelonès. (@ariadnarmans)

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Ver todo el monográfico 16: “Propaganda política”