El peso de los netcenters en las próximas elecciones

El pasado miércoles, 23 de enero, a las 18h, tuvo lugar un nuevo encuentro Beers&Politics en Guatemala. Hablamos de “El peso de los netcenters en las próximas elecciones”, junto a LUIS ASSARDO (@luisassardo).

Luis es consultor en Comunicación, Educación y Seguridad. Periodista. Gestiona procesos de Transformación Digital y desarrolla estudios e investigaciones sobre Comunicación Digital.

Nos vimos en el Club Alemán (3a. Calle 13-89, zona 15. Colonia Tecún Umán).

Este es el resumen realizado por Mateo Echeverría:

“Todavía hoy encuentro gente en la calle que no tiene ni idea de qué es un netcenter” afirma el periodista Luis Assardo durante el encuentro organizado por Beer&Politics el miércoles 23 de enero en Guatemala. Y bajo estas condiciones será difícil contrarrestar la influencia o los efectos nocivos que puedan tener este tipo de actividades en la próxima contienda electoral.

Tras más de 10 años de investigación, que podemos decir comenzó accidentalmente en el 2008 trabajando para ElPeriódico, Assardo ha sido capaz de ver y registrar la evolución del fenómeno que conocemos hoy como netcenter. En un inicio, los netcenters –que se “desarrollan dentro de internet”– comenzaron como una dinámica de “porras virtuales” con la intención de influir en la opinión pública. Estos se desarrollaron hasta evolucionar en enormes “ecosistemas de manipulación” en donde se “busca destruir la reputación” de ciertos “objetivos específicos”. Tal y como afirma en su artículo donde reúne toda la investigación, “pasó de ser una práctica de fanáticos a un negocio rentable que involucra a sicarios digitales”.

El periodista conoció de primera mano el fenómeno a través de una oferta laboral que afirma no haber rechazado “inmediatamente” con el propósito de inmiscuirse para conocer más a fondo el fenómeno. Él mismo relata que lo “intentaron reclutar para administrar grupos de personas que administraban decenas de perfiles falsos.” Después de ese primer contacto directo cayó en cuenta que no estaba frente a un tema “emocional de las redes sociales” sino que frente a un enorme negocio.

“La desinformación es un negocio rentable para muchísima gente”. Mal informar a causa de un error es muy distinto a mal informar “con una clara intención de manipular”. Entre los varios peligros producidos por estas actividades están la confusión de información generada estratégicamente, la aversión o rechazo generado a ciertas personas gratuitamente o sin fundamento. Esto culmina provocando en el ciudadano una enorme “fatiga de la información” que lo lleva a “creer todo lo que lee o nada”. Además, según Assardo “hay muchos posibles culpables. Pensar que solo hay un grupo detrás de todo es un error.”

El periodista confirma que a pesar de que la presencia de la población guatemalteca en las redes sociales es reducida –sobre todo en Twitter donde el fenómeno se encuentra más presente– las tendencias generadas desde estos grupos o “burbujas” han logrado permear dentro de “varios sectores de la sociedad”, logrando así su objetivo.

“La mayor desinformación se da en WhatsApp, en esas burbujas predispuestas a los temas” explica Assardo. En realidad, es sencillo entender cómo se multiplica y amplifica el fenómeno de la desinformación dentro de las redes sociales. Solamente hace falta que “el más crédulo del grupo” comparta información falsa o manipulada que pasará automáticamente a defender en caso de que sea cuestionada, por el simple hecho de que eso resulta más sencillo que aceptar una equivocación. Y así la maquinaria se ha puesto en marcha.

En un momento álgido de la conversación, un participante interviene con una pregunta relacionada al tema electoral sobre la capacidad que tiene el Tribunal Supremo Electoral para poder monitorear y controlar la dinámica “netcentera” a la que el conferencista da una respuesta con más sombras que luces. Assardo confirma que ninguna de las unidades especiales del TSE tiene la capacidad técnica, puesto que hasta hace poco no contaba con los recursos suficientes y no existe una reglamentación sobre las campañas políticas pautadas. Lo que nos queda por hacer es como ciudadanos es “si uno ve pauta, denunciarlo”.

 

 

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