Discurso en el debate de la Moción de Censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy

PEDRO SÁNCHEZ

Gracias, Sra. Presidenta.
Comparezco ante esta Cámara como candidato a la Presidencia del Gobierno
de España, a propuesta del grupo parlamentario socialista, al cual le doy las
gracias, y en cumplimiento de lo previsto en el artículo 113 de nuestra
Constitución.
Señorías,
El primer párrafo del artículo 1 de nuestra Constitución dice que España es un
Estado Social Democrático de Derecho. Un Estado que propugna como valores
superiores de su ordenamiento jurídico: la libertad, la justicia, el pluralismo
político y la igualdad.
Quiero comenzar mi intervención, señorías, reivindicando la vigencia de la
Constitución que los españoles nos dimos, hace cuarenta años, en 1978.
Revindicar su fuerza moral que descansa en un texto que nació del consenso
entre distintas fuerzas políticas que teníamos opiniones y visiones de nuestra
sociedad muy diversas, y que ha ofrecido esa Constitución a nuestro país el
mayor periodo de estabilidad política de su historia, y que supone la clave de
bóveda de nuestra democracia.
Quiero invocar la letra, el valor y la vigencia del espíritu de nuestra Constitución.
Y hacerlo además en nombre del PSOE, una organización que ha gobernado la
mitad de los 40 años de nuestro periodo democrático. Lo hago en nombre de su
grupo parlamentario que hoy, en su facultad de líder de la oposición, da una
salida, ofrece una respuesta constitucional a la crisis institucional provocada por
el actual presidente del Gobierno.
Esta moción de censura, señorías, es consecuencia –y aquí se ha dicho por
parte del diputado Ábalos-, es consecuencia de hechos gravísimos -insisto,
hechos gravísimos- que de forma reiterada en el tiempo han ido sacudiendo a la
opinión pública a golpe de imágenes que provocan bochorno, incredulidad e
indignación.
Imágenes de descrédito político e institucional que exigen una respuesta
contundente de esta Cámara, de los 350 diputados y diputadas aquí presentes,
si se pretende -y ese es nuestro propósito- recuperar el valor y el sentido mismo
de la política.

Esta moción, señorías, ustedes lo saben bien, nace de la propia Constitución
como mecanismo lógico de censura y de exigencia de responsabilidades
políticas de este Parlamento a este Gobierno.
Por tanto, nace de la incapacidad, señor Rajoy, de su incapacidad para asumir
en primera persona las responsabilidades políticas que toda España y la mayoría
de esta Cámara le exigen tras el conocimiento de la sentencia de la Gürtel.
Responsabilidades políticas que serían automáticas en cualquier democracia
homologable a la nuestra.
En la forma, -por mucho que usted, en fin, se empeñe en cuestionarlo-, en la
forma de esta moción emana del artículo 113 de la Constitución Española como
una herramienta legítima que tienen los grupos políticos para exigir, como decía
antes, las responsabilidades al Gobierno.
Pero lo importante es el fondo también, y en el fondo, esta moción nace de la
evidencia de que no queda otro camino para defender el prestigio de
instituciones gravemente dañadas como consecuencia del pronunciamiento de
la justicia la semana pasada. Empezando por la propia Presidencia del Gobierno
de la Nación. Un pronunciamiento judicial que incluye demoledoras afirmaciones
en torno a la propia figura de quien ocupa hoy el cargo de presidente de
Gobierno.
Señorías, en este momento tan graves, de crisis institucional, de crisis
económica, la mayor irresponsabilidad que se puede cometer sería la de no
presentar esta moción de censura contra quien es merecedor de un evidente
reproche político por parte de esta Cámara.
No sólo supondría eludir nuestra propia responsabilidad, la del grupo
parlamentario socialista, por no hacer uso de una herramienta que es
absolutamente constitucional y en consecuencia legítima. Sino porque nunca
antes en nuestra democracia una moción de censura, me atrevería a decir -y con
respeto al resto de grupos parlamentarios-, nunca antes una moción de censura
como la que se debate hoy, había sido tan necesaria por higiene democrática.

Señorías,
La corrupción actúa como un agente disolvente y profundamente nocivo para
cualquier país. Disuelve la confianza de una sociedad en sus gobernantes y
debilita en consecuencia a los poderes del Estado.
Pero también ataca de raíz a la cohesión social, en la que se fundamenta la
convivencia de nuestra democracia, si a la sensación de impunidad y a la lógica
por la envergadura de los hechos que están siendo investigados, la lógica
respuesta lenta de la Justicia, se une la incapacidad de asumir las más mínimas
responsabilidades políticas por los actores concernidos.
La corrupción merma la fe en la vigencia del Estado de Derecho cuando campa
a sus anchas o no hay una respuesta política acorde a la entidad del daño que
se ocasiona.
Y en último término, la corrupción destruye la fe en las instituciones, y más aún
en la política, cuando no hay una reacción firme desde el terreno de la
ejemplaridad.
La sentencia de la Audiencia Nacional hecha pública el pasado 24 de mayo,
sobre el Caso Gürtel, y más aún la ausencia de respuesta del poder Ejecutivo
que pretende ponerse de perfil, de nuevo, una vez más, ante la gravedad de los
hechos que han sido ya probados por parte de la Justicia, no admitiría –como he
dicho antes- más salida que la dimisión inmediata del Presidente del Gobierno
en cualquier democracia equiparable a la nuestra.
Por esta razón, y en este punto, quiero subrayar que quien activa esta moción
de censura es hoy el presidente del Gobierno de España.
Es usted, señor Rajoy, quien nos ha traído hasta aquí.
Pero, señorías, este escenario puede cambiar en este preciso momento, señor
Rajoy.
Este debate, en este mismo segundo, puede llegar a su fin.
Le voy a hacer una pregunta, señor Rajoy.
¿Está usted dispuesto a dimitir?
¿Está dispuesto a dimitir hoy, aquí, ahora?
Dimita señor Rajoy, y todo terminará. Podrá salir de la Presidencia del Gobierno
por decisión propia.
¿Va a dimitir, señor Rajoy, o va a continuar aferrado al cargo debilitando la
democracia y debilitando y devaluando la calidad institucional de la presidencia
del Gobierno?

Señorías,
Es el grupo parlamentario socialista quien activa esta moción de censura.
Pero es usted, señor Rajoy, señor presidente del Gobierno, es su obstinación de
aferrarse al cargo hasta las últimas consecuencias, cueste lo que cueste, sufra
quien sufra, nuestra democracia quien asume la auténtica autoría de esta
moción, de la cual más que su destinatario, usted, señor Rajoy, es su auténtico
proponente.
Así que dimita, señor Rajoy. Su tiempo, acabó. Dimita.
Dimita y esta moción de censura habrá terminado hoy, aquí y ahora.
Y es consecuencia de esa ausencia de la respuesta lo que motiva la censura
que pido a los 350 diputados y diputadas que están en esta Cámara, sobre un
Presidente que ha tomado la decisión, de nuevo, de ignorar el sentido común en
lugar de marcharse por voluntad propia.
Es hoy, aquí, Señorías, en este momento en el que deben ustedes dar una
respuesta que no admite más que dos alternativas: la continuidad o la censura
de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno.
Y este es el momento en el que su voto, Señorías, compromete su palabra.
Especialmente, la de quienes dijeron que venían a regenerar la vida democrática
de este país.
Ante toda la Cámara, persiste la imagen de un Presidente que opta por la peor
de las respuestas que es atrincherarse en el cargo, aupado por el peso de una
Cámara fragmentada, con grupos parlamentarios cuyos intereses son difíciles y
complejos de casar, eso es evidente, y que el propio Gobierno de España ha
tratado de ensanchar, precisamente para perpetuarse en el poder.

Pero, Señorías, señor Rajoy, aquí ha pasado mucho. Ha pasado tanto, que su
sola permanencia en el cargo debilita a nuestra democracia.
En fin, usted hace preguntas, nosotros también:
¿Qué más tiene que pasar, señor Rajoy?
¿No es suficiente el tenor de una sentencia en la que se reconoce que su palabra
como testigo, ya no merece ningún crédito para la Justicia?
¿No basta con que su partido sea condenado como responsable a título lucrativo
por las maniobras que constatan que acudió dopado a las elecciones generales?
¿No basta con que en la misma semana en que conocemos en que conocemos
esa sentencia, su propio portavoz parlamentario hasta el año 2008 haya
ingresado en prisión por supuestos delitos de corrupción tan graves como el
blanqueo de capitales o el cohecho?

¿No basta, señor Rajoy, con la acumulación de más de 900 cargos públicos
imputados por corrupción, incluyendo presidentes de diputación, diputados,
senadores, consejeros autonómicos y alcaldes?
¿No basta con que 12 de los ex ministros con los que usted compartió gabinete,
en el gabinete del señor Aznar como presidente del Gobierno estén investigados,
procesados o encarcelados?
¿No basta con que lo estén tres ex ministros de su propio Gobierno, señor
Rajoy?
¿No basta con que lo estén 9 ex presidentes autonómicos del Partido Popular?
¿No basta con el hecho de que su partido asume o sume más investigados,
procesados y condenados que ninguna otra formación política en toda la Unión
Europea?
¿Qué más tiene que pasar, señor Rajoy, para que entienda que su permanencia
al frente de la presidencia del Gobierno es dañina y es un lastre no solamente
para el país sino para su propio partido?
¿Se merece nuestro país estar pendiente de las sentencias que están al caer,
como ha dicho antes el diputado Ábalos, por innumerables piezas de corrupción
que supuestamente afectan al partido que usted lidera?
Es usted, señor Rajoy, quien provoca esta moción de censura.
Gurtel, los papeles de Bárcenas, la Caja B, los Contratos de la Generalitat
de Valencia, la Visita del Santo Pontífice, Fitur, la trama AENA, Emarsa,
Púnica, Lezo, Brugal, Over, Discos Duros…. Son nombres, desgraciadamente
para vergüenza de nuestra democracia, que forman parte de la memoria
colectiva de un país que está hastiado del serial corrupción.
Y que retratan una época de la que hay que pasar página.
Una página que tiene un momento culminante, a nuestro juicio, en la imagen de
la que usted fue protagonista hace escasamente diez meses.
Un 26 de julio de 2017, cuando por primera vez en la historia de nuestra
democracia, el Presidente del Gobierno de la Nación en ejercicio tuvo que
comparecer como testigo ante la Audiencia Nacional para dar testimonio de su
versión sobre los casos de financiación irregular que afectan a su partido. Aquella
imagen, Señorías, que devalúa la institución a la que representa ahora mismo el
señor Rajoy, constituía, a nuestro juicio, en sí mismo, motivo suficiente para su
dimisión.

Aquí, se dijo claramente por parte de la portavoz del grupo parlamentario
socialista y, por supuesto, también en mi caso como líder de la oposición. Ahora,
a través de los hechos probados, Señorías, en esta sentencia, sabemos que
usted no sólo fue testigo en aquella causa. También sabemos que ni siquiera
merece la consideración de ser un testigo creíble.
Su respuesta, señor Rajoy, su reacción a la sentencia de la Audiencia Nacional
no es sólo ajena al sentido común que usted tanto proclama. Es una afrenta al
cargo que usted ocupa. Su respuesta, o mejor dicho, su no respuesta, no es
digna, y es, en consecuencia, el último resorte que activó la moción de censura
que presentó el grupo parlamentario socialista.
Una respuesta, insisto, constitucional, lógica y debida ante su incapacidad para
ser parte de la solución y empeñarse, contra viento y marea, en ser parte del
problema.
Esa solución, señorías, se llama regeneración democrática. Y usted ha dejado
bien claro con sus actos que no puede formar parte de ella.
Por el bien del país, de la democracia, y también de su propio partido, señor
Rajoy, usted debería haber dimitido.
En este punto, señorías, a mí me gustaría hacer, como ha hecho el diputado
Ábalos, una mención especial a uno de los eslabones más valiosos de nuestro
Estado Social y Democrático de Derecho.
Ese eslabón lo conforman un pequeño grupo o un pequeño gran ejército de
hombres y mujeres honestos, que no se dejan intimidar por las presiones y que
consagran su labor al servicio público desde la judicatura, desde el ministerio
fiscal, o desde los Cuerpos Y fuerzas de Seguridad del Estado: son los
servidores públicos.
Que luchan pequeñas batallas cotidianas contra quienes se valen de artimañas
procesales. Contra quienes manipulan instituciones para allanar el camino a la
impunidad. Son aquellos que no ceden a chantajes ni a presiones. Son aquellos
que no se dejan intimidar y desempeñan una labor imprescindible para el Estado
Social y Democrático de Derecho.
Este país, señorías, tiene que mucho reconocer la inmensa labor de quienes
levantan el último dique de contención al servicio de la democracia, la fortaleza
y la limpieza de las instituciones.
Es el secretario de ayuntamiento que no miró hacia otro lado ante aquél
expediente desprendía el hedor de la corrupción. Es la fiscal que trabaja de forma
concienzuda y metódica, ajena a las presiones sutiles o expresas que llegan
desde otras instancias. Es el grupo de investigación de las Fuerzas y Cuerpos

de Seguridad del Estado, capaz de desenmarañar un enjambre de cuentas
bancarias, de sociedades interpuestas para seguir la pista del dinero en paraísos
fiscales, y en los que se amontona el dinero robado mientras la ciudadanía sufría
los recortes y la precariedad de su Gobierno. Es el juez que resiste contra las
maniobras dilatorias que perseguían invalidar el trabajo monumental de
sumarios construidos con dedicación, esfuerzo, y muchas renuncias no solo
profesionales, económicas, sino también personales, invocando nulidades
inventadas, señor Rajoy; fraudes de ley para derribar causas enteras, o
utilizando, en muchos casos, como hizo el propio Partido Popular, la figura de la
acusación particular para poner palos en la rueda a las investigaciones.
Hoy, cuando España se enfrenta a retos de países muy homologables al
conjunto de la Unión Europea, a retos de extraordinaria magnitud, y que hacen
a algunos caer en la tentación de reducir lo que este país representa y encarna
exclusivamente a símbolos, quiero invocar el auténtico patriotismo cívico de esos
hombres y mujeres que se esfuerzan por luchar contra la corrupción. En muchos
casos, jugándose hasta sus propias carreras profesionales y asumiendo un coste
personal y también profesional muy amargo.
Hay, señorías, un inmenso caudal de patriotismo cívico en quienes se esfuerzan
por apuntalar los cimientos del Estado de Derecho a base de trabajo y dedicación
callada desde el cumplimiento de lo que entienden como un deber cívico y como
una obligación ética.
Asumiendo como propia la tarea que hoy se echa en falta en quien, por razón de
su cargo, más tendría que estar sometido a los imperativos de la ejemplaridad y
también de la responsabilidad. E incluyo en esta relación que no pretende ser
exhaustiva a quienes han cumplido con su obligación cívica de no callar ante los
estragos de la corrupción.
No sólo a los servidores públicos, sino a ciudadanos anónimos que, incluso
desde la militancia política en sus propias filas, señor Rajoy, no callaron ante la
vergüenza y sufrieron el ostracismo y el desprecio por ello.

Señorías,
Quiero dirigirme expresamente a todos y cada uno de los diputados de esta
Cámara. A los 350 diputados y diputadas. Y en ellos, en todos y cada uno de
ustedes, a toda la ciudadanía a la que representan.
A una ciudadanía que hoy, independientemente de cómo piense o cómo vote;
independientemente de sus lealtades ideológicas y de sus afiliaciones políticas,
está esperando de todos ustedes la ejemplaridad que es incapaz de encarnar el
hoy Presidente del Gobierno.

Alguien que prefiere refugiarse en la trinchera de un cargo que ocupa desde la
soledad del grupo parlamentario que lo sostiene. Y que no se da por aludido,
pese a la censura más o menos explícita que todos los grupos políticos de esta
Cámara, excepto uno, que han ido desarrollando a lo largo de los últimos días.
Especialmente, después de que el Grupo Parlamentario Socialista formalizara
esta moción de censura. Su soledad, señor Rajoy, constituye el epitafio de un
tiempo político, el suyo, que ya se ha terminado aunque usted se empeñe en
vivir la ficción de una estabilidad en cartón piedra.
Su soledad, señor Rajoy, se levanta sobre la indignación de un país al que sus
gobiernos pidieron enormes sacrificios que han debilitado como consecuencia
de ello sus bases de cohesión social y sus bases de cohesión territorial.
Sacrificios que obligaban a apretar cinturones hasta la asfixia, a fuerza de
deteriorar los servicios públicos de forma metódica, mientras su partido tejía
complicidades a golpe de comisiones irregulares, de sobresueldos y de sueldos
en sobres.
Y lo que es aún más grave, y queda acreditado en la sentencia de la Audiencia
Nacional: Para concurrir a las urnas con ventaja, con un probado dopaje
económico que supone la constatación fehaciente del fraude a la propia
democracia; la constatación manifiesta de que el PP concurría a las elecciones
financiándose irregularmente.
Señor Rajoy, usted ha hecho antes referencia a ello, yo renuncié a mi escaño,
entre otras razones, porque siempre creí que otorgarle la prórroga política era un
error que España no se podía permitir.
Que apuntalar su liderazgo político suponía aplazar durante un tiempo lo
inevitable y en consecuencia se debilitaba al Estado ante los desafíos a los que
tenía que hacer frente. Desafíos como, por ejemplo, la calidad de nuestra
democracia, que está puesta ahora mismo en entredicho por su falta de asunción
de responsabilidades, la cohesión social y territorial a la cual he hecho antes
referencia, la despoblación, la dimensión medioambiental del desafío que nos
estamos encontrando, la igualdad de género, y, por supuesto, la proyección
internacional, la reputación internacional de un país que se ve agravada como
consecuencia de los escándalos que atenazan al partido que gobierna nuestro
Estado.
Cumplí mi palabra entonces por dolorosas que fueran esas consecuencias, entre
otras la de poder estar con ustedes representado el honor de ser uno más de los
350 diputados y diputadas representando a la ciudadanía en esta Cámara.
Hoy vuelvo al hemiciclo por tres razones. Por coherencia, por responsabilidad y
por la democracia.

Con la misma convicción y desde el dolor con el que abandoné el escaño, invoco
ahora el valor de esa palabra dada para impulsar esta moción de censura en
nombre del Grupo Parlamentario Socialista.
Pero también, en nombre de todos aquéllos que consideran llegado el momento
de abrir un espacio para el consenso que nos une en el rechazo a la moción o la
censura y la corrupción de su Gobierno, señor Rajoy, y por la regeneración
democrática cuya bandera levantaron muchos jóvenes, y no tan jóvenes, en
concentraciones hace años del 15-M.
Con todo, ni quiero ni voy a hacer un discurso sobre los avatares que jalonan
esta legislatura. Y lo hago partiendo además señorías, señor Rajoy, de una
sincera reflexión en voz alta para estar a la altura de lo que los ciudadanos
demandan de nosotros y entender el momento político tan complejo que
atraviesa nuestro país y que exige de altura de miras.
Esta es una legislatura que nació herida, como consecuencia de un Gobierno
que venía herido, de un partido que venía herido por los casos de corrupción que
atenazan y centran la vida política y el debate público durante estos años, y que
ahora se enfrenta a un capítulo anunciado por pura lógica política y del que
estábamos sobradamente avisados.
Señorías, habrá quien tenga la tentación de agitar fantasmas del pasado para
frenar la incuestionable fuerza moral de esta moción de censura. De hecho, todo
el país ha sido testigo de la puesta en práctica de esa estrategia a lo largo de los
últimos días, de estas últimas horas. Antes ha hecho referencia el diputado
Ábalos a ello. Una estrategia marcada, como ha hecho hoy de nuevo el
presidente del Gobierno en esta tribuna, por el descrédito, el insulto personal y
la ofensa que quien les habla y también de mi partido, hemos tenido que soportar
durante estas últimas horas y durante estos últimos días.
Una estrategia combinada con el chantaje a que intenta someter a esta Cámara,
ofertando una estabilidad manchada de corrupción contra el supuesto caos de la
regeneración democrática que pretende hacernos creer el señor Rajoy.
Señor Rajoy, señorías del Grupo Parlamentario Popular, no se puede obligar a
un país a elegir entre democracia y estabilidad, porque no hay mayor
inestabilidad que la que emana de la corrupción. Porque se normaliza la
corrupción, fingiendo que aquí no ha pasado nada, que hay que mirar hacia otro
lado. Porque supone proclamar a los cuatro vientos que la política puede tolerar
tácitamente la corrupción. Que siempre ha estado ahí, y que siempre estará. Y
que España y los españoles tienen que acostumbrarse a esa enfermedad crónica
que usted pretende curar mirando hacia otro lado.

En todo caso, señor Rajoy, ya le aseguro que no era una sorpresa, no me
sorprende que recurra a estos argumentos que, efectivamente, de innovadores
tienen poco. Ni de usted ni de miembros de su Gobierno que esta misma
semana, en esta misma casa, sin ningún tipo de rubor negaron la verdad judicial.
Por eso, y teniendo en cuenta sus antecedentes, sus ofensas tienen poco
alcance. Y por cierto, no van a merecer una réplica en reciprocidad de mi parte
del mismo tenor. No me espere de mi parte, señor Rajoy, ningún insulto en el
debate.
Entre otras cosas porque, aunque usted sea incapaz de verlo a estas alturas,
usted ya forma parte de un tiempo pasado al que este país está a punto, a punto
de pasar página, y lo que conviene a España es mirar al futuro sin miedo.
Pase lo que pase en este debate, hoy España empieza a despejar la ecuación
de su inexplicable permanencia al frente de la Presidencia del Gobierno. Y lo
hace para abrir un tiempo del que usted ya no va a formar parte.
Un tiempo para abrir consensos que afronten los grandes retos que tenemos por
delante. Que atienda las urgencias sociales y medioambientales que su gobierno
jamás tuvo la voluntad de atender. Un tiempo para rearmar moralmente al Estado
Social y Democrático de Derecho y para poner las instituciones a la altura que la
ciudadanía merece, espera de la política.

Señorías, esta moción de censura es la respuesta constitucional a una
emergencia institucional. Una respuesta que encabeza el PSOE como líder de
la oposición, y que acepto en nombre de un partido que siempre ha estado a la
altura de los grandes desafíos que afrontaba nuestro país.
Un partido, señor Rajoy, de Estado, ya sea en el Gobierno o en la oposición. Que
está presente en los Ejecutivos de diez comunidades autónomas y en miles de
ayuntamientos gobernando.
Señorías, no podemos desconocer las excepcionales circunstancias en las que
se hoy se debate esta moción. Circunstancias que obligan a entender la
aritmética parlamentaria tan compleja como un factor decisivo en el desempeño
del Gobierno que surja de prosperar esta moción.
La Constitución señala como imprescindible vincular la censura y la propuesta
de Gobierno alternativo. En definitiva, prima la naturaleza constructiva de este
instrumento común en democracias equiparables a la nuestra. Y así debe seguir
siendo.

He afirmado públicamente ante los medios de comunicación y ante la opinión
pública mi voluntad de encabezar ese Gobierno:
– Un Gobierno socialista.
– Un gobierno Paritario.
– Un gobierno Europeísta.
– Un Gobierno garante de la estabilidad presupuestaria y económica.
Cumplidor, en consecuencia, con sus deberes europeos.
– Un Gobierno que cumplirá y hará cumplir la Constitución.
– Un Gobierno que hará del diálogo su forma de hacer política. Con
todas y cada una de las fuerzas parlamentarias, con todos y cada uno
de los Gobiernos autonómicos.
– Un Gobierno con una hoja de ruta clara que consensuaremos con los
grupos parlamentarios mayoritarios en esta Cámara: primero,
recuperar la estabilidad, la normalidad política que ha sido violentada,
sacudida como consecuencia de la falta de asunción de
responsabilidades políticas por parte del actual presidente del
Gobierno. Segundo, atender a las urgencias que tenga el país y
tercero, convocar las elecciones generales para que lo españoles y
españolas decidan el rumbo que dar al país con su voto.
Tres etapas guiadas por el consenso como herramienta fundamental. Un
Gobierno, mi Gobierno, que va a entender como uno de sus principales
cometidos la construcción de un consenso para convocar unas elecciones
generales.
Y hasta que llegue, un Gobierno que garantice la estabilidad frente a las
incertidumbres y desafíos inmediatos a los que se enfrenta España. Un Gobierno
que formule su propuesta- y esto me gustaría subrayarlo- a partir de un programa
de estabilidad moderado, realista y de consenso.
Quiero resumir esa vocación, ese programa de estabilidad en cuatro puntos:
– La estabilidad institucional y regeneración democrática, el primero.
– La estabilidad macroeconómica y presupuestaria, el segundo.
– La estabilidad social, laboral y medioambiental, el tercero.
– Y la estabilidad territorial como cuarto eje de este programa de
estabilidad.

En el ámbito de la estabilidad institucional y la regeneración democrática, y
ustedes lo saben mejor que yo porque conviven con ello semanalmente,
partimos de la necesidad de superar una etapa, esta etapa, la que ha abierto el
gobierno de España en la que el Ejecutivo ha dado absolutamente la espalda a
esta Cámara. No sólo fue el primer Gobierno de la democracia que se negó a
asistir a una sesión de control convocada por el Congreso de los Diputados. No
sólo ha sido el Gobierno que en muchas ocasiones ha vetado la tramitación de
iniciativas, que les voy a contar que ustedes no sepan. Sino que también es el
Gobierno que ha hecho gala de no atender, cuando no de despreciar las
resoluciones parlamentarias aprobadas por la mayoría de esta Cámara,
negándoles cualquier valor.
Señorías, el nuevo Gobierno que surgiría de esta moción de censura asumirá la
necesidad de fundamentar su actuación en aquellas medidas que, a lo largo de
esta legislatura, han generado amplios consensos parlamentarios. Consensos
que merecen la pena ser explorados a la hora de entender este tiempo en el que
la pluralidad política obliga a entender el diálogo como un mandato imperativo.
Tenemos ejemplos de acuerdos que abren una senda que merece la pena
recorrer. Esta Cámara, por ejemplo, ha apostado por garantizar la independencia
de la Corporación de RTVE. Por restituir la universalidad de la sanidad pública
quebrada por la mayoría absoluta en el pasado mandato del señor Rajoy. Por
acabar con los aspectos más regresivos de la ley mordaza o por garantizar que
las becas sean un derecho para los estudiantes con menos recursos, o por
derogar el impuesto al sol que muchos colectivos están pidiendo. Podemos
hacerlo, Señorías.

Y la razón fundamental es que hemos alcanzado acuerdos sobre iniciativas
aprobadas en esta Cámara como resoluciones -ignoradas de forma reiteradapor
un ejecutivo empeñado en consolidar una obra legislativa no sólo escasa,
que también, sino profundamente regresiva en derechos y que el señor Rajoy
levantó cuando tenía la mayoría absoluta que hoy no tiene.
Medidas que resumen, de forma clara, una actitud de bloqueo de los acuerdos
necesarios para su aplicación cuando la oposición ha intentado su tramitación a
través de iniciativas legislativas.
Por cierto, acabo de hacer mención al acuerdo parlamentario para garantizar la
independencia de RTVE. La manipulación, señor Rajoy, también es corrupción.
Y en un medio público representa una amenaza que nuestra democracia no
puede tolerar. Por ellas, por las mujeres que se visten de negro en defensa de la
libertad también presenta el grupo socialista esta moción de censura.
El gobierno que salga de esta moción de censura iniciará la derogación de los
aspectos más virulentos de la Ley Mordaza. Me comprometo a impulsar la
derogación urgente de aquellos artículos que fueron recurridos ante el Tribunal
Constitucional por el PSOE y por los grupos parlamentarios de la oposición. Me
refiero a los artículos que limitan desproporcionadamente, a nuestro juicio, el
ejercicio de los derechos de reunión y manifestación y la libertad de expresión,
a los artículos que restringen la libertad de información de los profesionales del
periodismo o a la disposición final que permite la expulsión de extranjeros en
frontera de forma arbitraria y sin derecho a la tutela judicial efectiva.
Son medidas señorías, de regeneración democrática e impulso de las libertades
públicas, absolutamente imprescindibles para poner fin a un periodo sombrío, en
el que la labor de esta Cámara se ha visto constantemente obstaculizada por la
actitud de un Ejecutivo empeñado no sólo en no hacer; sino en no dejar que otros
hicieran.

Señorías, el señor Rajoy ha hecho referencia también al ámbito del debate de
los Presupuestos Generales del Estado. Como he dicho antes el programa de
estabilidad que propongo a la Cámara es un programa cuyo segundo punto
corresponde a la estabilidad presupuestaria y también macroeconómica. Quiero
comprometerme ante esta Cámara, señorías, en primer término al compromiso
de cumplir con las obligaciones derivadas como Estado miembro de la Unión
Europea.
De este compromiso se deriva, y quiero subrayarlo, nuestra voluntad de gobernar
manteniendo los Presupuestos Generales del Estado aprobados por esta
Cámara, y todavía pendientes de tramitación en el Senado. Es una decisión que
asumo desde la responsabilidad para garantizar la gobernabilidad de nuestro
país. No esperaba un aplauso del grupo parlamentario popular, pero se gradece.
Insisto, el programa de estabilidad va a garantizar el mantenimiento de los PGE
aprobador por esta Cámara y todavía pendientes de tramitación en el Senado.
Es una decisión que asumo desde la responsabilidad para garantizar la
gobernabilidad de nuestro país en un momento extraordinariamente complejo.
Un partido de Estado como el mío tiene presente esa obligación, ya sea en la
oposición o desde el Gobierno. Y no vamos a abdicar de esa responsabilidad de
estado, señorías.
Y lo haremos a pesar de la manifiesta oposición de mi grupo a unas cuentas que
no abordan los grandes retos pendientes de nuestro país; no cuestionan un
modelo de crecimiento basado en la precariedad, generador de la desigualdad
que amenazan la cohesión social y territorial.
Unas cuentas que también han merecido reproches, tanto de la propia Comisión
Europea como de la AIREF, por los riesgos evidentes de incumplimiento del
objetivo de déficit público, en un país como el nuestro, todavía sometido al
Procedimiento Excesivo de Déficit Público.

Señorías, a día de hoy, a 31 de mayo, España sigue sin contar con un
Presupuesto en vigor. Conviene tener en cuenta esto, señor Rajoy, para poner
en cuarentena las apelaciones a la estabilidad con las que algunos, ustedes,
incapaces de cumplir los plazos establecidos, se permiten aludir a la inestabilidad
como un mal al que pretenden ser ajenos.
No hay mayor inestabilidad que la derivada de la incapacidad para llegar
acuerdos. O vivir en la esperanza de la prórroga presupuestaria. O de incumplir
los compromisos asumidos en un ámbito crucial como el de la financiación
autonómica, al cual usted ha hecho referencia, señor Rajoy. Usted lleva
gobernando este país más de 6 años y ¿reprueba a la oposición que no se haya
aprobado la financiación autonómica?
En definitiva. Este no es nuestro presupuesto, pero no lo vamos a retirar por
responsabilidad de Estado. Y nos vamos a centrar en el futuro.
Señorías, a estas alturas del año, esta Cámara debería estar a punto de iniciar
los trabajos preliminares para aprobar las cuentas públicas del año 2019. Si
alguien quiere una definición más plausible de la inestabilidad, del
incumplimiento de los plazos constitucionales se me ocurren pocos ejemplos tan
claros como este.
Y, junto a ello, si la Cámara lo considera oportuno y si está en mi mano hacerlo,
lógicamente abordaremos la reactivación de nuestro Sistema nacional de
Ciencia y Tecnología abandonado por ustedes. Sentaremos las bases para la
necesaria transición ecológica de nuestra economía. El fortalecimiento de los
organismos reguladores y la defensa de la competencia, en beneficio del
consumidor y usuario. La Ley de Transición Energética y Cambio Climático que
incentive la inversión en renovables. Sentar las bases para recuperar las hoy
abandonadas políticas activas de empleo en un país que sufre el desempleo de
larga duración, para elevar la cobertura de los desempleados, en especial de
aquellos mayores de 50 años. Cumplir y ejecutar las inversiones en
infraestructuras comprometidas. Y cumplir con el compromiso de poner en
marcha el plan de lucha contra la despoblación que usted aprobó también con el
consenso de todos los presidentes y presidentas autonómicos en una
Conferencia de Presidentes hace más de un año y que continúa usted
incumpliendo. Y, por supuesto, no quiero dejar de mencionar la defensa en
Europa de los intereses de nuestros agricultores y ganaderos que lógicamente
no se ven atendidas por el actual gobierno. No nos vamos a olvidar de la PAC.
He empezado diciendo que el Gobierno que propongo a la Cámara será un
Gobierno firmemente europeísta.

Y el próximo mes de junio, y además ha hecho referencia el señor Rajoy a ello,
se celebrará un importante Consejo europeo donde se decidirán los próximos
pasos a dar en la integración monetaria y económica. Me comprometo a
comparecer como presidente del Gobierno antes de su celebración y a construir
un amplio consenso entre el poder Ejecutivo y el Legislativo para llevar a
Bruselas una posición de país.
Señorías, en el ámbito de la estabilidad social, tengo la firme convicción de que
es necesario afrontar urgencias que no admiten la más mínima demora.
Urgencias sobre las que tengo la convicción de que existe igualmente un suelo
común capaz de garantizar consensos en esta Cámara que pueden traducirse
en medidas concretas, dentro de los márgenes limitados a los que lógicamente
está sujeta la acción de un Gobierno en las circunstancias extraordinarias a las
que nos enfrentamos.
Y en ese sentido, me gustaría reivindicar lo que ocurrió en este país el pasado 8
de marzo. Este país cambió el 8 de marzo, señorías. Y lo hizo de una forma tal,
que terminó proyectando al mundo entero la imagen de una sociedad que no
tolera la existencia de brechas de género; y también la de una sociedad
igualmente beligerante contra la violencia de género. Abordar en consecuencia
la lucha contra la desigualdad salarial y en el empleo entre mujeres y hombres
también va a ser un objetivo prioritario para el Gobierno.
Un objetivo que contrasta con las declaraciones que hicieron algunos, el actual
presidente del Gobierno, cuando dijo aquello de “no nos metamos en esas
cosas”, ¿se acuerdan no? Una oda a la inacción en un ámbito en el que la
discriminación afecta potencialmente a la mitad de la sociedad española.
En consecuencia, asumo la necesidad de impulsar la Ley de Igualdad Salarial;
así como una Ley que asegure la igualdad de género en el empleo, en su acceso
y permanencia, en la formación y en la promoción interna en las empresas,
removiendo todos los obstáculos que la impidan y la dificulten.
Y asumo igualmente ante esta Cámara la necesidad de aplicar y cumplir todas
las medidas incluidas en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género.
Todas sin excepción; las presupuestarias, las de impulso legislativo y las de
actuación gubernamental.
Hay urgencias sociales que el Gobierno que pretendo encabezar no puede omitir
ni dilatar. Impulsar medidas de reactivación del diálogo social para desarrollar
ese Pacto de Rentas que están reivindicando y tratando de implementar los
sindicatos, y que nosotros lógicamente apoyamos, que aborde la dignificación
salarial de los trabajadores y trabajadoras, también va a constituir unos de los
elementos centrales de la estabilidad política e institucional que proclama esta
propuesta.

Máxime cuando todos los indicadores reflejan un mismo patrón. Las rentas del
trabajo siguen en retroceso; nuestro mercado laboral sigue preso de una
inaceptable tasa de temporalidad y la desigualdad se abre paso hasta consolidar
la figura del trabajador pobre, del autónomo prisionero de la rueda de la
precariedad, o el pequeño empresario ahogado por los impuestos, o el joven
incapaz de poder emanciparse por la burbuja que sufre la vivienda en propiedad
o alquiler.
Muchas de estas realidades resultan imprescindibles abordar con la reactivación
del diálogo con los agentes sociales.
Pero también mejorar la eficacia de nuestro Estado del Bienestar para combatir
la pobreza, va a ser uno de los principales objetivos en ese programa de
estabilidad social, y desde luego la pobreza infantil.
Y, Señorías, tenemos la obligación de reconstruir los consensos rotos en el
marco del Pacto de Toledo como consecuencia de la contrarreforma que aprobó
el Gobierno del PP en la pasada legislatura.
Las movilizaciones recientes han supuesto un auténtico aldabonazo en una de
las materias más sensibles de nuestro modelo de bienestar. Porque son los
pensionistas los que han abierto, desde una ejemplar dignidad, el camino en la
defensa de uno de los cimientos de nuestro modelo de Estado de Bienestar.
Y al margen de la necesidad de impulsar un debate sereno sobre el futuro de
nuestro sistema público de pensiones, tengo la convicción de que la ciudadanía
ha dicho alto y claro que no tolera retrocesos en una materia como esta.
Así que, asumo ese compromiso como asumo también el compromiso de
recuperar el carácter universal de nuestra sanidad pública, devolviendo a las
personas que viven en España la atención sanitaria de la que fueron excluidos
en abril de 2012.
Y en materia de dependencia, nos enfrentamos al legado dramático de más de
300.000 personas con el derecho reconocido y que no reciben ningún servicio o
prestación del Sistema. Es urgente un Plan que aborde esta dramática situación,
reduzca las listas de espera y cumpla con la ley, con la financiación, la parte que
le corresponde a la Administración General del Estado, porque son las CCAA,
singularmente las presididas por gobiernos socialistas, las que se están
haciendo cargo a pulmón de sostener el Sistema Nacional de Dependencia.

Señorías,
El partido proponente de esta moción forma parte de la historia de España. Y
muy especialmente de la historia democrática de nuestro país. Nosotros
asumimos con honor el hecho de ser la única fuerza política que ha gobernado
en todas y cada una de las comunidades autónomas de nuestro país a lo largo
de estos 40 años de democracia.
Tuvimos un papel protagonista en el desarrollo legislativo de nuestra
Constitución; de las principales leyes orgánicas reguladoras de los órganos
constitucionales y de la arquitectura esencial de nuestro modelo de bienestar. Y
participamos en el desarrollo del Estado Autonómico, con la convicción de que
la descentralización territorial, la desconcentración del poder y la democracia
han sido factores complementarios, determinantes, en una etapa de estabilidad
política y desarrollo económico más fecundo de la historia reciente de nuestro
país.
Por eso, y por el papel desempeñado en estas casi cuatro décadas transcurridas
desde la aprobación de la Constitución, siempre hemos obrado con la misma
lealtad institucional y altura de miras. Conjugando el orgullo que despiertan estas
siglas, las del Partido Socialista, y quienes compartimos su ideario, con la
defensa del interés general y con un profundo sentimiento de Estado.
Lealtad, por encima de todo, al Estado, renunciando a la tentación –en la que
siempre ha incurrido la derecha española, ahora las derechas- de hacer del
debate territorial un campo de batalla en el que dirimir intereses partidistas y
electorales. Y apelando al patriotismo cívico que descansa en aquello que nos
une. Sin poner el acento en lo que nos separa para alimentar retóricas
excluyentes que ahora mismo dominan la política española.
Por eso, el cuarto objetivo de nuestro programa de estabilidad consistirá en
restablecer los puentes con todas y cada una de las Comunidades Autónomas,
y sentar las bases que nos permitan normalizar las relaciones e iniciar el dialogo
entre el Gobierno de España y el nuevo Govern de Cataluña.
Petición de diálogo que también voy a extender al Gobierno vasco, del que
también forma parte el Partido Socialista de Euskadi, y al que agradezco su
compromiso por la estabilidad y la convivencia. Y su esfuerzo –porque me consta
así lo hizo el lehendakari Urkullu, y a ello hemos hecho pública referencia tanto
el primer secretario del PSC como yo mismo- por encontrar soluciones y forjar
consensos en las horas dramáticas de la crisis institucional sufrida en Cataluña
el pasado año.

Señorías,
Soy plenamente consciente de la excepcionalidad y las circunstancias de este
momento político. Circunstancias que parten, por un lado, de la incapacidad de
quien ostenta la presidencia del Gobierno de asumir la responsabilidad política
que la gravedad de los hechos sentenciados por la Audiencia Nacional aconseja.
Y por otro de la incapacidad de entender, por parte de este Gobierno, la
complejidad de un mapa parlamentario caracterizado por la fragmentación y la
dificultad para alcanzar consensos.
Creo firmemente en el valor de la palabra. Con esa idea inicié mi intervención,
basada tanto en la letra como en el espíritu de nuestra Constitución. Una norma
que no pretendo patrimonializar. Porque el mero hecho de ceder a esa tentación,
la de la apropiación de símbolos que pertenecen a todas las fuerzas políticas,
reside el germen –a mi juicio- de la debilidad del Estado de Derecho y de las
instituciones democráticas de nuestro país.
He reiterado a lo largo de mi intervención mi decisión de apelar a todos y cada
uno de los diputados y diputadas de esta Cámara. Lo hago consciente de la
necesidad ineludible de esta moción de censura como un mecanismo de
respuesta plenamente constitucional, y en consecuencia legítima, al amparo del
artículo 113 de la Carta Magna. Pero, por encima de todo, consciente de que se
abre ante esta Cámara una oportunidad que merece ser explorada.
Una oportunidad para articular consensos básicos con el fin de dar estabilidad a
las instituciones; atender las urgencias sociales, medioambientales, territoriales,
largamente postergadas por un gobierno sin pulso ni capacidad política,
reconozcámoslo; y una vez logrado, convocar elecciones generales para que la
ciudadanía decida con su voto el rumbo que dar al país.
Señorías, ha llegado el momento. Aquí y ahora. La decisión que deben tomar
sólo admite dos caminos que son mutuamente excluyentes. Sí o no. No hay
terceras vías.

Sí a la respuesta constitucional, constructiva y facilitadora del consenso y el
acuerdo.
Sí a la censura de la corrupción que actúa como la auténtica amenaza a la
estabilidad política e institucional de nuestro país.
Sí a elevar la calidad de nuestra democracia, que hoy está puesta en cuestión.
Sí o no.

O No a una censura que, paradójicamente, entraña un Sí mucho más grave, que
es el sí a la permanencia del Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno. De
sobra saben que la abstención equivale a decir No a la regeneración
democrática, y por tanto no hay término medio.
Así que apelo señorías a su responsabilidad última. A que no indulten con su
voto el cierre en falso de una prórroga que hace mucho tiempo debimos cerrar
en esta Cámara. A que abran una ventana de esperanza desde la convicción de
que, entre todos, podemos construir una España distinta. Con una democracia
sana. Fuerte. Ejemplar. Un país de oportunidades para quienes salieron a las
calles gritando contra la indignación y que hoy no se resignan a sufrir un gobierno
manchado por la corrupción.
Quien les habla, señorías, el Grupo Parlamentario Socialista al que represento
en esta moción de censura, cumple con la obligación de impulsar una censura
que dignifica nuestra democracia. No permitan, señorías, que la democracia
pierda esta oportunidad. Porque en la victoria y en el consenso para el futuro
reside la esperanza de superar un tiempo al que este país y su gente quiere
pasar página de una vez por todas. Háganlo posible con su voto.
Muchas gracias.