Discurso de victoria

JUAN MANUEL SANTOS

¡Muchas gracias, Colombia! ¡Muchas gracias, colombianos!

Muchas gracias a estos niños que me acompañan, ¡que serán la generación de la paz!
Hoy ha triunfado la unidad.
Millones de compatriotas apoyaron un sueño que compartimos.
Votaron por la ilusión de cambiar el miedo por la esperanza.
¡Muchas gracias!
Su apoyo nos obliga a trabajar y a mejorar cada día más.

Su apoyo nos compromete a seguir transformando las vidas de millones de personas como Ana Mercedes Plata, esa abuelita tan llena de afecto que –con su espontaneidad y sinceridad– nos alegró el final de esta campaña.
Cuando la visité en Villavicencio vi en su rostro las huellas de la desigualdad y de la guerra, pero también el brillo de la ilusión de que podemos construir un país mejor y más justo.

Hoy le digo a doña Mechas: No se preocupe. ¡Aquí está su “Juanpa”!
¡Vamos a seguir cumpliéndoles a los más pobres, a los más vulnerables, a los niños, a las mujeres y los adultos mayores!

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Estas han sido unas elecciones distintas.

Lo que estaba en juego no era el nombre de un candidato, sino un rumbo para el país.

Colombianos de muy diferentes convicciones políticas, incluyendo muchos que no simpatizaban con mi gobierno, se movilizaron alrededor de una causa, que es la causa de la paz.
Se movilizaron porque saben que la historia tiene sus momentos, y que este es el momento de la paz.

El momento de terminar este largo y cruento conflicto.

El momento de reconocer y responderles a todas las víctimas.

El momento de reconstruir las regiones azotadas durante décadas por la violencia.

El momento de trabajar más, mucho más, por la justicia social.

El momento de unirnos todos alrededor de un propósito común, del valor supremo de cualquier nación, como es la paz.

Ese fue el deseo y el mandato que expresaron los colombianos.

Un mandato que recibo con profundo agradecimiento y con toda humildad.

Y a eso dedicaré todas mis energías y las de mi gobierno.

Vamos a corregir todo lo que haya que corregir.

Vamos a ajustar todo lo que haya que ajustar.

Y vamos a reformar lo que haya que reformar.

Porque a eso nos debe llevar la paz: a poner en marcha profundas reformas en nuestro país.

Pero la exigencia no es solo para el Gobierno.

El mensaje para las FARC y el ELN es claro.

Este es el fin, y hay que llegar a él con seriedad y decisión.

Este es el fin de más de 50 años de violencia en nuestro país y el comienzo de una nueva Colombia con más libertad y más justicia social, ¡una Colombia en paz consigo misma!

Sabemos que concluir las negociaciones no será fácil.

Bien dijo el Papa Francisco hace unos días:

“Para conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia”.

Es cierto: no es ni será fácil. Siempre hay obstáculos. Siempre hay enemigos.

Durante la campaña muchos mostraron su escepticismo acerca de la posibilidad de alcanzar la paz y su temor de que lo hiciéramos a cualquier precio.

Recibimos su mensaje.

Esta no será –y así lo he dicho siempre– una paz con impunidad. ¡Será una paz justa!

Tendremos que dar pasos difíciles para asegurar que sea duradera. Y necesitaré el apoyo de los colombianos para hacerlo.

Esta paz será posible –además– gracias al valor y determinación de nuestras Fuerzas Armadas.

La paz será su victoria y por eso todos los colombianos les debemos gratitud y admiración a nuestros soldados de tierra, mar y aire, y a nuestros policías.

Y vamos a agradecerle a nuestra fuerza pública modernizándola y haciéndola aún más fuerte.

Porque no se trata solo del fin de la guerra.

Esta es una gran oportunidad para nuestro país.

Una oportunidad para crear más trabajo, para parar el crimen, para mejorar la educación de nuestros hijos y para asegurar que el crecimiento de nuestra economía beneficie a todos.

Sin el peso del conflicto sobre nuestras cabezas, ¡Colombia será mucho más grande!

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Al exministro Oscar Iván Zuluaga –junto con su esposa Marta Ligia y su familia– lo saludo y lo felicito por su votación.

Y a los colombianos que no votaron por mí les digo: gobernaré con el mayor respeto por mis adversarios políticos.

De eso se trata la paz: de entender que estamos en diferentes orillas en la contienda política pero respetamos nuestras diferencias.

No reconozco enemigos. No guardamos rencor.

Desterremos para siempre el odio y la violencia de nuestra democracia.

Pero les digo sobre todo que se unan a este propósito de paz, porque la paz no será la paz de Juan Manuel Santos, ni será la paz de este gobierno.

Será la paz de todos los colombianos. ¡Será la paz de ustedes!

Este es uno de los momentos más importantes de nuestra historia, y necesito su ayuda.

Por eso los invitos a todos, a los 47 millones de colombianos, ¡a la UNIDAD POR LA PAZ!

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Ayer jugó nuestra selección de fútbol… Ganó con contundencia, mostró de qué estamos hechos los colombianos y una vez más nos llenó de orgullo.

Nuestros jugadores nos enseñan que no es posible llegar a las grandes ligas jugando como individuos: ¡es indispensable trabajar en equipo!

Nos enseñan que para jugar en equipo hay que compartir un sueño, y hay que tener disciplina y perseverancia.

Por nuestros hijos y por las nuevas generaciones de colombianos, ¡vamos a conformar una selección nacional de gobierno para seguir construyendo un país más justo e igualitario!

A este segundo mandato llegamos con el conocimiento y la experiencia de 4 años de un gobierno lleno de logros, pero también de tareas pendientes que debemos acelerar o corregir.

En mi recorrido por las regiones del país escuché las sugerencias para que avancemos en la descentralización y para que profundicemos nuestra política social.

Y eso es lo que vamos a hacer. Porque habrá ¡más obras y más recursos para nuestro Caribe! ¡Más para nuestro Pacífico! ¡Más para nuestras fronteras! ¡Más para nuestra Orinoquía y Amazonía!

El nuestro ha sido –y seguirá siendo– ¡el gobierno de las regiones y un gobierno para cerrar las brechas!

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Quiero agradecer a Germán Vargas Lleras; a Luz María, su esposa, y a Clemencia, su hija.

Germán, usted ha sido un coequipero maravilloso.

Sus convicciones y su coraje; su gestión como ministro, donde se ganó el cariño de millones de colombianos, nos ayudaron a llegar hasta aquí.

Será usted un vicepresidente presente en las tareas de gobierno porque Colombia lo necesita. ¡Gracias, Germán!

Quiero agradecer al expresidente Gaviria, quien contribuyó con su conocimiento, con su experiencia y con su liderazgo, a que llegáramos a la meta final. ¡Gracias, presidente Gaviria!

También quiero hacer un reconocimiento a Clara López y a su compañera de fórmula Aída Avella porque en la primera vuelta hicieron una campaña de altura, y ahora –a pesar de las diferencias– han tenido el coraje de apostarle a la paz.

Y agradezco la hidalguía de mi contendor en los pasados comicios presidenciales, el profesor Antanas Mockus, quien nos apoyó, recordando que la vida es sagrada y la paz va en serio.

Y gracias, ¡muchas gracias!, a tantos otros dirigentes de izquierda, independientes, intelectuales y artistas; movimientos sociales, de mujeres, de víctimas, campesinos, afrocolombianos, indígenas, ambientalistas, maestros y sindicatos que se sumaron porque comparten nuestros anhelos de paz con sentido social.

Sus aportes –y también sus críticas– serán siempre escuchados y serán tenidos en cuenta.

Gracias –por supuesto– a los partidos de la Unidad Nacional: al Partido de la U, liderado por Sergio Díaz-granados; al Partido Liberal, liderado por Simón Gaviria y con ese gran coequipero que ha sido Juan Fernando Cristo, y a Cambio Radical, liderado por Carlos Fernando Galán.

Gracias porque avalaron mi candidatura y trabajaron sin pausa, en todas las regiones, por sacar adelante nuestra propuesta.

Gracias a tantos líderes y miembros del Partido Conservador, encabezados por el expresidente Belisario Betancur; del Partido Verde –A Lucho Garzón y Alfonso Prada, gracias por ese trabajo que hicieron–, del Movimiento Progresistas, del Polo Democrático, de la Alianza Social Independiente, de la Unión Patriótica, de Opción Ciudadana, de Aíco, que nos apoyaron en esta segunda vuelta y fueron decisivos para el triunfo. A LGTBI también muchas gracias, claro que sí.

A quienes votaron por el simple hecho de apoyar la paz pero han sido críticos de nuestras políticas en otros frentes les digo hoy que asumo ese respaldo como un gigante desafío: ¡que en 4 años nadie se arrepienta de haber votado por nosotros!

¡No les fallaremos! ¡A Colombia no le fallaremos en nuestro compromiso por la paz con más justicia social!

Y desde ahora los convoco a todos para que en el nuevo Congreso, que instalaré el 20 de julio, saquemos adelante las reformas que hacen falta para garantizar esa paz y esa equidad.

Por supuesto, gracias, ¡muchas gracias!, a nuestro gerente Roberto Prieto y a TODO el gran equipo de la campaña.

Gracias a los voluntarios, a los jóvenes, a los que trabajaron a brazo partido, acá y en las regiones, durante estos meses.

Cuentan con mi gratitud de corazón y para siempre.

Y gracias, gracias a esta familia hermosa que me acompaña y me ha acompañado en las buenas y en las malas.

Gracias a María Clemencia, a Martín, a María Antonia y a Esteban, ellos son mi fuerza y mi estímulo para continuar, como son las familias de todos los colombianos.

Quiero también agradecerles a mi padre y a mi madre. Agradeciéndoles esos principios y esos valores que me inculcaron desde el primer día de mi vida. Principios y valores que les inculcado a mis hijos. Principios y valores que he mantenido como brújulas y mapas durante mi Gobierno. La decencia, el juego limpio, la transparencia, esos principios deben ser siempre principios rectores de todo ciudadano.

Hace casi dos meses nos dejó Gabo, nuestro Nobel, pero nos quedan sus obras y, sobre todo, nos queda su palabra.

Él nos invitó una vez –hace 20 años– a que tuviéramos una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva.

Él habló de una educación que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que hemos despilfarrado en la violencia, y que nos abra a todos una segunda oportunidad sobre la tierra.

Y Gabo nos invitaba a hacerlo por el país próspero y justo que soñamos: ¡por un país al alcance de los niños!

Hoy, colombianos, al recibir su voto de confianza para un segundo periodo de gobierno, me comprometo con ustedes a trabajar por ese país que soñó Gabo y soñamos todos nosotros.

Y me encomiendo a Dios para lograrlo.

UN PAÍS AL ALCANCE DE LOS NIÑOS.

UN PAÍS CON OPORTUNIDADES PARA TODOS.

UN PAÍS RECONCILIADO.

¡UN PAÍS EN PAZ!

Porque todos UNIDOS, todos UNIDOS… ¡TODOS UNIDOS HAREMOS LA PAZ!