Cuatro formas de liderazgo. Crónica de un viaje a la Comisión europea

XAVIER PEYTIBI

Tres días en Estrasburgo, invitados por la Comisión Europea, dan para mucho. Un grupo de periodistas de internacional de diferentes medios españoles y dos consultores estábamos allí para aprender y para lograr y difundir noticias, con una espectacular agenda de reuniones con cuatro altísimos cargos de la nueva Comisión encabezada por Ursula Von der Leyden. De todos, no voy a hablar solo de lo que dijeron, sino especialmente de cómo lo dijeron y cómo su modo de actuar denota cuatro buenos ejemplos de buen liderazgo, que nos ofrece pistas para nuestros líderes:

1. El comunicador 

Impecablemente vestido de traje y corbata, apareció sonriente y saludó, una a una, a cada persona, dando la vuelta a la mesa alargada donde estábamos sentados y ofreciéndole su mano. Asumió su nuevo cargo hace unos días, como vicepresidente de la Comisión Von der Leyen y con la cartera del Comisionado europeo para la promoción del estilo de vida europeo. Anteriormente -y se nota- ejerció como portavoz principal de la Comisión de 2014 a 2019. No era la primera vez que lo escuchaba -en alguna reunión parecida en Bruselas-, y la sensación fue la misma. Si pensamos en comunicación, hay que pensar en Margaritis Schinas. Si pensamos en conocimiento de la UE, también. Como diría algún amigo argentino, es un «capo» en lo suyo. Y él lo sabe. Tiene respuesta clara y concisa para todo, como si llevara todas las respuestas del mundo apuntadas en un libro de notas que ha memorizado (de hecho, lleva siempre unas notas con él, preparadas por su asesor, lo que demuestra que nadie lo sabe todo y que todo hay que prepararlo). Y lo que no sabe, lo improvisa de tal manera que también parece que estuviera preparado. Es afable pero seguro de sí mismo, y sabe perfectamente que los periodistas allí reunidos necesitan algo para sacar un titular, y lanza algunos, como que 10.000 tropas Frontex, formadas por soldados de diferentes países y todas armadas y equipadas iguales con uniformes de la UE, van a estar antes de 2024 recorriendo las fronteras europeas. También explica que esas tropas se formarán in situ, para ser vistas por la población de esos lugares, porque -como también sabe- nada existe si no se vé. Sabe también que importan los off the record y siempre, antes de decir algo que no hay que repetir, indica que eso será off the record. Más tarde, ante la pregunta de una periodista, llega a comentar que hay que ir con cuidado al hablar. De hecho, tiene apuntadas ciertas palabras que no puede decir porque generan malas interpretaciones (por ejemplo metáforas bélicas) y debe buscar sinónimos, lo que denota su atención constante para comunicar buenos frames. Al finalizar, acompañado de su asistente, se despide desde la puerta. Ha estado 10 minutos más de lo previsto. El mismo tiempo que se retrasó al principio.

2. La personalidad

Sonriente y vestida con un vestido largo, de seda amarillo oro con lunares negros, se presentó puntual a la cita. Es Margrethe Vestager, desde el 1 de diciembre, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Europa de la era digital, y que fue comisaria europea de competencia de 2014 hasta ahora. Habla despacio, con muchísima seguridad. Lo mejor de sus palabras es que explica sus funciones con mucha naturalidad, pero con pasión y con compromiso por su misión como vicepresidenta, y responde, además, de forma personal, mirando a los ojos de quienes le preguntan. Lo hace constantemente, como interesándose por lo que pensamos y si lo entendemos. Mientras habla, su asesora, que se sienta junto a ella, observa discretamente un listado con la gente presente en el encuentro y nuestras fotografías, las cuales había sacado de Twitter (también indicaba el número de seguidores de cada uno en esta red social). En estas hojas iba apuntando también los temas de interés por los que preguntaba cada uno de nosotros. Una excelente y muy profesional técnica para futuras conversaciones con estos periodistas y que denota a la vez interés por documentar la reunión. Muy segura de sí misma, Vestager no duda en ninguna pregunta y todas las responde al segundo. Explica sus políticas y sus proyectos, y habla de preocupaciones como la insostenibilidad de que los grandes grupos tecnológicos paguen tan pocos impuestos en Europa, o de la necesidad de desarrollar tecnologías con el New Green Deal para minimizar el consumo de energía y mejorar la eficiencia energética. No usa el off the record en ningún momento porque dice que no le hace falta. Al salir, se despide dando de nuevo la mano a todo el mundo. En la puerta, antes de irse, se gira y, en un buen español y con una gran sonrisa dice: «feliz navidad», algo que seguro genera memorabilidad y buena valoración.

3. La presencia cercana

Llega 15 minutos tarde, pero su entrada es impactante. En dos zancadas lo tenemos al lado. Su fortaleza y un metro noventa de alto sobresale -mucho- sobre el resto. Da la vuelta a la mesa dando la mano a todo el mundo, con una encajada fuerte que mantiene unas décimas de segundo más de lo habitual, mirando a los ojos. En un momento dado, a un compañero se le cae una botella de agua justo antes de saludarlo. Su respuesta fue: «no te preocupes, puedes recogerlo. Es lo que suele pasar al tener delante a un hombre irlandés», ante la sonrisa de todos. Ante nosotros, el gran Phil Hogan, comisionado de Comercio desde el 1 de diciembre, y antiguo comisario de Agricultura y Desarrollo Rural. Se sienta junto a su asesor, que habla un buen español y que le ayuda discretamente con algunos mensajes o marcándole algo en sus apuntes (que obviamente él ha preparado y, por tanto, domina bien). El comisario es muy afable y sabe perfectamente lo que debe y no debe decir. Ha preparado junto a su equipo datos de comercio sobre España, lo que indica que se preocupa por quien es su público. También tiene otros datos que pueden resultar de interés a los periodistas allí reunidos, como que el 43% de comercio británico es con la UE, mientras que solo el 22% del de la UE es con el Reino Unido. Se muestra seguro de sí mismo y sabe responder a todo lo que se le pregunta, incluso dá algún titular. Sin embargo, su voz es baja, a veces ininteligible para quien no lo tiene delante. Es una muestra de que la presencia no debe ser solo física sino también de tono y de comportamiento no verbal. Todo comunica y, si hay que hacer un esfuerzo, por mínimo que sea, para captar sus -por otro lado- buenos y preparados mensajes, no se comunica tanto, o no tanto como se debiera. Su simpatía, sin embargo, era palpable, lo que genera una sensación de humanidad y empatía que, junto a su experiencia, hace que sea percibido como un político muy potente y cercano, alguien que es visto como un igual y en el que se puede confiar, algo que es muy difícil conseguir hoy en dia. 

4. El experimentado

Llega muy puntual a su hora, acompañado de Esther, su asesora. Se sienta tranquilo, después de saludar afectuosamente a todo el mundo. Tiene una dilatada experiencia y conoce a muchos de los periodistas presentes, por lo que está muy seguro de sí mismo. Josep Borrell es, desde el 1 de diciembre, el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Común y Vicepresidente de la Comisión Europea. El político responde con calma y bien a las preguntas sobre sus funciones. Especialmente interesantes me parecieron dos mensajes que lanzó y que muestran que siempre hay que tener claro qué se quiere decir a la prensa. El primero era sobre la lucha contra el cambio climático: en Europa hablamos siempre de reducir el dióxido de carbono creado, pero nadie habla nunca del dióxido de carbono consumido, pero que se produce (a través de multitud de productos) en otros lugares del mundo para los europeos. Yendo aún más allá: la UE, que de por sí contamina poco comparado con otros países, incluso podría llevar toda su producción industrial fuera y así contaminar cero, pero sería en vano  puesto que la contaminación es global y continuaría igual. Por eso es importante el multilateralismo, y él es el coordinador de toda la relación exterior. Nada se consigue solo, sino que hay que llegar a acuerdos con terceros países. Sobre esto, un segundo gran mensaje: además del acuerdo con terceros hay que acordar entre los países de la propia Unión, también en política exterior. Hoy en día hay una política exterior común, que no significa única. Para pasar de lo común a lo único hay que renunciar a algo, siempre, de la soberanía. A veces los valores y los intereses de la UE entran en contradicción, es ahí donde el diálogo y la búsqueda de consensos deben funcionar. Su asistente lo corrige discretamente un par de veces a través de pequeñas notas, incluso indicando a Borrell que diga que era off the record algo que había dicho cinco minutos antes, lo que ejemplifica que un asistente (o un buen equipo) no solo prepara reuniones, sino que vela porque el mensaje que se quiera dar sea el que les interese a ellos, no solo a los medios y, especialmente, que ese mensaje mal dado no genere un efecto foso de orquesta y los medios solo hablen de eso y no del mensaje que era objetivo de la reunión. Borrell, aun así, se seguía viendo seguro, mucho más sosegado y equilibrado comunicacionalmente que cuando era ministro. Lleva solo unos días en la Comisión, y se trata de ser más diplomático que nunca. Esto es Estrasburgo y la comisión europea. La veteranía es un grado y por eso está aquí, pero hay que hacerse con el puesto.

Las cuatro reuniones mostraron, en mi opinión, cuatro modos de ejemplificar el liderazgo y de generar percepciones comunicativas. Los cuatro son grandes líderes, con mayúscula, por sus cargos y por su forma de actuar. Y me parecía interesante analizar como un buen liderazgo puede tener diferentes formas de expresarse.

Otra visita fue asistir al pleno del parlamento europeo. Allí asistí a dos otras formas de ejercer el liderazgo, que añado a mi clasificación anterior.

5. El bufón 

Gritos, golpes en la mesa, jalearse entre ellos, insultos a los miembros del parlamento, críticas (algunas realistas, como la que se quejaba que había más gente en el público que en los escaños), risotadas, dar sus discursos gritando, mover banderitas británicas como si fueran niños, … El grupo de europarlamentarios del Brexit Party, encabezados por Nigel Farage parecían recién llegado de una despedida de soltero. Uno de sus parlamentarios, escocés, llegó a gritar, al estilo William Wallace, que habían conseguido la libertad, ante los aplausos y los apretones de manos de sus compañeros y compañeras. La alegría era obvia, por la victoria de Boris Johnson, pero lo que ví era digno de una película. Su objetivo, sin embargo estaba claro: con estas performances logran llamar la atención, y esa visibilidad gusta en sus redes y en sus medios afines, que les dan aún más difusión. Consiguen la imagen, o el audio, o el video, y ese el el único objetivo. Las bufonadas o los líos constantes les ayudan comunicativamente al principio, pero desde luego, no ayudan a hacer política. Las performances pueden funcionar, pero no si se hacen en todas las ocasiones, porque ya no sorprenden, sino que molestan. Una cosa es querer ser percibido como alguien políticamente incorrecto, que lucha contra el supuesto sistema. Otra cosa es parecer una compañía de mal teatro. Y no solo ocurre en el parlamento europeo, por desgracia.

6. Los defensores

Como contraposición a los cuatro discursos alternos, de un minuto, del Brexit Party, el resto de eurodiputados/as hablaban de sus temas. Algunos lamentaban que se hubiera confirmado el Brexit. Solo dos personas defendieron a las instituciones europeas: la propia Von der Leyden, desde su estrado, pidiendo respeto a los miembros del Brexit Party y diciendo que los insultos no ayudan a una futura buena amistad, y un eurodiputado que no por conocido no dejó de sorprenderme. Se trataba de Guy Verhofstadt, líder del partido ALDE y ex primer ministro belga. El eurodiputado, de pie, pero separado unos pasos de su escaño, con total confianza, sin apuntes y mirando a Farage, le explicaba que él no sentía para nada que su partido se fuera de la eurocámara, y que así podrían construir el futuro juntos, y que llegarían a acuerdos pero solo si el Reino Unido respetaba a los ciudadanos europeos, como la UE iba a respetar a los ciudadanos británicos. 

En resumen, tres días de europeísmo en la sede francesa de la UE. Gracias a Lucas, María Eugenia y Fedra por la invitación, y gracias a Nuria, Ana, Andrea, Carlos, Antonio, José Manuel y Verónica por su compañía en este viaje. 

 

Xavier Peytibi es Politólogo. Consultor de comunicación política en Ideograma. Profesor en diferentes masters. Autor de xavierpeytibi.com (@xpeytibi)