El pasado jueves 30 de enero tuvo lugar en Barcelona la primera colaboración in situ entre Beers & Politics, Politikon y el  Cercle Gerrymandering. Para los que no pudisteis asistir a la cita, estas son unas breves notas que, aunque desgraciadamente no pueden reproducir fielmente las exposiciones y debates que vivimos , al menos intentan transformar la exposición que hice en la forma escrita.

La principal pregunta de la que partía el debate es qué papel juegan la tecnología y la educación en la estructura ocupacional . Más en concreto, nos planteamos hasta qué punto el cambio tecnológico nos ayuda a mantener, mejorar y crear puestos de trabajo, o simplemente los destruye, sustituyendo y haciendo prescindibles los trabajadores. Y por otro lado, la pregunta que seguía lógicamente es si hoy en día el hecho de tener una mejor educación es un seguro para mantener y mejorar nuestro trabajo . En otras palabras , si vale la pena seguir formándose para tener una mejor situación laboral , o eso son cosas de tiempos pasados ​​y mejores . Todas estas preguntas pueden parecer de rigurosa actualidad , ya que afectan a nuestras vidas diarias, pero lo cierto es que acompañan a nuestras sociedades desde la revolución industrial.

Aunque las preguntas no han variado , sí lo han hecho las respuestas . Y una buena prueba de ello son los resultados publicados recientemente en el nuevo libro de Daniel Oesch sobre cambio ocupacional. El principal resultado del libro es que en las últimas dos décadas en los países estudiados (Dinamarca, Suiza, Reino Unido, Alemania y España) destaca la creación de puestos de trabajo en la parte más alta de la estructura ocupacional. Por tanto, no podemos hablar de una polarización ni empeoramiento del mercado de trabajo en general, sino de una mejora. La discusión está estructurada en tres partes que sigo en mi exposición: 1) el papel de la tecnología, 2) el de la educación por separado como factores para explicar la mejora de la estructura ocupacional en los países estudiados, y 3) cómo las instituciones del mercado afectan al resultado final.

Como todos sabemos – pero no siempre recordamos – el mercado de trabajo es un mercado y , por tanto, tiene una demanda de trabajo ( =por parte de los empresarios , principalmente) una oferta de trabajo (físico y eminentemente intelectual, por parte de los trabajadores). Pero hay unas instituciones que actúan como intermediarias dentro de este mercado: todo aquel tipo de regulaciones (salarios mínimos, negociaciones colectivas, tipo de contratos… ) que median y hacen de mediadoras de esta oferta y demanda.

Empezamos por la parte de la demanda: cómo ha afectado la tecnología a la demanda de trabajadores. No es nada nuevo decir que la tecnología modifica la forma de trabajo. Pero lo que sí es más destacable es que según qué tecnología se introduzca los puestos de trabajo empeoran o mejoran. Durante la revolución industrial, Karl Marx ya observó como la introducción de maquinaria en la industria sustituía el trabajo que hasta el momento hacían los artesanos manuales cualificados y que ahora pasaban a trabajadores manuales no cualificados, creando así el proletariado. Por lo tanto, tenemos un primer ejemplo de cómo la introducción de tecnología en el lugar de trabajo hace cambiar la demanda de trabajo: en lugar de necesitar trabajadores manuales cualificados necesitamos de manuales no cualificados. Este es el clásico ejemplo de la revolución industrial , donde se mostraba como la introducción de tecnología sustituía a trabajadores en lugar de ayudarles. Pero a partir de los años 70, cuando el sector servicios se expande en detrimento del sector agrícola y el sector industrial entramos dentro de la llamada sociedad post -industrial, caracterizada principalmente por la importancia que toman la Información y el Conocimiento. A nivel tecnológico , una de las grandes introducciones son los ordenadores y programas que nos ayudan a sistematizar , computar y transformar información que puede traducirse en conocimiento. En este caso, la introducción de este tipo de tecnología dentro del mercado de trabajo requiere de trabajadores con competencias y formación para utilizar esta nueva tecnología. Esto ha provocado un sesgo de demanda por competencias técnicas concretas- conocido por el término inglés como skilled-biased technical change (SBTC). Por tanto, mientras durante la revolución industrial el aumento de puestos de trabajo se centró en el escalón más bajo de la estructura ocupacional (manuales no cualificados) a lo largo de las últimas décadas lo que ha aumentado es el número de puestos de trabajos que requieren de personal cualificado no manual: principalmente personal de dirección y administración, gerencia, analistas y consultores, profesionales en todos los ámbitos (médicos , arquitectos, enfermeros, trabajadores sociales, abogados … ). Básicamente, puestos de trabajo cualificados de la clase de servicios.

Esto pues es una buena noticia, ya que muestra que la tecnología también puede mejorar los puestos de trabajo. Hasta el momento, somos capaces de producir tecnología que realice tareas rutinarias y sistemáticas, que no necesiten de una atención personalizada y concreta . De manera que nos ahorra hacer según qué tareas y, además, nos permite hacer de forma más productiva a través de la tecnología. Aunque parezca mentira , repito e insisto en poner el acento en que en total y proporcionalmente, a lo largo de las últimas décadas (en las sociedades occidentales ) ha aumentado el número de puestos de trabajo altamente cualificados y que requieren de competencias sofisticadas. Pero también es cierto que la tecnología que tenemos a disposición aún no es capaz de sustituir trabajos poco cualificados que necesitan de competencias interpersonales (ej: cuidadora , camarero) . De modo que queda una parte de trabajos no cualificados en el sector servicios que, por el momento, la tecnología difícilmente puede sustituir.

Pasemos ahora a ver cómo ha cambiado el que ofrecen los trabajadores y el papel central que ha tenido la educación. Si ha habido un cambio innegable desde mediados del siglo XX hasta la actualidad es el de la expansión educativa. Tanto la población como los gobiernos han hecho grandes esfuerzos e inversiones en educación. Esto ha permitido tener una población bien formada y capaz de realizar tareas más complicadas que la tecnología por sí sola no puede llevar a cabo. La demanda de puestos de trabajo también puede verse modificada por la oferta. Cuanta más gente haya con estudios superiores los puestos de trabajo que los empresarios ofrecen deberían adaptarse a esta población e intentar utilizar al máximo todos los conocimientos y competencias que tienen estas personas. Si un valor tiene la educación para el mercado de trabajo es que hace a las personas más productivas: con menos tiempo o recursos pueden hacer más cosas. A nivel personal y generacional nos puede parecer que no sale tanto a cuenta estudiar cómo salía antes, pero el motivo principal es que antes eran menos los privilegiados que accedían a los estudios y ahora es la población en general. Antes fue abogado o médico salía más a cuenta que por una cuestión de cantidad. Pero recordemos que todavía queda un porcentaje de personas con un nivel de formación y educación bajo y que están peor posicionadas en el mercado de trabajo. Así pues , siempre sale más a cuenta estudiar que no hacerlo si lo que queremos es conseguir un puesto de trabajo que requiera llevar a cabo tareas sofisticadas y no rutinarias. El problema es que esta época de expansión de los puestos de trabajo cualificados ha coincidido con un aumento en la inestabilidad económica y de las condiciones del mercado de trabajo. Lo cual nos lleva al último punto: las instituciones del mismo, que hacen de mediadoras entre esta oferta y esta demanda de trabajadores.

Tanto el cambio tecnológico como la expansión educativa se han producido de forma similar en las sociedades occidentales. Ambos fenómenos han afectado de forma muy similar en los diferentes países. Y ambos fenómenos han ayudado a mejorar los puestos de trabajo. Pero los resultados en los mercados de trabajo nacionales son diferentes. Las tasas de paro, actualmente y desgraciadamente más conocidas ahora que antes, son una buena muestra. Entonces, ¿qué hay de diferente entre un país y otro? Como ya he adelantado, las instituciones del mercado de trabajo. La forma en que se regula, por ejemplo, el salario mínimo, la negociación colectiva o los beneficios sociales derivados del trabajo pueden influenciar la estructura ocupacional.

Según la fórmula que se tome a la hora de combinar estas políticas de mercado de trabajo encontramos un resultado u otro. Destacan tres grandes modelos entre las sociedades post- industriales : el modelo tradicionalmente anglosajón, el alemán o continental y el escandinavo. Antes de dar una pincelada a cada modelo procede remarcar de nuevo que a lo largo de las décadas en todos los países occidentales han aumentado más el número de puestos de trabajo profesionales que los industriales no cualificados, y que en todos ha aumentado la tecnología aplicada a estos puestos de trabajo. Pero hay unos que tienen una estructura ocupacional más polarizada, con más distancia entre los posiciones más altas y más bajas del mercado de trabajo.

Las principales variaciones se dan entre los tres modelos que os presento: el modelo anglosajón apuesta por la plena ocupación al precio de una mayor polarización. Se mantienen puestos de trabajo de baja cualificación, pero todo el mundo tiene trabajo. Contrariamente, el modelo alemán apuesta por trabajos más cualificados, pero los que tienen menos estudios se quedan fuera del mercado de trabajo o en paro. Es decir,  el precio a pagar para mejorar la estructura ocupacional es cierto nivel de paro y de inactividad . En último lugar el modelo escandinavo no sólo promover los puestos de trabajo más cualificados, sino que también mantiene aquellos que están menos cualificados pero que son necesarios y no son sustituibles por tecnología. Pero son puestos de trabajo financiados por el estado a un salario más alto que el de mercado. Estos puestos de trabajo suelen ser transitorios para las personas que los ocupan (jóvenes que entran al mercado de trabajo, personas en formación o mujeres que dedican más horas al cuidado de los hilos ) . De esta manera se evita que haya polarización salarial así como el paro entre los menos cualificados. En resumen , un modelo más sofisticado y adecuado si nos preocupa la desigualdad.

Ahora la pregunta es España, y en qué modelo se situaría Pues sería un modelo mezclado: aunque la estructura ocupacional mantiene puestos de trabajo poco cualificados (al estilo anglosajón) la contrapartida no es una plena ocupación, sino que también se experimenta un alto porcentaje de paro, más en línea los modelos continentales. Sin embargo, la conclusión final ha de ser positiva: hemos avanzado en las últimas décadas, se han creado puestos de trabajo de calidad; el cambio tecnológico y la expansión educativa lo han hecho posible. Pero también nos queda trabajo por hacer en referencia a la forma de regular el mercado de trabajo. La buena noticia es que ya sabemos dónde está el problema y ahora sólo queda poner solución.

Artículo publicado por Queralt Capsada en Politikon.
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