American Jewish Committee

2001-05-01 - Vicente Fox


Franz Kafka, el famoso escritor judío, una vez dijo que todos sabemos más yiddish que lo que creemos. No sé hablar yiddish o hebreo, pero conozco el clásico saludo judío, dos palabras que lo dicen todo: “Shalom Haverim”.

Es un honor para mí estar presente esta noche, ante tan distinguido grupo de miembros y patrocinadores del American Jewish Committee. Esta institución, pionera en la defensa de derechos humanos, brilla por su intenso trabajo a favor de la libertad, justicia y entendimiento entre grupos étnicos, raciales y religiosos, no solamente en los Estados Unidos, sino también en el resto del mundo. Quiero expresar mi sincero reconocimiento por vuestro trabajo.

Los mayores asuntos de interés público por los que lucha esta prestigiosa organización tales como la lucha contra el racismo, la defensa de la libertad religiosa, y el respeto por los derechos civiles son una consecuencia natural de la rica y compleja experiencia del Pueblo Judío. Los principios básicos que inspiran la labor del American Jewish Committee sobre estos temas reflejan un profundo humanismo, fruto del legado religioso y cultural del Pueblo Judío, así como de su larga y extraordinaria historia.

Una característica sobresale a través de la historia como un factor determinante en la formación del carácter del Pueblo Judío: la experiencia de migración. Una vez tras otra, las comunidades judías tuvieron que viajar a tierras distantes en busca de una mejor vida.

Desde los tiempos del Éxodo o de la Diáspora hasta los momentos más dolorosos del siglo XX, el Pueblo de Israel dio testimonio de la extraordinaria fuerza y solidaridad de sus comunidades. A pesar de las incontables adversidades que sufrieron, las comunidades judías –como pocas en el mundo- preservaron una fuerte identidad, valorando su fe, tradiciones e ideales.

Muchas naciones se beneficiaron de la valiosa contribución de las comunidades judías que se asentaron en sus tierras. Hoy en día el Pueblo Judío tiene su propio Estado y su propia tierra. Mi país defenderá siempre el derecho de Israel de vivir en paz, prosperidad y con una frontera segura.

México jugó un rol central en el establecimiento del Estado de Israel en 1947. Como amigo y socio de Israel, México continuará apoyando un proceso de paz integral en la región, al cual Shimon Peres, ministro de relaciones exteriores de Israel y Premio Nóbel de la Paz ha contribuido notablemente.

El Pueblo Judío ha sido siempre capaz de sobresalir en las naciones que eligieron para vivir, gracias a su talento, creatividad y trabajo duro. México es una de esas naciones. Aunque mi país no ha sido el destinatario de grandes olas migratorias, ofreció asilo ha incontables personas que buscaron refugio en nuestra tierra. En el siglo que concluyó, México dio la bienvenida a inmigrantes de varias partes del globo.

Entre los grupos más numerosos que llegaron a México se encontraban los judíos inmigrantes, quienes comenzaron a llegar a principios de 1920, gente de grandes cualidades humanas y valores culturales.

En el caso de los Estados Unidos, podemos llegar a decir que la historia de este país no puede entenderse sino se toma en consideración la valiosa contribución que esta comunidad ha hecho en pos de la vigorosa tradición democrática, prosperidad económica, desarrollo científico y tecnológico y vida cultural en esta gran nación.

Encuentro varias similitudes entre aquella contribución y el rol que millones de mexicanos cumplen en este país. En cierto sentido, aunque por razones diferentes a las del Pueblo Judío, México se convirtió en una nación de emigrantes, quienes por medio de sus talentos y duro trabajo contribuyen a la prosperidad y vida cultural de las comunidades donde se asentaron, particularmente en los Estados Unidos.

Estoy seguro que todos ustedes, en virtud de vuestra experiencia y compromiso firme para la causa de tolerancia y respecto por la diversidad, serán capaces de comprender la profunda dimensión humana del fenómeno de migración mexicana a los Estados Unidos y las implicaciones para nuestras dos sociedades. Ustedes pueden realizar una importante contribución para que ambos países vean el proceso migratorio como un proceso de enriquecimiento.

Desde el siglo XIX y sobre todo durante el siglo XX, millones de mexicanos decidieron emigrar a los Estados Unidos, ya sea para trabajar en forma temporaria, como para asentarse definitivamente. En la actualidad hay 8 millones de inmigrantes nacidos en México y 11 millones de chicanos que residen en los Estados Unidos.

A nosotros, los mexicanos, nos concierne en gran manera la migración. Muchos inmigrantes mexicanos enfrentan serias limitaciones en los Estados Unidos con respecto a empleos, salarios, cuidado de la salud y acceso a la educación. Con frecuencia son victimas de intolerancia, xenofobia y actitudes racistas. Estoy consciente que otros comparten nuestra preocupación acerca de este problema tan complejo.

No beneficia a nadie el permitir que la migración se realice en forma desordenada, provocando injusticias y dando lugar a desacuerdos en una relación con tanto potencial de crecimiento como la que existe entre México y los Estados Unidos.

Me gustaría aprovechar esta ocasión para expresar mi reconocimiento al presidente George W. Bush, por la visionaria y determinada forma en que se comprometió a trabajar junto a México para abordar el tema migratorio de manera innovadora y exhaustiva. El presidente Bush está familiarizado con el problema, ya que fue el gobernador de un estado, particularmente influido por la migración. Yo soy de Guanajuato, uno de los estados en México con mayores tasas de emigración. Habiendo gobernado ese estado, estoy consciente de la alta prioridad que el tema requiere.

Durante nuestro encuentro en febrero, el presidente Bush y yo resolvimos abordar este complejo problema. Acordamos buscar alternativas legales y administrativas que permitan a trabajadores mexicanos indocumentados en los Estados Unidos regularizar su estatus y estamos buscando fórmulas viables para expandir programas para trabajadores mexicanos temporarios. A ese respecto, quiero reconocer la importancia de la decisión del presidente Bush de requerir una extensión del “Life Act” para regularizar la situación de inmigrantes en los Estados Unidos.

Somos conscientes que la mejor forma de resolver los problemas generados por la migración es crear mayor crecimiento económico en México. Con un desarrollo económico vigoroso y estable será posible aumentar significativamente la cantidad de empleos en el país y como consecuencia, reducir las presiones migratorias. Tenemos que ofrecer a los posible emigrantes alternativas atractivas, ya que no queremos perder su talento y espíritu empresarial. Debemos aprovechar el enorme potencial mexicano de crecimiento para generar nuevas oportunidades para los jóvenes mexicanos que anhelan tener oportunidades en su propia nación.

Las condiciones han madurado para esto. NAFTA [Nota del traductor: North American Free Trade Agreement, Tratado de Libre Comercio de América del Norte] posibilitó un acercamiento con los mercados internacionales generando grandes oportunidades para negocios. Prueba de esto es el hecho que el comercio bilateral entre nuestros países el año pasado totalizó más de 260 billones de dólares, ubicando a México como segundo socio comercial en importancia, de los Estados Unidos.

Además, contamos con una amplia red de tratados a los que México ha firmado con otras naciones, uno de los mas notables es el Tratado de Libre Comercio entre México e Israel. Este acuerdo brinda la oportunidad de promover alianzas estratégicas entre compañías israelíes y mexicanas que podrían participar en NAFTA y en los mercados de la Unión Europea, dado que México e Israel son los dos únicos países que cuentan con tratados de libre comercio con ambas regiones.

Las ventajas comparativas del comercio mexicano son importantes. Sin embargo, creo que México es hoy en día un destino privilegiado para invertir, por razones que quizás aún son más importantes. Primero, en la actualidad México tiene reglas claras y procedimientos transparentes , gracias a la determinada lucha contra la corrupción que hemos emprendido. Segundo, México ofrece a los inversores certeza y seguridad, gracias a nuestro compromiso con el imperio de la ley. No sólo estamos desmantelando todo obstáculo para promover la iniciativa empresarial, sino que también apoyamos negocios y crecimiento económico en todos los sectores.

Tercero, un signo claro de nuestra robusta economía es la tendencia clara y decreciente hacia la inflación y un peso estable que resistió conmociones internacionales como las que ocurrieron en Turquía y Argentina. Aún más, nuestro compromiso para fortalecer el balance fiscal refleja nuestro firme creencia que un crecimiento económico robusto requiere una sólida postura fiscal. La fortaleza y competitividad de la economía mexicana es claramente reconocida por los mercados internacionales, que la confirman con un volumen substancial de comercio e inversión.

Cuarto, México se encuentra en este momento promoviendo un desarrollo económico que es total, equitativo y sostenido. Hemos realizado un gran esfuerzo y nos comprometimos a volvernos un país educado de talla mundial.

Nuestro plan es continuar invirtiendo agresivamente en el capital humano, para que podamos brindar a cada niño mexicano la oportunidad de estudiar durante doce años y a cada trabajador la posibilidad de recibir capacitación adecuada. Si a esto le agregamos
el competitivo costo y alta productividad de la mano de obra mexicana, ante ustedes se encuentra el mujer lugar para invertir y hacer negocios.

Nuestra nación ha demostrado el coraje para cambiar y abrazar una nueva perspectiva para el siglo XXI. Les pedimos que por favor cambien su visión de México. Seremos la siguiente historia exitosa de nuestros tiempos y los invitamos a ser partícipes de ese suceso.

Los invito a visitar mi país, para conocernos mejor e invertir en México. Los invito a reunirse con la comunidad judía mexicana, algunos de cuyos miembros mas distinguidos se encuentran hoy aquí, para que tengan una idea de lo que podemos ofrecernos mutuamente.

Estoy encantado de contar con el apoyo de las comunidades judías, tanto en México como en los Estados Unidos, para promover una nueva y más cercana relación entre nuestros países. Hoy México y los Estados Unidos están ligados por lazos profundos que unen a las comunidades mexicana y chicana con su país de origen. Pero también tenemos fuertes vínculos con nuestras respectivas comunidades judías, que diariamente trabajan para el beneficio de nuestras naciones.

Los judíos, como los mexicanos, son un pueblo con una larga historia, una historia de milenios. Así, podemos resumir siglos de experiencia con una sola palabra. Para brindar, en México decimos: ¡Salud! Para brindar los judíos tienen todavía una mejor palabra, una palabra que expresa las esperanzas de toda persona y nación: “L’chaim” ¡Vida!