Sesión de investidura 2004

2004-04-15 - Jose Luis Rodriguez Zapatero


Señor Presidente, señoras y señores diputados,

Tras las pasadas elecciones del 14 de marzo y según lo dispuesto en nuestra Constitución, comparezco ante esta Cámara para solicitar su confianza conforme a la propuesta realizada por el Rey.

Permítanme que en este momento mi primer pensamiento sea para los casi cuarenta y dos millones de personas que representamos. Ellos son los que nos han traído hasta aquí y a ellos, a todos ellos, me debo a partir de ahora. Nos faltan, sin embargo, ciento noventa y dos. Tenían derecho a estar hoy entre nosotros. Su ausencia de hoy debe constituir presencia imborrable. Han muerto, como ha ocurrido con tantos otros españoles en los años precedentes, por obra del furor homicida de unos desalmados.

No hay razón en el terrorismo, no hay sentido en el terrorismo, no hay política en el terrorismo. Sólo hay terror, muerte, chantaje. Sólo hay voluntad de someter, de sojuzgar, de destruir la moral de los hombres, de eliminar sus convicciones.

Ante el terror, Madrid ha dado ejemplo de coraje, de solidaridad y de heroísmo. Y con Madrid, toda España.

Gracias, en nombre de quienes, en esta Cámara, representamos a todos los españoles; gracias a todos los que ayudaron, a todos los que en todas partes han mostrado su apoyo y solidaridad. Muchas gracias. Un agradecimiento que, junto con mi felicitación, hago extensivo a todas las Administraciones Públicas que, con admirable eficacia, pusieron en acción coordinada sus recursos para paliar las consecuencias de los brutales atentados del 11 de marzo.

Se han dispuesto importantes medidas de atención a las víctimas y a sus familias. Anuncio ya mi propósito de reforzarlas para que quienes han sufrido esta barbarie sientan el pleno apoyo de la sociedad y del Gobierno. Todo cuanto hagamos por ellos constituye una deuda democrática. Ellos y todos los ciudadanos deben saber, en todo caso, que el Gobierno que presida tendrá como objetivo prioritario la lucha sin cuartel contra el terrorismo, contra cualquier terrorismo, contra todo terrorismo; una lucha en la que emplearemos todos los recursos de los que pueda dotarse una sociedad democrática. Desde luego, y en primer lugar, unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado mejor equipadas, mejor coordinadas, mejor informadas.

A lograrlo contribuirá mi compromiso de crear un Mando único operativo de las Fuerzas de Seguridad que evite descoordinaciones que merman su eficacia y disminuya, así, la seguridad de los españoles. Esta eficacia también se incrementará mediante la coordinación de todos los servicios de inteligencia e información del Estado, y mediante la multiplicación de los medios contra el terrorismo internacional; una coordinación que, mediante el diálogo y el acuerdo institucional con el Gobierno Vasco y con la Generalitat de Cataluña, quiero extender a las Fuerzas de Seguridad con que cuentan esas Comunidades.

Junto a ello, estoy decidido a impulsar la más amplia cooperación internacional para lograr el éxito en esta lucha; cooperación contra todo tipo de terrorismo: contra el que nos ha golpeado durante cuarenta años y contra el terrorismo internacional. Una cooperación que, en todo caso, deberá respetar las pautas y los valores que nuestra democracia se ha esforzado en consolidar a lo largo de los años.

No caeré, así, en el error de proponer, en aras de la seguridad, restricciones en nuestro sistema de libertades, como tampoco ampararé iniciativas que violen nuestra propia legalidad o la legalidad internacional.

Por idénticas razones combatiré toda forma de xenofobia que pretenda encontrar amparo en los sucesos recientes ¿es que no han muerto, con los de nuestro país, decenas de hijos de otras naciones? y condenaré, asimismo, toda utilización política del terrorismo, porque el elemento esencial de la lucha contra el terrorismo es la unidad de los demócratas; una unidad que se rompe cuando se trata de sacar rentabilidad política del terrorismo; que se rompe también cuando falta una solidaridad incondicional con las víctimas, cuando se contemporiza con los violentos, cuando se olvida que nadie es libre si no somos todos libres.

Convencido de la necesidad de la acción única de quienes representamos los intereses colectivos, propuse en su día el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que suscribieron el Partido Socialista y el Partido Popular. Este Pacto, para mí, sigue vigente.

Hoy, además, es posible y necesario ir más allá y ampliar la base del acuerdo democrático contra el terrorismo y por ello me propongo convocar de inmediato a todas las fuerzas políticas parlamentarias a una reunión en la que se comparta información y se defina una estrategia común. Será la primera de las que, sucesiva y periódicamente, se mantendrán en la Comisión de Secretos Oficiales de esta Cámara.

Así lograremos una sociedad más segura y, al serlo, será también una sociedad más libre.

Señor Presidente, señoras y señores Diputados,

Por quinta vez en los veinticinco años de democracia constitucional el Partido Socialista ha recibido el encargo mayoritario de los españoles para formar Gobierno. Esa decisión ha sido la expresión de un deseo colectivo imparable: la voluntad de cambio.

Sé que esa voluntad expresada por los electores encierra una fuerte dosis de esperanza: la de lograr una España mejor, la España que merecemos, que el Partido Socialista prometió en la campaña electoral. Por eso mismo sé también que la voluntad de cambio de los españoles está preñada de exigencias. Hay, ante todo, una exigencia de respeto a las promesas. Los ciudadanos nos exigen a los políticos que seamos fieles a nuestras promesas. Esta exigencia es, para mí, la más apremiante, la más obligada. Haré honor a la palabra dada.

Quiero también mantener un estilo de gobierno que responda a las expectativas de cercanía, proximidad y participación que han manifestado quienes, saliendo de la desesperanza en la política, han acudido a votar en estas elecciones. Esto exige una acción de gobierno en la que nadie se sienta excluido; que escuche y atienda a razones; que explique siempre el por qué de cada decisión adoptada. Será un Gobierno, pues, que respete a los ciudadanos, que escuche las voces y las críticas por fuertes que éstas sean.

En el resultado electoral hay también una exigencia de entendimiento y diálogo. Éste es, sin duda, el sentido de una voluntad popular que se ha traducido en una Cámara tan plural como la que hoy nos reúne, diversa y sin mayoría absoluta. Así lo han querido los ciudadanos.

Quiero hacer un valor de este dato. Podré compartirlas o no, pero respetaré la legitimidad de cuantas posiciones se defiendan en esta Cámara aceptando las reglas que los españoles hemos acordado. Y estoy dispuesto a hacer de ésta La legislatura del diálogo, del entendimiento, del encuentro. Es algo más que una necesidad de apoyos para alcanzar la mayoría; es la voluntad de responder fielmente a la decisión de los españoles.

El Gobierno actuará de acuerdo con sus ideas, de acuerdo con su programa, de acuerdo con sus valores; pero el Gobierno que yo presida, si obtengo la confianza de la Cámara, tiene también, como proyecto político, la voluntad de incorporar en la toma de decisiones las visiones que se aporten lealmente desde otras perspectivas políticas y de lograr así para sus políticas el apoyo más amplio posible de los Grupos Parlamentarios.

Mi voluntad de entendimiento no se limitará a los actores políticos; tiene que extenderse a los agentes sociales; desde luego, a los sindicatos, que siguen siendo hoy el mejor instrumento de participación de los trabajadores en las decisiones colectivas, y, con ellos y junto a ellos, a las organizaciones empresariales.

Con ambos quiero desarrollar un diálogo social fecundo, que asegure el crecimiento económico y la participación efectiva de todos los ciudadanos en el bienestar social; una voluntad de entendimiento que quiero que alcance, igualmente, a la amplia red de organizaciones sociales que defienden intereses de colectivos necesitados de especial atención y ayuda, y a las organizaciones no gubernamentales, que encontrarán en el Gobierno un aliado eficaz para el trabajo ejemplar que desarrollan.

En el resultado electoral hay, en fin, una exigencia de eficacia. Hemos prometido que haríamos una gestión de gobierno destinada a lograr una España mejor. Estoy decidido a cumplirlo. Para ello, si obtengo la confianza de esta Cámara, voy a designar un Gobierno en el que tengo plena confianza. Será un Gobierno destinado a atender no sólo los grandes problemas nacionales, sino también los problemas cotidianos de los ciudadanos, los que afectan a su vida diaria y a la de sus familias. El empleo, la vivienda, la atención a las personas dependientes, la educación, el poder adquisitivo de salarios y pensiones, no serán sólo competencias de uno u otro Ministerio; serán preocupaciones del conjunto del Gobierno y constituirán materia preferente de la atención política de su Presidente.

Señor Presidente, señoras y señores Diputados,

No soy de los que creen que todo vuelve a comenzar con nuestra llegada al poder. Creo, por el contrario, que la reciente historia de España es un proceso compartido en el que, en sus diferentes fases, todos hemos jugado un papel que hemos de reivindicar y asumir colectivamente. Éste era el sentido profundo que me inspiraba cuando me propuse desarrollar un estilo constructivo de oposición. Éste es también el sentido que me inspira a la hora de enjuiciar la labor del último Gobierno.

Respeto lo hecho por el último Gobierno, aunque haya discrepado sobre su interpretación de los intereses generales de España. Creo que se ha equivocado en cuestiones esenciales para nuestra convivencia y creo que los españoles han confirmado este juicio con sus votos; pero creo también que ha puesto en marcha iniciativas que han contribuido al progreso de nuestro país.

En la tarea que los socialistas ahora emprendemos no podemos ni debemos, pues, empezar de cero. No podemos permitirnos el derroche de desaprovechar la experiencia acumulada por quienes, a lo largo de los años, han dirigido los destinos del país. De acuerdo con ello, en las próximas semanas el Gobierno remitirá a la Cámara un Proyecto de Ley para incorporar al Consejo de Estado, como vocales natos y permanentes del mismo, a quienes hayan desempeñado el cargo de Presidente del Gobierno. Todos nos beneficiaremos de su experiencia.

Señor Presidente, señoras y señores Diputados,

Se abre ahora un tiempo nuevo en la vida política de España. En él quiero asegurar el protagonismo ciudadano a que todos tenemos derecho en una sociedad tolerante, laica, culta y desarrollada como debe ser la nuestra. Una etapa que, como he indicado, ni puede ignorar la realidad de la que partimos, ni quiere ser continuación de la etapa que ahora termina.

Hasta el día de hoy he prometido un cambio sustentado en valores como el diálogo, el respeto, el pluralismo, la tolerancia y la transparencia. Ahora ha llegado el momento de cumplir las promesas y hacer frente a los compromisos asumidos.

Con este talante quiero centrar la actividad del Gobierno en torno a los cinco eje