Sobre la crisis en Mexico

1995-03-12 - Ernesto Zedillo


Mexicanos:

Muchas gracias por recibirme en sus hogares.

El jueves pasado, el Gobierno de la República informó de las medidas adicionales que debemos adoptar para enfrentar la grave situación económica que aqueja a nuestro país.

Con toda razón, la gente percibe que buena parte de esas medidas requerirán un enorme esfuerzo de todos. Efectivamente, se trata de medidas duras, dolorosas, pero transitorias.

Por eso, es mi deber como Presidente explicar por qué, estamos tomando este camino.

La crisis económica que estamos viviendo es más grave de lo que se pensó a principios de año. Se trata de una crisis que si bien estalló con fuerza en diciembre, es resultado de desequilibrios que se acumularon a lo largo de varios años. Ello no nos desanima. Estoy seguro de que los mexicanos venceremos las adversidades y sabremos superar todos nuestros desafíos.

No obstante que desde que se manifestó la crisis, se han tomado acciones firmes para enfrentarla, y no obstante que ya han significado un gran esfuerzo de todos, la situación continuó deteriorándose.

Tan solo en los primeros días de la semana pasada, se depreció severamente el valor de nuestra moneda en relación al dólar, y se dispararon las tasas de interés.

El deterioro y el descontrol de los mercados cambiario y financiero es una grave amenaza para los empleos en todo el país. Si no frenamos y revertimos el deterioro y el descontrol de las últimas semanas, nos arriesgaríamos a sufrir un colapso financiero y productivo que paralizaría las fuentes de trabajo y la dotación de servicios.

Ese colapso significaría la pérdida de millones de empleos. Significaría cancelar las perspectivas de desarrollo para toda una generación de mexicanos. Estoy seguro de que nadie en México quiere que eso ocurra.

Es mi responsabilidad enfrentar con decisiones firmes los problemas. Para resolver las dificultades que enfrenta nuestra economía no existen caminos fáciles o agradables.

Otras opciones que se han propuesto para enfrentar la crisis, supuestamente sin sacrificios, en realidad nos llevarían muy pronto a un desempleo y una inflación mucho más graves.

Frente a esas opciones, el Programa anunciado por el gobierno es el que, pese al esfuerzo que exige, constituye el camino más corto y con menos sacrificios para superar la crisis.

Como ya no contaremos con los cuantiosos recursos externos que llegaron en años anteriores, sólo podremos echar a andar la economía con nuestros propios recursos. Esto es lo que va a exigir un gran esfuerzo.

Es cierto que el esfuerzo que se requiere es muy intenso, pero también es cierto que será transitorio.

El Programa contiene medidas que resultarán muy difíciles para todos. Lo más doloroso del programa de ajuste son las alzas de los precios y tarifas del sector público, y del IVA. Seguramente muchos de ustedes se preguntan cómo es posible que el gobierno suba sus precios para evitar que después haya más inflación.

Si el gobierno no aumenta los precios de los bienes y servicios que proporciona, al poco tiempo ya no le alcanza y tiene que imprimir dinero, lo que desboca la inflación; o pedir prestado, lo que hace que suban las tasas de interés.

El gobierno hará un muy fuerte recorte adicional en su presupuesto, pero cuidando de proteger el gasto destinado a educación, salud y abasto, y a fomentar las fuentes de empleo.

Además, reforzaremos las medidas de ahorro y austeridad en todo el gobierno, y se sancionará con todo rigor a quienes utilicen inadecuadamente o desvíen los recursos públicos.

Nunca, y menos ahora, es aceptable que los recursos que el pueblo encomienda al gobierno para su manejo, sean mal utilizados o desperdiciados. Nunca, y menos ahora, pueden tolerarse actos de corrupción. Para evitarlo aplicaremos estrictamente la ley.

El programa de ajuste incluye acciones para resolver o aminorar en el corto plazo, algunos de los problemas que la crisis ha traído a los hogares, y a las empresas pequeñas y medianas.

Por ejemplo, se promoverá el incremento a los salarios mínimos generales y profesionales a partir del 1o. de abril, así como una baja de impuestos a los trabajadores que ganan entre dos y cuatro salarios mínimos. Se mantendrán los beneficios fiscales ya otorgados a los trabajadores que ganan hasta dos salarios mínimos. Se intensificarán los programas de capacitación para los trabajadores desempleados, así como para trabajadores en activo. El Seguro Social extenderá de dos a seis meses el seguro de enfermedades y maternidad para los trabajadores desocupados.

El gobierno también mantendrá el presupuesto para los subsidios a productos básicos de consumo popular, como tortilla, leche y pan.

Pondremos en marcha un programa especial para la creación de trabajos en las zonas rurales más pobres y en las ciudades con mayor desempleo. Se hará un programa para reestructurar con plazos largos los créditos que deben las empresas. El monto de créditos que podrán ser reestructurados bajo este programa, supera la totalidad de la cartera vencida de la banca comercial.

Con la reestructuración de adeudos podrán salvarse miles de pequeñas y medianas empresas, y miles de empleos. También se establecerán mecanismos para apoyar a las familias que han contratado créditos hipotecarios en la banca comercial.

Los próximos meses serán los más difíciles. Ya durante el segundo semestre del año, lo más duro habrá pasado y empezaremos a percibir gradualmente la mejoría. Algunos resultados favorables se darán incluso más pronto.

El cumplimiento sistemático de las medidas anunciadas, frenará la especulación financiera y ayudará a restaurar la confianza que merece nuestra economía.

En comparación con los niveles alarmantes de hace unos días, el tipo de cambio de nuestra moneda irá recuperando parte de su valor en las próximas semanas. Al ocurrir esto, comenzarán a reducirse las tasas de interés.

Si cumplimos el programa de ajuste con disciplina y constancia, en unos meses habremos despejado por completo la amenaza de un colapso financiero y productivo. Tendremos una perspectiva económica muy distinta a la de ahora.

Esa perspectiva será la de la recuperación económica, que nos dará la capacidad de generar empleos e ir recobrando gradualmente los ingresos que trabajadores, campesinos y empresarios están perdiendo durante la crisis.

La superación de la actual crisis financiera y el posterior inicio de la recuperación serán los pasos intermedios hacia un crecimiento económico sostenido.

Debemos tener confianza en que en los próximos años, lograremos ese crecimiento. Para alcanzarlo, el rumbo económico debe estar claro desde ahora.

Ese rumbo comprende la disciplina fiscal y monetaria. Requiere que estimulemos, como nunca antes, el ahorro nacional para no depender indebidamente de los recursos externos.

Requiere el fomento a los sectores productivos, en especial al campo y a las pequeñas empresas, y el aliento a la inversión privada nacional y extranjera.

Requiere la promoción de las exportaciones para generar más empleos aprovechando mejor nuestros nuevos vínculos con los mercados internacionales.

Ese rumbo comprende, también el fortalecimiento de la política social para que todos los mexicanos cuenten con educación suficiente y de calidad, mejor salud y los demás servicios básicos. Ese es el rumbo para generar los empleos y los recursos que permitan superar rezagos e injusticias.

Nuestro país tiene un gran potencial de desarrollo. Pero un pleno desarrollo exige que hagamos de México un auténtico país de leyes y exige fortalecer nuestra democracia.

El progreso y la paz social sólo son posibles en un genuino Estado de Derecho. La ley obliga a todos por igual y nadie, absolutamente nadie, puede estar por encima de ella.

Mucho han dañado a la nación los casos de impunidad, resultado del abuso de poder, el mal uso de la autoridad y la corrupción. Es nuestra obligación aplicar la ley sin excepciones.

Desde el primer día del sexenio, se ha trabajado para lograr que la ley sea la norma real de la convivencia social. Se ha logrado una trascendental reforma constitucional. Existen ya sólidas bases para un Poder Judicial más eficiente, más fuerte y más capaz de cumplir con sus responsabilidades.

Se está cumpliendo el compromiso de no descansar hasta que se haya hecho justicia en los casos de los brutales asesinatos de figuras destacadas de la vida pública del país.

Nada ni nadie debilitará mi decisión de encabezar la construcción de un auténtico Estado de Derecho como lo merecen los mexicanos. Lo haré presidiendo un gobierno de leyes, en el marco de una democracia fortalecida. Estamos enfrentando al mismo tiempo grandes retos políticos, sociales y económicos. Unidos sabremos superarlos.

Todos queremos una nueva democracia y una vida política limpia y unidos todos, debemos participar en su realización. Todos queremos que se resuelvan en definitiva los problemas que han sido motivo de preocupación y unidos vamos a lograrlo.

Con la misma unidad que requerimos para avanzar hacia una vida política sana y hacia una justicia sana, nos esforzaremos por construir una economía sana. Una economía con oportunidades para prosperar.

Debemos estar seguros que con esfuerzo y unidad, vamos a superar la crisis muy pronto. Con unidad y esfuerzo, seremos más dueños de nuestro futuro y de un mejor porvenir para nuestros hijos.

Por eso, unidos, hagamos ese esfuerzo. Hagámoslo por México.

Buenas noches. Gracias por su atención.